Aux armes, citoyens!

Después de que un comerciante matara a dos jóvenes que intentaron asaltarlo con un arma de juguete, alguien le preguntó a nuestro ministro del Interior si los ciudadanos debían armarse por su cuenta para combatir el crimen y la inseguridad. Y nuestro secretario de Estado no tuvo mejor ocurrencia que responderle que no podía recomendarles ni una cosa ni la otra. Cuando los ánimos están más exaltados que de costumbre y, por eso mismo, cabe esperar que las autoridades aporten mesura y sosiego, el ministro del Interior sostiene que tal vez sea buena cosa que los particulares se armen. O no, quién sabe.

Enfrentado al dilema de si convocar o no a los ciudadanos a armarse, el ministro no aportó la única respuesta categórica que cabe aguardar de un ministro del Interior: un NO terminante a la justicia por mano propia, que no es justicia, que nos devolvería a la jungla, que supondría un paso atrás de enormes proporciones y que, al contrario de lo que muchos suponen, agravaría el problema, ya lo está agravando. Porque alimenta la idea de que cada uno puede combatir la violencia por su cuenta con más violencia y debilita así la única alternativa civilizada al problema de la inseguridad, que no puede ser otra que la del sometimiento de todos a un poder legítimo, que incluye un juicio justo con todas las garantías a quienes estén acusados de cometer un delito.

En su lugar, el ministro eligió una respuesta calculadamente ambigua, a tono con el estado de ánimo imperante en estos días. Ni sí ni no, sino todo lo contrario. Una buena parte de la sociedad está imbuida de la idea de que a los delincuentes hay que matarlos uno a uno sin misericordia ni remilgos jurídicos. Es espeluznante la indiferencia que suscitó la muerte hace pocos meses de doce de ellos durante el incendio de una prisión y la frecuencia con la que se escucha en el mostrador de un bar o en el asiento de un taxi que a los ladrones hay que pegarles un tiro en la cabeza. Pero el ministro no creyó que su deber fuera contradecir semejantes barbaridades.

Como la mayoría de los políticos contemporáneos, Eduardo Bonomi jamás dirá a los ciudadanos lo que los ciudadanos no quieren escuchar. Por ejemplo, que la inseguridad es un problema que no tiene la solución fácil y a corto plazo que la ansiedad y la irritación ciudadanas demandan. Tampoco invitará a la reflexión, sino que se someterá a las cambiantes emociones de la audiencia. La emoción es el recurso político por excelencia de nuestro tiempo. Se la suscita sin pudor para lograr un propósito o se la usa para justificar cualquier despropósito (ya se sabe que en nombre de “lo que la gente quiere o siente” se puede cometer cualquier desmán). Consciente del enfado y la sensación de inseguridad de los ciudadanos, el ministro no se atrevió a dar la respuesta contundente que cabía esperar, sino que se rindió al brutal sentido común, que indica que para protegerse del delito casi todo vale.

Pero después de todo, ¿no es comprensible que la gente pierda la paciencia y decida hacer justicia por su cuenta?, ¿no es lógico que las víctimas reales o potenciales de los delincuentes no reparen en “sutilezas” legales y pidan la cabeza de los criminales? Lo es, si quien plantea estas preguntas está dominado por la pura emoción o por el miedo o acaba de ser víctima de algún delito, circunstancias todas que obnubilan el entendimiento e impiden reflexionar sobre un asunto demasiado complejo y arraigado que no tiene remedios sencillos y a corto plazo. Dejarse llevar por la pura emoción resulta inútil, lo que a su vez desata reclamos de mayor represión, en una espiral interminable y demencial. Está demostrado que los impulsos represivos no resuelven las cosas: cada vez tenemos más presos y al parecer los delitos no disminuyen. Tenemos uno de los sistemas más punitivos del continente, tenemos la población carcelaria más alta de la región en términos relativos, los jueces de este país envían a la cárcel con una facilidad pasmosa y sin embargo se ha generalizado la idea de que el sistema penal de este país es de una liberalidad carnavalesca. Al parecer no nos terminamos de convencer de que el problema de la inseguridad pública no se resuelve a garrotazos, sino que llevará mucho tiempo, tal vez una generación, una constatación que produce desasosiego en quienes quieren soluciones mágicas, pero que convendría empezar a asumir.

Precisamente porque las víctimas suelen estar inclinadas a la venganza, nuestra tradición política ideó códigos e instituciones judiciales independientes de víctimas y victimarios, para alejar la tentación de la ley del Talión, del ojo por ojo. Por eso mismo la pregunta retórica de cómo reaccionaría cada uno de nosotros en caso de ser víctimas de un delito es tramposa. Y peligrosa. Descenderíamos a la barbarie si la política que se sigue ante los crímenes estuviera determinada por el estado de ánimo y los sentimientos de las víctimas. Afortunadamente el dolor de las víctimas no sienta jurisprudencia.

Ya sabíamos que la mayoría de los ciudadanos no repara en asuntos como los derechos de las personas, los procedimientos formales de la justicia ni en las complejidades de las políticas de largo plazo, las únicas que pueden resolver el problema. Lo preocupante es descubrir que con sus equívocas palabras, nuestro ministro del Interior tal vez esté contribuyendo a pavimentar el camino de regreso a la selva.

Anuncios

6 respuestas a Aux armes, citoyens!

  1. Pincho Casanova dice:

    BUENO, HABRÍA QUE PENSAR SI DEJAMOS DE ESTAR EN “LA SELVA” ALGUNA VEZ. ¿ARIZONA VOLVIÓ A LA SELVA? (A LA LEY DEL MAS FUERTE(MENTE ARMADO). HAY QUE PENSAR QUE DENTRO DE LOS DERECHOS DEL CIUDADANO ES TENER ARMAS. Y QUE NO ESTÁ PENADO POR LA LEY MATAR A ALGUIEN CUANDO ES POR DEFENSA PROPIA. Y ES NATURAL QUE SI ALGUIEN NO SE SIENTE DEFENDIDO POR LAS INSTITUCIONES (INSEGURIDAD) BUSQUE UN MEDIO DE DEFENSA PARTICULAR. UN 222 O UNA 38.
    LO QUE DIJO EL MINISTRO PUEDE INTERPRETARSE COMO UN RECONOCIMIENTO DE QUE EL ESTADO NO PUEDE DEFENDER COMO ES DEBIDO A LA CIUDADANÍA DE LAS BANDAS DE ADOLESCENTES ARMADOS (DELINCUENTES FUERA DE LA LEY) Y POR LO TANTO EL CIUDADANO DEBE DEFENDERSE COMO PUEDE.

    DEBO DECIR, AUNQUE NO PROPONER LA SOLUCIÓN QUE SE ME OCURRE, QUE NO ESTOY DE ACUERDO CON QUE SEA UN TEMA A LARGO PLAZO.

    EL MINISTRO DEBERÍA SER SINCERO Y DECIR PORQUÉ NO PUEDE EL ESTADO PONER PUNTO FINAL AL TEMA.
    PORQUÉ NO PUEDE CONTROLAR EL TRÁFICO DE ARMAS.
    PORQUE NO PUEDE FISCALIZAR LA OBLIGACIÓN DEL EJERCICIO DE LA PATRIA POTESTAD.
    PORQUÉ NO PUDO EVITAR EL INCENDIO DE LA CÁRCEL DE ROCHA. PORQUÉ HABÍA MEZCLADOS DELINCUENTES PROFESIONALES CON UN INGENUO PASADOR DE FASITOS.

    PENSÉ MUCHO SOBRE EL TEMA DE LOS DOS PENDEJOS ASESINADOS POR EL QUIOSQUERO. MUCHO SOBRE EL MECÁNICO ASESINADO POR LA POLICÍA EN PIRIÁPOLIS.
    ME SUENA MUCHO A PARANOIA SOCIALIZADA.
    PERO OJO QUE LA PARANOIA NO ES UNA FANTASÍA PATOLÓGICA COMO COMÚNMENTE SE ENTIENDE. ES REAL Y DE CARNE Y HUESO. HACE CARNE TANTO COMO LA ALEGRÍA O LA ESPERANZA.

    ES UN TEMA VERDADERAMENTE TERRIBLE, DONDE FINALMENTE NOS ENSARTA LA TRAGEDIA, COMO UNA BALA FATAL QUE TERMINA CON LA VIDA DE ALGUIEN. UN SEDENTARIO CAMBIA MONEDAS EN UN BARRIO SUCIO DE MONTEVIDEO, UN SER QUE NO SABE QUÉ MIERDA HACER CON SU JUVENTUD.
    PARA ALGUNO SE TERMINAN TODOS LOS PROBLEMAS EN UN INSTANTE. UNA VIDA MENOS. DÓNDE ESTÁN LAS MADRES, ME CAGO EN LA LECHE, QUE ES LO ÚLTIMO QUE DEJAMOS DE RESPETAR? DÓNDE ESTÁ EL PADRE INCONSCIENTE DE LO QUE ESTÁ HACIENDO SU HIJO? ¿ES IMPORTANTE SABER EN LO QUE ANDA UN HIJO? BUENO, ESTÁ EN LA LEY.
    SI UN INDIVIDUO NO PUEDE EJERCER LA PATRIA POTESTAD, EL ESTADO DEBE HACERSE CARGO DE LA CRÍA.
    NO ES EL CASO DE CHINA, PERO EN LOS HOGARES CARENCIADOS DEBERÍA HABER ASISTENCIA DEL ESTADO, PERSONALIZADA. QUE ES LO QUE FALTA, PUES LOS FUNCIONARIOS DEBEN ACTUAR COMO FIZCALES EN EL CUMPLIMIENTO DE LA LEY Y LA CONSTITUCIÓN.
    ¿TODAVÍA SON LAS COMISARÍAS LAS QUE PONEN ORDEN EN LOS HOGARES ENQUILOMBADOS DE DONDE SE RAJAN LOS JÓVENES QUE SALEN A ROMPER TODO?
    LAS PARROQUIAS DEJARON DE EJERCER APOSTOLADO, QUE A MÁS DE UNA OVEJA DEVOLVIÓ AL REDIL, POR LA PARANOIA DEL CURA BUFARRÓN? A DÓNDE RECURRIR?
    DÍGAME SEÑOR MINISTRO!

    SON VARIAS GENERACIONES DE LUMPENES. EL ESTADO DEBE ACTUAR CON MÁS EFICACIA EN ESTE TERRENO, PORQUE NO VA A VENIR NINGÚN VIEJITO DE EUROPA.

  2. CM Peirano dice:

    Estuve tratando de digerir esa insólita respuesta del Ministro del Interior cuando leí tu artículo. Concuerdo enteramente con tus apreciaciones.

    En todos los casos (quiosquero mata ladrón, ladrón mata quiosquero, uno de los dos mata cliente) es una escalada de violencia que el Ministro del Interior se niega a analizar por causa de la maldita tribuna.

    Se muestra ambiguo, porque para sus adentros sabe que su deber es prevenir la violencia. Algo útil en ese camino sería desestimular la venta y posesión de armas cortas por parte de la población. La libertad con que circulan las armas de puño en nuestro país (pistolas y revólveres) no tiene ninguna justificación lógica y no debería tener la protección legal de la que ahora gozan.

    Me sorprendió la reacción de Bonomi ante este hecho (como me sorprendió su reacción frente a los muertos de Rocha). Hubiera esperado algo más filosófico de un tupamaro sobre cosas que les son de alguna manera más cercanas que al resto de nosotros. Creo que a la larga, hasta hubiera sido buena propaganda electoral.

  3. JB dice:

    Pincho: el alejamiento de la selva nunca es total y definitivo, siempre es una tarea pendiente, inacabada, y la tentación de volver a ella siempre está presente (y no sólo la tentación, es una realidad en más de un ámbito de nuestras sociedades contemporáneas). ¿Pero eso qué demostraría?, ¿que como todavía hay comportamientos selváticos da todo igual?, ¿que debemos renunciar a intentar guiarnos por otros criterios que no sean los de la selva? Yo creo que vale la pena intentarlo… comportarnos como si las leyes de la jungla no rigieran la vida social, aunque a veces estén en vigor. Lo grave es que el ministro del Interior lance un mensaje ambiguo respecto de cómo manejarnos ante estos asuntos.

    Es legal tener armas, claro. Habría que discutir si conviene que siga siéndolo, no lo tengo nada claro. La discusión, sin embargo, no es si tengo derecho a defenderme si alguien viene a matarme. Parece obvio que sí. El asunto es que estamos hablando de amenazas a la vida como si fueran un asunto de cada mañana, como si en este país nos pudieran matar en cualquier esquina en cualquier momento, como si estuviéramos en Kandahar o en Ciudad Juárez. Es una desmesura, es parte de la retórica más reaccionaria. Se pone como ejemplo la excepción, como si esas amenazas fueran lo habitual. Cada día (sí, cada día) escucho preguntas de este tipo: “si te encontrás con el asesino” de un familiar o “el violador de tu hija” ¿vos qué harías?… como si los asesinos y violadores fueron el pan de cada día, figuras a las que debemos enfrentarnos después de tomar el desayuno. He llegado a escuchar a profesionales universitarios decir (a raíz del incendio de la cárcel de Rocha) que no les quitaba el sueño que murieran quemados violadores y asesinos. La ignorancia y la manipulación llegan a tal punto que la gente ignora que el asesinato y la violación representan el 2% de los delitos. El 2% de los que están en prisión en este país lo están por asesinato o violación. Pero, claro, la atmósfera que respiramos es tal, que parece que lo recomendable es tratar a los 3,5 millones de habitantes de este país como potenciales violadores o asesinos. La idea de que hay que armarse va por ese camino.

    La legítima defensa tiene sus reglas: no puedo pegarle un tiro en la cabeza a alguien que viene a robarme con un cuchillo de cocina. ¿Tal vez por eso el ejemplo que siempre se pone es el del VIOLADOR o el ASESINO? ¿Para que el mensaje de armarse parezca más justificado y proporcionado?

    Sostener que el tema de la inseguridad tiene una solución rápida, mágica, a la carta (sobre todo si es puramente represiva), es vender humo…. Y de alguna manera contribuye a aumentar el malestar, porque esas expectativas nunca se terminan de cumplir.

    Miguel, a mí las reacciones de los Tupamaros en este terreno ya no me sorprenden. Recordá que Fernández Huidobro fue menos ambiguo que Bonomi; recomendó armarse sin más trámites.

  4. CM Peirano dice:

    Me parece un disparate que cualquiera pueda ir a una armería y comprarse un 38, como si fuera una flauta de pan. La venta de armas cortas debería estar estrictamente restringida, y su posesión, prohibida. Me doy cuenta que pido mucho, pero por lo menos le pido al Ministro del Interior que no dé manija, porque si los bolicheros siguen matando gente, los chorros van a empezar a entrar a los tiros de frente y mano y va a correr mucha más sangre. El mensaje del gobierno debería ser claro: armarse no.

  5. TLB dice:

    Un amigo médico me dijo el otro día que al trabajar en la emergencia del Clínicas está perdiendo todo su liberalismo. “Llegan tipos acuchillados o baleados para los cuales su vida vale dos pesos, entonces la mia para estos tipos vale medio peso. Es horrible, pero a veces pienso que hay que matarlos a todos”.

    Que los almaceneros maten a los chorros termina en chorros que disparán primero y afanarán después. Ah, y no se ha comentado aquí de lo que pasa con ese almacenero después, del trauma, etc.

    Qué nos conviene? Seguimos así de regreso a la selva o nos dejamos de declaraciones ambiguas y hacemos algo?

    Slds

  6. Marcos dice:

    Concuerdo plenamente con las palabras de JB, vivimos en la paranoia cotidiana de pensar que hay cientos de miles de violadores y asesinos sueltos esperandonos a la puerta de casa. Una locura colectiva. Faltó destacar al infaltable y desmemoriado fascista uruguayo que suele afirmar “en dictadura estas cosas no pasaban”. el clima fascista es irrespirable, situaciones similares se dieron en la alemania nazi (salvando las diferencias). Casi no hay lugar para argumentar cuando se dice en una discusión familiar “¿y qué le decimos a las víctimas?”. quienes piensan que la muerte de delincuentes es solución parten de una teoría absolutamente equivocada del problema. Dan por cierto que el 100% de los delincuentes son delincuentes porque su naturaleza personal (o algo así que no se como llamar) los lleva a delinquir. Por tanto, eliminando al 100% de los delincuentes se termina el problema social. sin embargo, la delincuencia se produce por determinados mecanismos sociales que seguirían activos aun cuando fueran asesinados el 100% de los delincuentes. Si no se suprime la causa la muerte del 100% de los delincuentes actuales no solucionaría el problema. Ahora bien, ¿qué pasa que no es posible razonar frente al problema? ¿por qué se suele tildar de “blandos” a quienes optan por pensar? ¿hay algo más fascista -en el sentido técnico del término- que esta actitud? Mi opción es discutir aunque me ligue alguna pedrada de los santurrones de turno que arreglarían todo con matar. les propongo eso estimados colegas de blog: sigan discutiendo en sus casas, con sus familias, con sus alumnos y compañeros de trabajo. Tomar este camino hace la diferencia. Un abrazo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: