La ética como sucedáneo de la política

Es probable que la facilidad con la que solemos buscar chivos expiatorios se deba a la muy humana inclinación a eludir los problemas y desafíos que no podemos o no tenemos el coraje de enfrentar. Pero por más empeño que pongamos en descubrir chivos expiatorios (¿y quién no lo ha puesto alguna vez?) las cosas no mejoran por sí solas. Con el desdibujamiento de las fronteras entre lo privado y lo público, la costumbre ha ingresado de lleno a la política, donde la aparente abundancia de villanos aumenta la tentación de atribuirles todos los desarreglos y por añadidura nos dispensa de hacernos cargo de la parte que nos incumbe.

La reflexión viene a cuento de la aparentemente decisiva influencia del ex ministro y secretario de la presidencia Gonzalo Fernández en una votación parlamentaria. Muchos sugieren que con argucias maquiavélicas, el abogado Fernández logró engañar a varios legisladores e inducirlos a derogar el artículo de una ley para favorecer a unos banqueros procesados por fraude y que a raíz de esa derogación resultaron absueltos.

El asunto no es para minimizarse. Si se confirmara, el nada desinteresado ardid del señor Fernández pondría en evidencia lo que muchos ya sospechamos: que las decisiones que se toman en las democracias contemporáneas no dependen únicamente de los mecanismos formalmente contemplados para tomarlas, como pretende una visión autocomplaciente e idealizada de nuestras democracias, sino también de personas, organizaciones y grupos con poder e influencia suficientes como para alterar esas decisiones en beneficio propio. Se trata de unos poderes e influencias informales, que carecen de legitimidad democrática, pero que sin embargo en algunas circunstancias pueden llegar a contar más que los formales. No es ésta la primera vez que sucede algo parecido en la historia política uruguaya (al menos desde los 60 asistimos a episodios de este tipo), pero de atenernos a la indignación reinante parecería que un buen número de ciudadanos (líderes políticos incluidos) acaba de descubrir las imperfecciones de nuestra democracia.

La constatación de que al parecer hay personas o grupos que logran imponer sus propósitos a las instituciones democráticas suscita indignación. Pero la indignación es de utilidad incierta en estos menesteres. Se aplaca con analgésicos livianos: basta con que ruede la cabeza del culpable, un evento perfectamente compatible con el mantenimiento de unas interferencias que tal vez no sean del todo extirpables y que por eso mismo exigen extremar las defensas para mantenerlas a raya.

Cuando el siempre listo coro de santurrones moralistas (a cuya cabeza se encuentra un comité de salvación llamado MPP) empieza a hablar de ética, moral y probidad, al tiempo que convoca a tribunales de conducta y agita códigos de Ëtica, a uno le gana el desaliento. Si estos Robespierres posmodernos llevan razón, a lo que nos enfrentamos no es a un problema político, sino a uno ético (o moral, una vez que ambos vocablos se han hecho intercambiables)

Cuando se repite hasta el hartazgo que sólo la recuperación de la ética puede salvar a la política, se introduce una enorme confusión en esta discusión. A la política sólo la puede salvar ella misma, lo que en el caso que nos ocupa quiere decir discutir acerca de qué mecanismos se dota la comunidad política de la que formamos parte para impedir (o mitigar si nos ponemos modestos y realistas) interferencias no democráticamente legitimadas de lobbies, empresas y grupos de presión en la toma de decisiones políticas. La afirmación casi unánimemente aceptada de que el gran problema de la política actual es la falta de ética alimenta el amasijo conceptual. Como ya dijo alguien antes que yo, cuando se produce un acto de corrupción o nepotismo (o de interferencia indebida) el que puede tener un problema ético es el responsable del hecho, quien tal vez llegue a atormentarse por las noches bajo la almohada, pero nosotros, los ciudadanos, lo que tenemos es un problema eminentemente político, esto es qué mecanismos de control y qué leyes concebimos para erigir defensas contra las interferencias no democráticas en las instituciones democráticas, asuntos que tienen poco y nada de éticos y mucho de políticos.

En lugar de abordar estas fatigosas cuestiones, que nos involucran e interpelan a todos, el movimiento de moralización nacional nos propone simplificar las cosas y desenmascarar de una buena vez a los impostores (siempre habrá uno, qué duda cabe). Hoy es Gonzalo Fernández y mañana quién sabe. Fernández no será un santo, pero el problema político no reside en la imposible tarea de transformar a los políticos en santos, sino, precisamente porque no lo son ni pueden serlo, establecer, y defender, unas reglas que impidan el privilegio de acceder a los ámbitos de decisión política por vías informales.

El resultado indeseable de esta ensalada conceptual salpimentada con ética y moral es, pues, la erosión de la política como ámbito específico. Porque lo que en el fondo nos sugieren quienes hablan de moralizar la política o de devolverle la ética perdida, es elegir a las personas adecuadas, como si en un certificado de buena conducta inmaculado residiera la garantía de una buena política. Esta ha terminado degradándose a una mera selección de las personas honradas. Es notorio que desde hace un buen tiempo los políticos ya no son valorados por cómo proponen configurar el futuro (dentro de las modestas posibilidades que están al alcance de la política, se entiende), sino por lo que son. Cuando lo que importa de un político son los atributos propios de la persona y no las ideas que somete a consideración de la ciudadanía, estamos fritos, nos ubicamos de alguna forma en un universo prepolítico. Esta es una de las pendientes por las que se desbarranca la política en el mundo actual. Lo que cuenta ahora no es lo que propone Mengano, sino si miente, si es buen padre de familia, si es fiel a su esposa o si roba o no roba. Algo de esto se repite cuando se pretende que el gran problema de este episodio ha sido el mal comportamiento de un dirigente político.

Ese es un problema, con el que indefectiblemente deberemos seguir contando. Pero el problema, me parece, reside en otra parte. Cuando la senadora que en su momento propuso la modificación legal que terminó absolviendo a nuestros banqueros alega que ha sido engañada, uno no puede dejar de concluir que las cosas funcionan rematadamente mal. Porque el alegato de la legisladora demuestra lo fácil que resulta persuadir a algunos de nuestros legisladores. Eso en el mejor de los casos; en el peor, que votan con una pasmosa irresponsabilidad. Cómo proceden nuestros legisladores, a qué fuentes recurren, con qué asesores cuentan, a qué voces prestan más atención a la hora de tomar la decisión de aprobar o derogar una ley. He aquí los asuntos (políticos) a los que deberíamos abocarnos, en lugar de hacer inciertas invocaciones a la ética. A todo ese proceso, que a los ciudadanos les resulta opaco, es al que deberíamos prestar la mayor atención si queremos, como al parecer todos queremos, evitar o mitigar las interferencias ilegítimas de empresas, organizaciones o personas en la toma de decisiones políticas. Entre tanta irrelevancia cotidiana, enterarnos de primera mano de cómo estudian, se informan y toman decisiones nuestros legisladores bien podría ser objeto de una investigación periodística. ¿No les resultaría del mayor interés?

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9 respuestas a La ética como sucedáneo de la política

  1. Pincho Casanova dice:

    QUÉ SITUACIÓN INCÓMODA, NADA MENOS QUE VENTILAR LA ACTIVIDAD PRIVADA DE UNA DAMA ES UN HECHO POCO HONROSO.
    ME ENCANTÓ LA FRASE “ROBESPIERRES POSTMODERNOS”. SOCORRO. PERO NO ALARMARSE, PORQUE EL PROBLEMA NO ESTÁ EN LOS POSIBLES RPM EN MILITANTES QUE NO DISTINGAN MORAL DE POLÍTICA, COMO MUY BIEN SEPARÁS Y ACLARÁS, SINO EN QUIÉN, QUIENES, DENTRO DE NUESTRO SISTEMA DEMOCRÁTICO REPUBLICANO, TOMAN UNA DECISIÓN JUDICIAL COMO ESTALLA EL FULMINANTE DE UNA BALA PERCUSIONADA, QUIÉN APRETA EL GATILLO ES POR LO MENOS LA MITAD DE LA HISTORIA EN LA ACLARACIÓN DE UN ASESINATO.

    CREO QUE LA PRIMERA IMAGEN ES DE TOPOR, O SI NO DEL ESTILO. RESUME UN POCO EL GRAN MISTERIO DE A QUIÉN PERTENECEN ESAS MANOS, ESOS PULGARES EMPERATORIALES.
    AL TRIBUNAL DE APELACIONES QUIZÁ?

    HAY QUE DISCUTIR MÁS, HAY QUE PONER LOS TEMAS QUE IMPORTAN ARRIBA DE LA MESA, SI ES MORAL EL TEMA,
    O LA POLÍTICA, HABRÁ QUE PEGAR ALGUNA ETIQUETA EN LA MUESTRA. EN PRINCIPIO NO ME GUSTA QUE SE VENTILEN ASUNTOS PRIVADOS QUE TOCAN LA SEGURIDAD DEL ESTADO DE FORMA TAN FRÍVOLA, LA SEÑORA DEL EX CANCILLER, QUÉ NOS IMPORTA QUÉ O A QUIEN DEFIENDE? ES ASUNTO PRIVADO, PROFESIONAL Y PRIVADO. LAS TAPAS DE BRECHA ESTÁN ASOCIADAS AL LINCHAMIENTO O A LA FURIA DE LOS GIRONDINOS, AL CADALZO DE LOS JACOBINOS…ME CAYÓ ASÍ MISMO MUY DESAGRADABLE QUE WP APARECIERA EN EL INFORMATIVO DEL CANAL 12, AUNQUE NUNCA LE VI LA CARA. HAY QUE ESPERAR A VER QUE SALE MAÑANA, PERO ME IMAGINO QUE EL QUERIDO HUGO ALFARO DEBE DE ESTAR PATEANDO EL CAJÓN.
    SI EL ASUNTO DE LAVAR EL PRONTUARIO DE LOS BANQUEROS FUE UN PLAN EXITOSO, FELICITO A QUIENES LO PERGEÑARON,
    PORQUE ME IMAGINO UNA PELÍCULA PARA TOM CRUISE O KEANU REVES. SI NO ES ASÍ Y TODO FUE UNA ACCIÓN DE LA COLMENA URUGUAYA, QUE NECESITA ESTOS SEÑORES Y ESTAS FAMILIAS PARA SUBSISTIR COMO REPÚBLICA, BUENO, ACEPTÉMOSLO, COMO EL CONTRABANDO, O TANTAS COSAS QUE NO SABEMOS PERO QUE NOS DESPEINAN: ES MAS DIFÍCIL ACEPTAR LAS COSAS CUANDO NO SABEMOS DE QUE SE TRATA, QUE ADOPTAR UNA MORAL, CUAN MÁS PURA Y CRISTALINA MEJOR (MÁS FÁCIL).
    PERO NO POR COMODIDAD O DESINTERÉS, SINO POR IGNORANCIA E INEXPERIENCIA. EL PROBLEMA ES QUE NO TENEMOS TIEMPO NI PACIENCIA PARA BANCAR EL VIENTO QUE GENERAN LOS IGNORANTES MIENTRAS APRENDEN A HACER LO QUE LES MANDAN. TRISTE PERO CIERTO.
    POLÍTICA PACIENCIA DEMOCRACIA
    ANTES DIJE: POBRES PEIRANO!
    AHORA DIGO: POBRE FERNÁNDEZ!

  2. Mauricio dice:

    Es increíble como el senador Bordaberry no se avergüenza de decir que “le tomaron el pelo” al Senado. ¿Le tomaron el pelo a los senadores y los senadores no tienen ninguna responsabilidad? Margarita Percovich FUE QUIIEN PRESENTO el proyecto que derogó el artículo de la discordia. ¿Tampoco tiene ninguna responsabilidad? La engañaron, pobre. Como dice muy atinadamente el post, estamos en problemas si un ex ministro puede manipular de forma tan clara, tan evidente a los senadores. Algo falla en nuestro sistema político si es tan fácil que un lobista se salga con la suya. No quiero ni pensar las leyes que se habrán aprobado en esas circunstancias. Y Topolanski dice que no corrió dinero, que no se le pagó a ningún legislador para que votara como votó (como si eso cambiara las cosas). Muy, muy interesante tu reflexión sobre la diferencia entre política y la ética y la aspiración a hacer política con amonestaciones morales.

  3. JB dice:

    El diputado del MPP Alvaro Vega confirma en declaraciones al diario El País todas las sospechas expuestas en el artículo. Dijo el diputado a propósito de este episodio: “Las cuestiones morales son las MAS importantes, porque NOS DISTINGUEN de los partidos tradicionales” (los destaques son míos). Más claro, imposible. Según Vega, la diferencia más importante entre la derecha y la izquierda es de orden moral. No es política (o no lo es primordialmente), no es de ideas, no atañe a la forma de enfrentar los problemas y conflictos de la sociedad ni a diferentes idearios. Vega podría añadir, los de izquierda somos mejores, más buenos que los de derecha. Es increíble, pero hay personas que creen que quienes se consideran de izquierda son moralmente más virtuosos que los de derecha.

  4. TLB dice:

    “A todo ese proceso, que a los ciudadanos les resulta opaco” es culpa nuestra, nos gusta el Legislativo para decir que es más lindo que el de Buenos Aires. Nos acordamos del mismo en época de elecciones cuando jugamos a ver quién tiene más escaños. Después nos olvidamos cinco años sobre lo que pasa o se hace puertas adentro. Así estamos, representados por oligofrénicos a los cuales se los pasa un ex ministro que estudió más que ellos. (Y esta es la versión cándida de la cosa…)

    Moral? ética? esa que se acomoda según la ocasión -ver el post anterior del Sr. Barreiro “Hacerse cargo”- por favor. Lo que es curioso es como en el fútbol nos importa más lo que un jugador haga en la cancha y no su ética o moral -Maradona por ejemplo- y en política, donde las consecuencias pueden ser devastadoras, es al revés.

  5. Marcos Baudean dice:

    Estimado Jorge:

    he descubierto tu blog a través de la publicación Letras Internacionales. Ha sido un grato descubrimiento. La necesidad de separar etica de política para arribar a una discusión saludable de los problemas de la democracia me parece esclarecedor en un país -que al igual que en Argentina- se están multiplicando los discursos “evangelizadores”. quisiera compartir contigo una referencia de Jurgen Haberrmas acerca del problema de fondo que afrontan las democracias. Está tomado de Problemas de legitimación en el capitalismo tardío” de 1973. Dice: “…las diversas burocracias se coordinan impoerfectamente, y caen bajo la dependencia de sus clientes a causa de su defectuosa capacidad de peerceción y planificación. Justamente la imperfecta racionalidad de la administración del Estado asegura la prevalencia de intereses parciales organizados. Así se trasladan al aparato del Estado las contradicciones entre los intereses de capitalistas particulares, entre los de éstos y el interés capitalista genérico y entre los intereses específicos del sistema y los susceptibles de generalización”. Demás esta decir que este tipo de problemas no se soluciona con políticos “éticos”.

  6. JB dice:

    Agregaría algo más: al contrario de los que piensan que la recuperación de la política viene de la mano de la ética, la evangelización a la que aludes destruye la política, pues la reduce a una competencia por ver quién es el más honesto (o bueno) de todos.

  7. Marcos Baudean dice:

    Jorge: muy cierto lo que decís. Creo que esa commpetencia por la bondad (algo así como el regreso a la política pre-maquiavélica, ciudad de dios, etc) está muy presente en el marketing político actual. No sé si has notado que en la publicidad electoral el discurso racional (argumentativo) tiene menos espacio en los últimos 10 años. Por ejemplo, la ciudad aparece tapizada de fotos en primer plano del candidato, muchas veces sin un claim. Pero bueno, mi abuela en el 66 votó a Gestido porque era un “pintún” y mi mamá porque era honesto. Creo que fenómenos similares se daban con políticos como Luis Batlle. por tanto, no es nuevo. Uno de los mejores libros que leí sobre elecciones es de un norteamericano llamado Samuel Popkin (asesor de Bill Clinton), se llama “The reasoning voter” y argumenta desde una perspectiva cognitivista. Te lo recomiendo. Lo podés encontrar en biblioteca de ORT Pocitos. Un abrazo.

  8. CicroneeCow dice:

    Justifica hacer mi correo cinta azul en jorgebarreiro.wordpress.com , que parece ser un foro maravilloso !

  9. […] a la banda occidental, dónde tantas y tantos plañen por la supesta decadencia ética y moral. JSGonzalo Fernández, el último villano (o la ética como sucedáneo de la política)  Es probable que la facilidad con la que solemos buscar chivos expiatorios se deba a la muy […]

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