Espacio público

Hace muy pocos días volvieron a desaparecer a los desaparecidos por la dictadura. El Memorial que los recuerda en el parque Vaz Ferreira del Cerro de Montevideo sucumbió por unas horas a los embates del Uruguay productivo: fuerzas combinadas de una agencia de publicidad y de una productora local lo cubrieron pudorosamente con una alfombra para filmar un corto publicitario de una bebida gaseosa.

El espacio en el que discurría esa actividad emblemática de nuestro tiempo que es la publicidad estaba delimitado por las mismas cintas amarillas que suele poner la Policía en el lugar de un crimen. Alguien podría afirmar que nuestros “creativos” publicitarios sospecharon que estaban cometiendo uno y que intentaron ocultar las pruebas del delito. Pero descarto semejante ejercicio de cinismo (no creo que la tasa de cínicos sea más elevada entre los publicitarios que entre los médicos o los cerrajeros, por ejemplo). Me inclino a pensar que nuestros productores publicitarios están persuadidos de que sus quehaceres constituyen una actividad económica como cualquier otra y que están más allá de las vicisitudes de la historia y la política. ¿No abundan acaso los publicitarios dispuestos a diseñar la campaña electoral de cualquier candidato que pague lo que tenga que pagar con independencia de la naturaleza de sus proyectos políticos? Después de todo, las burbujas de Sprite –que de ella se trata– no tienen ideología. El director de la productora encargada del rodaje ha despejado cualquier duda: “Crecí entre familiares de desaparecidos, no me es ajeno el tema”. Nos podemos quedar tranquilos.

El propósito de estas líneas no es, sin embargo, ventilar mi indignación. Ya lo han hecho otros y en abundancia en estos días. Tampoco se trata de sacralizar monumentos. Todos ellos pueden ser “profanados” por una crítica inteligente, un reparo a su lugar de emplazamiento, un cuestionamiento a su valor estético o a su sgnificación política. Aunque, ciertamente, ninguna de esas razones han sido invocadas para “intervenir” el Memorial.

Ahora que se acercan las elecciones municipales, tal vez sea una buena oportunidad para reflexionar sobre otro asunto que no es ajeno a este episodio: el uso del espacio público en las ciudades. Porque lo que no puede ignorarse de la transitoria desaparición de los desaparecidos es que la misma fue realizada con la autorización de los organismos municipales pertinentes. Los productores del aviso publicitario de Sprite no cometieron ninguna ilegalidad. Respetaron incluso la condición de no asociar el Memorial con la marca comercial. Una constatación que permite concluir que a nuestros burócratas municipales les resulta perfectamente natural el uso del espacio público para rodar avisos publicitarios. Es más, en Montevideo se otorgan unas 500 autorizaciones anuales con ese fin a un promedio de mil dólares cada una, dependiendo de su duración y del espacio que ocupen.

No seré yo quien impugne el derecho de los miembros de esta pujante industria a ganarse la vida. En rigor la discusión atañe a los límites que se le deben poner a esa, y a cualquier otra, actividad económica cuando usan el espacio público. Se trate de vendedores ambulantes, recolectores de basura, organizadores de espectáculos o empresas. Porque en nombre del derecho a ganarse la vida o de recaudar dinero “para mejorar el parque” Vaz Ferreira o “apoyar al sector”, como alegó la coordinadora de Locaciones del municipio a raíz de la controversia por el aviso de Sprite, podemos terminar convirtiendo a la ciudad en un gran bazar.

Un domingo de mañana de no hace tanto tiempo una decena de coches circulaban a toda velocidad, y a todo ruido, por la Plaza Independencia. Estaba asistiendo al rodaje del enésimo aviso publicitario. Debidamente autorizado, claro. Nada de qué sorprenderse, salvo que en determinado momento se me acercó una simpática joven que me pidió que desapareciera del lugar porque mi nada artística figura estaba siendo captada por las cámaras. Me negué en redondo, alegando mi derecho a estar donde estaba. Su respuesta no pudo ser más ilustrativa: “se tiene que ir porque estamos filmando un aviso”.

La convicción con que pronunció su orden, creo yo, se debe a que pensaba, al igual que nuestros jerarcas municipales, que una actividad económica que genera empleo y dinero a las arcas públicas tiene algo de venerable y, por tanto, debe tener preeminencia sobre cualquier otra consideración, incluido por ejemplo mi derecho a circular por la Plaza Independencia.

La alteración de la frontera entre los ámbitos público y privado es una característica de nuestro tiempo. Ahora los individuos hacen públicas sus vergüenzas y hazañas privadas por televisión y se hace política con asuntos que antes pertenecían al ámbito de lo privado, como las identidades sexuales, los credos religiosos o las emociones más íntimas. Inversamente, “se privatizan” ámbitos públicos, como ocurre con ciertas urbanizaciones, centros comerciales o de esparcimiento. Así, también se acepta con total naturalidad que el espacio urbano, por seguir con el ejemplo que nos ocupa, se convierta en territorio para el lucro particular.

Es probable que esta mutación de las relaciones entre lo público y lo privado no tenga marcha atrás. Ni que haga falta incurrir en una defensa fundamentalista del espacio público para reclamar que se ponga coto a su erosión, a la que sin duda contribuyen despropósitos como el del parque Vaz Ferreira. Qué pertenece al ámbito de lo privado y qué al de lo público seguirá siendo motivo de discusión. Esas definiciones no son irrevocables ni definitivas, pero eso en ningún caso supone que el espacio público, por no ser mío ni tuyo, sea tierra de nadie, es decir territorio para acometer cualquier desmán, como piensan con harta frecuencia muchos ciudadanos.

Aunque esté condenado al desprecio, no está de más recordarles a las autoridades municipales (a éstas y a las que vengan) que la ciudad no es única ni principalmente una oportunidad para recaudar dinero o hacer negocios. También es lugar de encuentro con lo inesperado, experimentación, ocio improductivo, descubrimiento, ejercicio de la ciudadanía y tantas otras cosas que resultarían impensables si abusamos de las cintas amarillas.

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12 respuestas a Espacio público

  1. lilianacastiglioni dice:

    mas alla del ejemplo siempre gratuito del meédico y del cerrajero, nunca es el periodista y el poeta, el filosofo ad infinitus hipocrates.Nadie puede tapar a los desaparecidos ni están ni se los puede tapar nunca.Indigna la prepotencia de todo aquel que esgrime un cartelito que habilita cosas que nadie más que él puede prepotencia de quien se cree y siente que el otro no es. En este caso somos todos desaparecidos con mucho más sprite que el capital.Muy buena la reflexion y la denuncia a esta intendencia de m m que solo se dolega ante adeon.

  2. victoria dice:

    Adhiero al artículo y a las opiniones de mi cuñada. Agrego que aunque como dice el autor será un tema de eterna discusión pero aun con pequeñas actitudes como la de negarse a desaparecer del lugar de “locación” o filmación porque el ciudadano común tiene derecho a disfrutar del espacio público, serán siempre importantes intentos de protestar por tal avasallamiento. Yo hubiera hecho lo mismo, lástima que nadie intentó pedírmelo.

  3. JB dice:

    Prometo que los próximos ejemplos serán de vidrieros y arquitectos. Además, y parafraseando al director de la productora que dijo que él también está involucrado en el tema desaparecidos porque tiene familiares de, yo aclaro que también tengo amigos médicos (y médicas) a los que quiero mucho.

  4. El Mulato de la Playa dice:

    Estimado Coco:
    Hay varios casos de uso privado de espacios públicos urbanos en Montevideo, en especial en la rambla, concretamente en la franja costera. Por ejemplo, hay una vivienda enclavada en plena playa del Puerto del Buceo. Durante años ostentó banderas del Partido Colorado y del sector de Libertad y Cambio del difunto Dr. Enrique Tarigo, hoy, si no me equivoco, sobrevive camuflada entre los ligustros. A la altura de Solano López (ex Comercio) hay una estación de servicio que contraviene el más elemental sentido de la seguridad porque está sobre la vereda misma y abastecerse allí implica entorpecer el tránsito y arriesgar un choque. Se habló de trasladarla a otro predio cedido municipalmente, una cancha que está en la costa frente la calle Líbano, perteneciente al Club Náutico. Este club detenta desde tiempos inmemoriales una concesión renovada a inicios de la nueva democracia por otros tiempos inmemoriales. Su extensión ha ido creciendo quitándole terrenos a las playas Verde y La Mulata. Siguiendo unos metros más, frente a la calle Beyrouth se encuentra un puesto de pescado que desde hace pocos años agregó el negocio de restorán con el nombre de Puerto Mulata. Años atrás, los vecinos bajábamos a la playa por el costado del puesto de pescado, pero ahora, su dueño ha ido ampliando la extensión ocupada (¿se lo habrá cedido la IMM o la Junta Departamental o él se expande por su cuenta?) y en él lugar por donde antes bajaban los playeros ahora hay césped bien cortado pero está ocupado por meses, sombrillas, velas antimosquitos, etc. El ómnibus D1 paraba en Beyrouth frente a Puerto Mulata pero desde hace un año se corrió la parada una cuadra antes porque según los conductores era imposible hacerlo por la cantidad de autos estacionados allí, aunque la mayoría lo hacen ocupando la vereda.
    A la inmensa mayoría de quienes habitan esta ciudad no les interesa qué hacen las autoridades municipales con los espacios públicos, pese a que son de ellos, no de la Intendencia ni de las empresas. A esa misma gente no le importa mayormente quiénes son sus autoridades con tal que sean del Frente Amplio. Este partido ofende a la ciudadanía cuando se vanagloria de ganar las elecciones en Montevideo aún cuando ponga a una heladera como candidato. Ofende terriblemente a sus electores –aunque la mayoría parece no darse cuenta y algunos que sí, no se dan por ofendidos—y ofende a toda la ciudadanía porque les enrostra un triunfo seguro y se burla del acto electoral. Mientras la ciudadanía montevideana esté dispuesta a votar heladeras sin importarle el programa y el historial de lo actuado, pasarán cosas como las que Ud. describe. No me conformo con detectar el alza de lo privado sobre lo público, ya la administración Arana se llenaba la boca con haberle cerrado el paso a los barrios cerrados para ricos que tuvieron que instalarse al este del puente Carrasco, ahora que el FA es gobierno nacional y de varios departamentos se lanza alegremente a la privatización porque la oposición no le gana ni aunque compita contra una heladera. No me resigno y denuncio esta mediocre, turbia e incompetente gestión municipal desde hace muchos años.

  5. ES así, coco, un rodaje publicitario parece la operación más importante del mundo para todos los que están involucrados, y como gran parte del crew son jóvenes que se llevan el mundo por delante, imaginate! Hay buena guita por un laburo divertido y prometedor, conocemos el paño. Habría que alarmarse de verdad, y no sería una sorpresa, que alguna bebida burbujeante utilice a los propios desaparecidos para publicitar la marca, todo depende de la coyuntura y del ojo siempre avisor de los creativos publicitarios.

  6. Hay un ámbito público que suele olvidarse en tanto “espacio” por su propia naturaleza, dado que no se manifiesta en la física dura de las casas, calles y parques, pero sigue siendo un espacio público: el de las ondas de radiofrecuencia. Y no sólo es público, es muy escaso y limitado.
    De él disfrutan las señales de televisión abierta, desde fines de los cincuentas las primeras, del 62 la última. Y siguen ocupándolo: son los canales de televisión abierta.

    Ok, terrible que nos saquen pedazos de rambla, pero desde hace años son sólo unos pocos los “dueños” de esos reducidos espacios de radiofrecuencia, que también son un espacio público y se tiende a olvidarlo.

    Nadie los puede parar, ya vimos lo que le pasa a Chávez (que no siempre actúa como dictador): si los r3ezonga, atenta contra la libertad de expresión. Nuestros arrendatarios de nuestras ondas de radiofrecuencia, es decir, los canales de nuestra TV, en. régimen democrático, no pasaron los avisos de los hijos de los desaparecidos antes del plebiscito por la anulación de la ley de caducidad. Estaban obligados por ley a hacerlo, es una de las pocas exigencias de la concesión de las ondas: pasar cadenas cada mucho tiempo.
    Si estuviéramos en Venezuela y Chávez castigara a esos canales, acá se alzarían gritones por la libertad de expresión. Como estamos en Uruguay, no pasaron lo que debían pasar y no pasó nada. (usé el mismo verbo de gusto)

    Y esto no me parece menor: la mayoría de las defensaas de los pu8blicistas a cualquier crítica que se les haga es: “no atentes contra mi libertad de expresión”.

    Concha de tu madre la libertad de expresión, está lleno de gente que quiere decir más de una cosa y no tiene dónde se la escuche. Pero eso es otro tema, aunque no muy distante cuando se habla de medios físicos para la comunicación.

    Saludos al Mulato de la Playa, ya nos asolearemos juntos.

    estela

  7. cristina dice:

    Bravo Coco, todo lo que escribis es emocionante y los comentarios al tema lo comprueban.
    Hay gente que tiene un armadura puesta y que no sufre, ej. los sobrevivientes de los Andes que estan lucrando con su terrible tragedia, cobrando hasta Us$15.000 en una charla por aconsejar a un publico sobre las actitudes ante una crisis. Terrible! Me da asco.
    Asco tambien me da lo del Puerto Mulata, pues vende el pescado PODRIDO, ya se los hice saber que los iba a deniunciar (por pelotuda aun no lo hice) pero a mi me lo vendieron con terrible estado de descomposicion. Asi que el espacio publico da para todos. Lo del Memorial duele mucho. Gracias por sacar este articulo que fue tan bien recibido.
    Besos, Cristi

  8. Pincho, el problema de que los involucrados en el rodaje de un aviso crean que están haciendo lo más importante del mundo ya es sorprendente. Pero lo que deberia alarmarnos es que las autoridades municiples también lo crean.

  9. Servando dice:

    Está interesante este artículo, véanlo

    La bastardización publicitaria del espacio público en la Ciudad Vieja1.

    Manuel Esmoris

    La estática publicitaria está sometiendo a un enchastre sistemático el espacio público patrimonial de las peatonales Sarandí; Bacacay y Policía Vieja, lo que conlleva un atentado contra los valores históricos culturales de ese circuito.

    Para empezar por lo más contemporáneo y la expresión máxima de dicho enchastre: los carteles con motivo de las fiestas que lucen colgados de las columnas de
    alumbrado público y hasta de las ventanas laterales del edificio del Cabildo de Montevideo. Este proceso de enchastre no es nuevo. Paso a enumerar situaciones de abuso absoluto de la estática publicitaria fundamentalmente y otros elementos que se viene ejerciendo de manera sistemática desde hace unos años:
    – Estática permanente en las columnas de alumbrado público (pendones triangulares).
    – Estática en los denominados “paravientos”.
    – Estática en la tapa de las mesas exteriores de los bares.
    – Estática en las sombrillas (repetición de la marca en las aristas).
    – Estática en las marquesinas de algunos negocios junto al nombre del local.
    – Carteles de vía pública de la organización civil Paseo Cultural de la Ciudad Vieja.
    Innecesarios y obstruyendo la circulación.
    – Carteles de vía pública que informan sobre la réplica de la obra de Joaquín Torres García, plasmada en la medianera de Bacacay y Sarandí. Con otro diseño la misma información hubiese entrado en la mitad de la superficie. Se utilizó más de un soporte, lo cual no era necesario, ya que con solo uno bastaba. La empresa pionera en nuestro medio de “comidas rápidas” fue quien patrocinó estos soportes. Al tiempo, cuando la competidora en el mismo tipo de productos se instaló en el circuito, a cada uno de esos cartelones se les implantó en la horizontal superior un volumen en forma de círculo de más de 25 centímetros de diámetro con el logo de la marca pionera.
    – Pintadas amarillas en forma de franjas, demarcatorias no se sabe de qué, en el piso de la calle Sarandí, Bacacay y Policía Vieja, realizadas con verdadera desidia.
    – Unas desproporcionadas líneas blancas que demarcan en Bacacay la circulación de los autos vinculados al garaje del Edificio Ciudadela.
    – El escenario montado en la puerta del Cabildo para el Día del Patrimonio, que ostentaba un plano de tres metros de altura por diez en la base aproximadamente) con el logo de una bebida cola, sobre el cual se ejecutó la sensual danza del vientre.

    Este conjunto de elementos, que constituyen una práctica sistemática, degradan el espacio patrimonial, lo banalizan, restándole contundencia.
    No estoy en contra de la publicidad y del patrocinio. Estoy planteando que el patrocinio y la publicidad deben estar restringidos, garantizándoles a las marcas retornos y a los bienes culturales la inquebrantable integridad. Un diez por ciento de lo que se realiza vale tanto, si se le restringe severamente. Y si no que no exista nada de lo que ahora se ha permitido hacer y se verá, con el tiempo, cómo esa restricción será aceptada por la vorágine “marquetinera”2 de las marcas y de quienes tienen la potestad de vender esos espacios. Tanto unos como otros acordarán que lo que está permitido vale tanto o más que lo que hoy pagan. Utilícese la máxima de Mies van de Rohe “menos es más” y veremos cómo los resultados económicos y culturales serán superiores.

    La práctica actual de la estática publicitaria arruina y vuelve volátil el culto ciudadano a un espacio patrimonial, que luego de muchos años de decadencia del Centro de Montevideo, el casco histórico le ha devuelto un encuentro policlasista,
    polietario y diverso en gustos y preferencias de los visitantes. Con temperamento propio, de identidad ciudadana, no cualquiera, sino montevideana. Distinta a la de los shoppings que se habían apoderado del lugar de encuentro de la ciudadanía a través del
    diseño y prestaciones sin identidad local, ya que el mismo paisaje se podía encontrar en Alto Palermo, de Buenos Aires, o El Corte Inglés, de Madrid. Los shoppings están caracterizados por la presencia y la incitación al consumo por parte de las marcas y la
    gestión central de esos contenedores. Ello está signado por una fuerte tendencia a la homogeneidad propia de los aspectos negativos de la globalización, construyendo segmentación y exclusión social. Sin embargo, tienen un comportamiento más ordenado y pulcro en el manejo de las marcas que el que hoy se utiliza en el paseo peatonal de la Ciudad Vieja. Éste no es un shopping al aire libre, es un lugar cívico y ciudadano montevideano, de cultura no consumista aunque se ejerza el consumo. La cultura consumista debe estar restringida, ordenada y ser pulcra, como lo está en los shoppings,donde no vale cualquier cosa, pese a que la finalidad principal para la que fueron reados es el consumo, sin identidad local. Que quede claro, esta comparación con los soppings tiene dos motivos: en primer lugar destacar que el paseo peatonal de la Cudad Vieja reconquistó el espacio público central de Montevideo perdido a favor de
    aquéllos y, por otro, éstos son muchos más pulcros y ordenados en el manejo de las marcas y estáticas que lo que se practica en la actualidad en Ciudad Vieja.
    Los fondos públicos invertidos en la peatonalización no tenían como destino el bastardeo que se está ejerciendo a través de la presencia de las marcas. Eso traiciona al ciudadano, quien no tiene por qué estar ligado permanentemente a la presión visual de
    las marcas y como consecuencia a que la arquitectura y el urbanismo se desvaloricen. La ciudad ya ha otorgado bastantes espacios a la publicidad en la vía pública, no es necesario incrementar esa dinámica en los espacios patrimoniales.

    Además, estratégicamente, ese bastardeo le da a la zona un carácter volátil, de moda, como cualquier otro evento o cuestión donde las marcas dominan el paisaje, restándole exclusividad. Lo que debe dominar el paisaje es la arquitectura y las personas. Lo demás
    es lo de menos. De seguir así, dentro de un tiempo la propia ciudadanía necesitará de otra novedad más pulcra a la cual acercarse, y que se encuentre menos bastardeada para sentirse representada y acogida.

    A continuación dos citas de John Ruskin, pertenecientes a la obra “Las siete lámparas de la arquitectura” (Londres, 1849), que algo “alumbran” sobre esta situación. ¿Cómo es que los comerciantes no pueden comprender que la clientela sólo se consigue
    vendiendo té y quesos y ropa de buena calidad y que la gente acude a ellos por su honradez, su servicialidad y sus buenas mercancías y no porque tengan cornisas griegas sobre las ventanas o su nombre figure con grandes letras doradas en la portada de su tienda? Cuán placentero sería poder ir por las calles de Londres arrancando esas ménsulas y frisos y esos letreros enormes, restituyendo a los comerciantes el dineral que han gastado en arquitectura, y poniéndolos en términos honrados e iguales, cada uno con el nombre en letras negras sobre su puerta, no voceando a la calle desde los pisos altos, y todos con una sencilla portada de madera (…). .

    Y si ha habido verdaderamente algún provecho en nuestro conocimiento del pasado o algún goce en recordarlo desde entonces que pueda dar vigor al esfuerzo presente, o paciencia a la resistencia actual, es que hay dos deberes respecto a la
    arquitectura nacional cuya importancia es imposible encarecer: el primero, hacer que la arquitectura del día sea histórica; y el segundo, conservarla, como la más preciosa herencia, la de los tiempos pasados.

    ——–
    1. Este artículo fue publicado con motivo que las peatonales Sarandí y Bacacay fueran inundadas de
    publicidad y otras “malas decoraciones”, en diciembre del 2003. El valor de estas reflexiones más allá del
    caso concreto radica en poner en discusión el hecho de que la ciudad de Montevideo ha sufrido en los
    últimos quince años un gradual proceso de apropiación del espacio público por parte de marcas publicitarias bastardizando el paisaje ciudadano.
    2. Digo “marquetinera” en un sentido despectivo. Pero el marketing no es malo. La mercadotecnia está
    degradada en nuestro medio al haber sido reducida a los aspectos de promoción y publicidad. El marketing esta compuesto según Kotler y demás por: producto / precio / distribución / promoción. La mayoría usamos la palabra marketing para referirnos exclusivamente a la cuarta instancia: promoción y/o publicidad. Resulta curioso, y dice bien poco en pro de nuestra probidad nacional por un lado o de nuestra prudencia por otro, ver todo el sistema de nuestra decoración callejera basado en la idea de que la gente debe sentirse atraída hacia una tienda (marcas en el caso del paseo peatonal de la Ciudad Vieja) como las mariposas lo son hacia una vela.

    Publicado en Brecha. Viernes 9 de enero de 2004.

  10. Boogie dice:

    No se quejen…peor sería tener a Mabel Lolo de “creativa” en una agenciucha de publicidad.

    Comparto el método del autor para combatir a esta pestecita: mandarlos a cagar a la primera de cambio, terminar con ese miedo al ridículo bien uruguayo, negarse en redondo.

    A por ellos.

  11. Enrius dice:

    La verdad es que me alegro de no haber tenido que ver esta momentánea, espero, “desaparición” de tan hermoso y significativo lugar. ¿No había otro más adecuado para rodar un corto publicitario?. El recuerdo de aquella visita en una ventosa mañana de septiembre pasado, subiendo al Cerro, quedó en nuestra memoria y en las imagenes y el texto de mi blog.
    Perdonen que compare, pero es que no saben ustedes las tropelías que en esta activa pero caótica Madrid, se perpetran en el espacio público. Agresiones publicitarias a la ciudad y al ciudadano que no quedan en momentánea intervención en dicho espacio público sino que son permanentes y a mayor gloria y provecho de multinacionales, infranacionales y antinacionales empresas publicitarias.
    Vender o morir, comprar o no ser, esa es la cuestión.

  12. Si no había otro lugar más adecuado para rodar semejante “obra de arte” fue la primera pregunta que nos hicimos todos por aquí, Enrius. Y la única respuesta posible es afirmativa. Afortundamente tenemos muchos parques en esta ciudad. Pero lo que sucede es que si tienes dinero y pagas, la intendencia municipal de Montevideo te alquila casi cualquier cosa… incluida la jaula del oso polar del Jardín Zoológico, supongo. Sería ingenuo esperar que las agencias de publicidad se autorregularan. Para eso está el municipio, de cuya responsabilidad en todo este episodio se habla poco. Bueno, no me voy a repetir, pues ya he dicho lo que tenía para decir.

    A propósito de Enrius, quienes estén interesados en leer un blog inteligente, levemente escorado hacia el quehacer artístico, aquí tienen la dirección

    http://lahabitaciondelhipnal.blogspot.com/

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