Túnez y Egipto, tan cerca nuestro

El Magreb y el mundo árabe en general son para los latinoamericanos algo lejano, mal conocido y, por eso mismo, campo fértil para los clichés, que sin embargo empiezan a derrumbarse con las revueltas de estas semanas en las calles de Túnez, El Cairo y Alejandría, ocupadas por centenares de miles de manifestantes llenos de ira contra sus gobernantes. A pesar de ciertos arcaísmos y de los regímenes represivos allí imperantes, esas sociedades ya forman parte de nuestro mundo compartido.

Conviene, pues, no apresurarse a tratarlas como si fueran enteramente diferentes, regidas por motivaciones completamente ajenas a las nuestras, como si los árabes, aunque no se lo diga a título expreso, estuvieran hechos de otra madera y abocados a tolerar lo que a nosotros nos resultaría intolerable.

Aún hoy ese mundo compartido se reduce para buena parte de los líderes políticos e intelectuales latinoamericanos a la propia región, a Estados Unidos y a la Unión Europea. Increíblemente, China, India y el mundo árabe –más de la mitad de la población de la Tierra– no entran en la ecuación y a lo sumo se avienen a mencionarlos en notas a pie de página; tal vez porque sus dinámicas políticas y sociales no se dejan interpretar fácilmente en clave de “piezas del ajedrez imperialista” o “enclaves arcaicos que se resisten al advenimiento del progreso” como sugieren la ignorancia o la pereza ideológica.

En este contexto, no resulta nada sencillo explicar los acontecimientos de Túnez y Egipto (y a pesar de las informaciones que se filtran a cuentagotas, también en Yemen y Argelia), a los que bien podría aplicárseles el concepto de revolución si no estuviera tan gastado como está. No incurriré, pues, en la temeridad de suministrar explicaciones concluyentes, como las que en estos días sugieren que lo que está ocurriendo en el Magreb viene a ser, salvando las distancias, el equivalente de la caída del Muro de Berlín para el Islam. Es demasiado pronto para saber si las revueltas de Túnez y Egipto terminarán inexorablemente con la caída de los regímenes autoritarios (o dictatoriales) y la creación de modernos sistemas democráticos. Ya sabemos lo suficiente, en cambio, para impugnar la catarata de clichés sobre el mundo islámico, como la supuesta incompatibilidad entre este último y la democracia, la “guerra de civilizaciones”, el antioccidentalismo congénito de los árabes y otras lindezas por el estilo. Lo que sabemos de las revueltas en esos dos países han demolido, creo yo, algunas certezas ampliamente difundidas hasta ahora. Digamos a título de inventario:

1. Las protestas de centenares de miles de tunecinos y egipcios que desafiaron en estos días el toque de queda, los tanques y las armas de la policía empezaron por algún acto de arbitrariedad de las autoridades y terminaron reclamando el fin del remedo de democracias que imperan en ambos países y el establecimiento de democracias en serio. Los alzados contra Mubarak y Ben Alí reclaman el fin de ambos regímenes; no se conforman con la salida de los dos presidentes (de hecho, el tunecino Ben Alí ya huyó a Arabia Saudita y las protestas no amainan). Todas las informaciones que nos llegan coinciden en que el movimiento se nutre de todas las clases sociales: no es únicamente una protesta de los desheredados; convergen en ella millares de jóvenes, en su mayoría estudiantes universitarios, profesionales, empleados y, por supuesto, muchas mujeres (sobre todo en Túnez). Los primeros piden trabajo, control de precios y justicia social. Los estudiantes y jóvenes, al igual que sus pares de Occidente, iniciativas para terminar con la incertidumbre propia de los tiempos globales, de cuyas tecnologías se sirven masivamente. Todos piden elecciones libres y transparentes, legalización de todos los partidos, amnistía para los presos políticos, el fin de la censura, de la corrupción y de los clanes familiares que llevan décadas en el poder en ambos países, es decir los ingredientes propios de las democracias contemporáneas. No están arriesgando, y perdiendo, sus vidas para defender sus tradiciones o exigir la aplicación de los principios del Corán a la vida terrenal. Es más, una de las preocupaciones recurrentemente mencionadas por los manifestantes es que no se menoscaben los derechos conquistados por las mujeres en esos dos países (junto a Irak, los más laicos de todo el mundo árabe). Es difícil no encontrar en estas protestas algún aire de familia; e imposible no fruncir el ceño frente al mito de una “calle árabe” dominada por la turba fanática, siempre dispuesta a cortar las cabezas de los herejes o inmolarse en defensa de las sagradas escrituras.

2. Estas protestas a favor de la democracia resultarían incomprensibles si nos atenemos a la superficialidad de buena parte de la prensa y a los preconceptos del izquierdismo tradicional que sugieren que en esas sociedades sólo pueden hallarse desheredados del campo y la ciudad, cuya secular opresión ha terminado por lanzarlos en brazos del islamismo radical anti-moderno y anti-occidental. La modernización económica y la integración a los circuitos económicos globales han gestado en ambos países unas clases medias con aspiraciones (aspiraciones insatisfechas por esa misma modernización) que van más allá de un subsidio estatal para no morirse de hambre. Se trata de la emergencia de sectores sociales para los que no parece haber lugar bajo las autocracias familiares del Magreb y la teocracia de los ayatolás en Irán. Son invisibles para la mirada dominada por el cliché, que sólo ve atraso y religión en el mundo islámico, pero han terminado por expresarse en la escena política. Ni más ni menos que como en Irán hace dos años tras el grotesco fraude de la reelección de Ahmadineyad. Quieren empleo, el fin de la censura y la represión, libertades políticas, quieren, sobre todo los jóvenes, democracia a la occidental. En un mundo global, del que se sienten parte, no pueden comprender ni aceptar que no gocen de las mismas libertades que en Europa. Al igual que en Irán hace dos años, las nuevas tecnologías manejadas por la juventud han sido claves en la protesta. No en vano la primera medida que tomó Mubarak cuando se produjeron las primeras manifestaciones fue decretar un “apagón” de Internet. Me parece que no por casualidad las protestas no emergieron en Sudán, Mauritania o Somalia, sino precisamente en dos de los países más “modernos” del mundo árabe.

3. A diferencia de lo que ocurrió hace ya treinta años en Irán con los descontentos con la modernización conducida por el régimen del sha, esta vez los disconformes no se vieron tentados por la oferta del islamismo radical anti-occidental. Ya conocen demasiado bien sus consecuencias. Si algo llama la atención en estas manifestaciones multitudinarias en Túnez y Egipto es la ausencia de cualquier expresión emparentada con el fundamentalismo islámico. Esta vez tampoco se quemaron banderas estadounidenses ni se atacaron consulados de países occidentales. Significativamente, son el gobierno y sus seguidores los que en Egipto acusan a Occidente y a los medios occidentales de atizar la protesta. La única presencia islamista de relieve son los Hermanos Musulmanes, una organización egipcia de islamistas moderados, ilegal pero tolerada, que se sumó tardíamente a las protestas, y para suscribir las reivindicaciones generales del movimiento como elecciones libres y el fin de la presidencia de Mubarak.

Antes de estas protestas no era infrecuente escuchar el argumento de que el fundamentalismo islámico era –según la versión izquierdizante– la expresión del malestar de las masas árabes frente al mundo global, o –según la versión neoconservadora— que la “civilización islámica”, sea lo que fuere ese discutible concepto, es incompatible con la democracia y está abocada a nutrir el fundamentalismo. En ambos casos se asume sin demasiado rigor la idea de que la mayoría de los árabes se identifica con el empeño redentor de Osama bin-Laden. Ninguno de esos dogmas debería salir indemne de los acontecimientos de estas semanas en el Magreb.

Anuncios

5 respuestas a Túnez y Egipto, tan cerca nuestro

  1. oficioso dice:

    Como aproximación es un articulo interesante, pues siempre es importante señalar las ideas preconcebidas, clichés y confusiones que desde fuera del mundo árabe se repiten sin cesar. Mundo, este que es comúnmente arrojado en el cajón de lo irresoluble con la excusa, pereza o conveniencia de una religión indomesticable e incapaz de conjugar con la democracia y valores occidentales.

    En este tema siempre es oportuno señalar el papel de “occidente”, afinando un poco, como es el caso de las relaciones entre Europa y el Magreb marcadas por un apoyo claro por parte de Europa a los distintos regímenes autoritarios según intereses y relaciones nacidas de épocas coloniales. Interesante, los silencios de las cancillerías azules durante las primeras revueltas ciudadanas en Túnez.

    Las relaciones, de cualquier tipo, siempre implican responsabilidad en nuestros actos. Es por esto que la postura de decretar la incompatibilidad del Islam con democracia y una sociedad civil moderna, es una hipocresía, pues es desentenderse de esas responsabilidades, con una burda excusa como es la cultural o racial. Feo. Pero de esto, se desprende comúnmente otro equivoco, que es paternalista, con el que se pretende, entendiendo que nosotros somos muy malos y ellos muy buenos, cambiar la realidad del Magreb haciendo de este un espacio a nuestra imagen y semejanza. Evidentemente esto no es posible y nuevamente terminamos decretando su inherente incapacidad.

    El hecho de que Europa apoye mas o menos veladamente estos regímenes autoritarios que entorpecen el desarrollo social, a causa de grandes desigualdades sociales en pobreza, analfabetismo e injusticia, es un factor determinante en el surgimiento del radicalismo e integrismo islamista.

    ¿No es tolerable un islamismo democrático? Dicho de otra manera, mas cercana, como son los partidos Demócrata Cristianos; ¿Demócrata Islamistas, suena raro? Ejemplo Turkia. Nada que ver, solo es un juego de palabras para darse cuenta de cuan perjudicada está esa palabra. Islam. El problema de fondo es que esa posibilidad, la de una democracia y sociedad civil con rasgos distintos a la de la otra orilla, quizás también la hace mas autónoma e inalcanzable a los viejos intereses.

    Apoyar o mostrarse pasivo anta estos regimenes no es solo una maldad con los pueblos oprimidos, es también lo que cercena la propia Democracia. Mas claro que el consomé de asilo. Globalicemos la democracia.

    Luego, de los últimos acontecimientos en el Magreb, es muy pronto para determinar causas y derivas, en especial en Egipto que es una pieza muy importante en la geopolítica regional (Canal de Suez, aliado de Israel…), sujeto por lo tanto a muchas presiones e influencias externas.

    Destacar la medida emprendida por el régimen en cuanto al apagón de Internet y los teléfonos celulares. Tenemos una bomba demográfica en esta región y, millones de estos jóvenes nacieron viendo TV por satélite, para ahora empezar a acceder a Internet. Parece ser un decisión de un régimen basado en antiguas estructuras jerárquicas, opacas entre si, que de pronto pueden verse, comunicarse y hasta organizarse. Peligroso, !Apágalo, ya¡ Lamentablemente esto empieza a generalizarse.

    • Estimado Oficioso, el post original tenía un par de párrafos dedicados a las posturas de la UE y de EEUU, pero dada la importancia del asunto me pareció que era demasiado poco lo que allí decía, demasiado superficial, y los suprimí. Pero ya que usted aborda el tema, me atrevo a sumar algunas reflexiones.

      En primer lugar, sin duda las potencias occidentales han influido y tenido responsabilidades en lo que ocurre en los países de los que hablamos. Tal vez más Europa, y en particular Francia, que desde la descolonización no ha cesado de mantener “relaciones carnales” con los regímenes más despóticos de esa región. Pero eso no quiere decir, me parece, que la evolución de esas sociedades sea enteramente explicable por las “influencias externas”. Hay una cierta inclinación a desresponsabilizar a los gobernantes (y a los ciudadanos) por la deriva autoritaria en cualquier país del llamado Tercer Mundo.

      La construcción de la democracia es asunto bastante más complejo que la voluntad de las grandes potencias occidentales y su arraigo y maduración en los países que la tienen ha llevado un tiempo que se mide en generaciones. No se puede imponer una democracia a golpe de decretos, presiones económicas o tropas y tanques, como pretendió (o dijo pretender) George W. Bush y, creo yo, los que claman contra la responsabilidad de Europa y Estados Unidos por la ausencia de democracia en el mundo árabe y la proliferación de sátrapas y tiranuelos. No tengo dudas de que, por ejemplo, la cuantiosa ayuda militar de Washington a Egipto o el silencio (si no la complicidad) de las antiguas metrópolis europeas para con los tiranuelos de Africa les ha permitido a éstos mantenerse largas temporadas en el poder. Pero no nos engañemos, la ausencia de democracia en el Magreb, no es atribuible a Washington o Bruselas; sus causas hay que buscarlas en la historia de esos países.

      Por lo demás, dado que no percibo ninguna incompatibilidad entre la salud de los negocios y la democracia electoral-representativa, no veo por qué las grandes potencias tendrían particular interés en evitarla (puede que los vínculos de algunos ex imperios coloniales, Francia de nuevo, con las élites postcoloniales en el Magreb, expliquen las ambigüedades o la tolerancia con los autócratas, pero en el caso de EEUU ni siquiera existían esos vínculos).

      La forma en que solemos tratar a EEUU es muy ilustrativa a este respecto. Haga lo que haga, Estados Unidos siempre será culpable. Si interviene, porque interviene, y si no interviene, porque no interviene. El gobierno de Obama, creo yo, no puede hacerse responsable de toda la historia de Estados Unidos, de todas las barbaridades que hicieron sus predecesores a lo largo del siglo XX. ¿Qué podría hacer el actual presidente de Estados Unidos? ¿Cortar la ayuda militar a El Cairo? De acuerdo. ¿Qué más? ¿Acaso invadir Egipto y obligar a los egipcios a gobernarse democráticamente? Pensar que desde un despacho de la Casa Blanca (o peor, desde uno del Pentágono) se puede diseñar el mundo a voluntad de sus ocupantes es no entender nada de cómo funcionan las cosas en este tiempo.

      Dentro de lo que se puede esperar en el contexto actual (Egipto es una pieza clave en Medio Oriente y casi todo el mundo está aterrado ante la incertidumbre de lo que pueda deparar la era pos Mubarak), en el contexto actual, digo, no me parece tan censurable la postura de la diplomacia estadounidense: exigió, hace ya más de una semana, que se inicie una transición democrática, que cese la represión y –mientras escribo estas líneas— la embajadora en El Cairo está reunida con Mohamed El Baradei, la cara visible de la oposición laica. La UE sigue perpleja, paralizada, recién ayer sus principales dirigentes hicieron una declaración bastante vaga.

      Como casi siempre, EEUU parece adaptarse con más facilidad que los europeos a la dinámica cambiante del mundo.

  2. oficioso dice:

    Aquí se puede hacer un buen seguimiento:
    http://english.aljazeera.net/

  3. Pincho Casanova dice:

    Hoy leí que en Sudán también hay manifestaciones y las hay en Jordania. Me cuesta creer que se den más o menos al mismo tiempo en distintos países islámicos – no solo en el Magreb – sin alguna coordinación. Si los militares están con la revuelta, cosa que parecería ser así, la veo muy jodida para Israel. Respecto a las revoluciones en general, es sabido y consabido que los primeros en quedarla después de abatir un tirano o una dictadura, son los que la hacen, excepto el líder, obvio. En segunda fila esperan los que se harán con el poder más tarde, los que ordenarán las purgaciones en el ejército y en la política. Al pueblo lo seguirán defraudando y seguirán diciendo que todo se hace por él. La revolución iraní es un ejemplo de lo que podría pasar, aunque Egipto no tenga ayatolás. Es una lástima que saltó wikileaks antes de estos hechos. Estaría bueno saber lo que están informando los embajadores de occidente… habrá que esperar algunas novelas y películas para hacerse una idea de lo que sucede. Un Lartéguy por ejemplo.

  4. Fernando Francia dice:

    Me gustaría contactarte, Coco!!!
    Escribime por favor y retomamos contacto. Un abrazo enorme, a quien siempre considero uno de mis maestros.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: