Sobre la intervención en Libia

¿Intervenir o no intervenir en Libia? No es sencillo encontrar respuestas concluyentes a esta pregunta, al abrigo de la duda y de la eventualidad de tener que rectificar. La responsabilidad de tomar partido, teniendo en cuenta lo que está en juego, es tan abrumadora que no resulta nada sencillo escribir al respecto, pero supongo que no es necesario tener esa respuesta definitiva para reflexionar sobre el asunto.

Lo que está en juego es, nada más y nada menos, que, a diferencia de lo que ha ocurrido no hace tanto en Egipto y Túnez, el tirano que gobierna Libia ha decidido ahogar a sangre y fuego la rebelión contra su régimen.

No encontré mejor manera de abordar el asunto –una manera tan discutible como cualquier otra– que comenzar por considerar los reparos de los que se oponen a la tan citada como poco leída resoluciòn de las Naciones Unidas que autoriza la intervenciòn en Libia. Una buena parte de ellos invoca un principio absoluto, el de la no intervención, que así formulado no está sujeto a circunstancias ni contextos. Pero responder a la pregunta con que se inician estas líneas con un principio abstracto (“¡estamos en contra de la intervención en los asuntos internos de otros países!”) o con un arrebato moral que no contemple el contexto específico y los riesgos de que una intervención militar agrave la situación (“¡hay que detener como sea la masacre que está perpetrando Gadafi!”) es una frivolidad.

Es demasiado fácil defender la no intervención cuando se está a 10.000 km del terreno y se asiste a los crímenes de un tirano extravagante a través de la televisión. Aplicado al caso que nos ocupa, es decir al hecho de que los que se levantaron en contra de Gadafi estaban (o están) siendo víctimas de una masacre, el principio de no intervención (expresado una y otra vez en la solemne frase “el destino de los libios es un asunto de los libios”) equivale a afirmar “arréglense como puedan… no es asunto nuestro”. Precisamente cuando una buena parte de las sociedades árabes se levanta, a riesgo de sus propias vidas, contra las tiranías que tanto hemos condenado, cuando aniquilan todos nuestros prejuicios sobre su fanatismo religioso y reclaman las libertades democráticas que nosotros creemos merecer, les respondemos con una consigna de rutina, con un desdén por sus “asuntos internos”. Sin embargo, ya no es posible seguir aferrados a semejante dogma. En los últimos veinte años se ha aprobado una considerable legislación en materia de derechos humanos, se han creado tribunales penales internacionales para castigar los crímenes contra la humanidad y se ha perseguido, con mayor o menor fortuna, a los déspotas. Las violaciones de los derechos humanos ya no son, afortunadamente, un asunto interno de cada país. Existe incluso doctrina que no sólo autoriza, sino que obliga, a la comunidad internacional a evitar que se cometan crímenes contra la humanidad o genocidios.

Que el asunto no es tan sencillo como limitarse a proclamar el sacrosanto principio de no intervención lo demuestra el hecho de que cuando el mundo asistió impasible a los genocidios de Ruanda y Bosnia en los años 90, no faltaron las voces indignadas que clamaron, con razón, contra la pasividad cómplice de la ONU y las potencias occidentales, incluidas las de algunos que hoy defienden “la autodeterminación del pueblo libio”…  como si bajo Gadafi, el pueblo libio se estuviera autodeterminando. La pregunta es ineludible: ¿habría que haber hecho algo para evitar que 800.000 tutsis fueran asesinados en tres meses?, ¿habría que haber hecho algo para evitar la limpieza étnica en la antigua Yugoslavia? ¿El resto de los países deben hacer algo para evitar que los árabes que finalmente se rebelan contra sus dictadores sean masacrados? Si las respuestas a estos interrogantes son afirmativas (aunque ese “algo” admita todas las controversias y matices que se quieran), entonces el principio de no intervención es una herencia como mínimo problemática.

Una idea de lo que ha significado la resolución de las Naciones Unidas para quienes se han rebelado contra la autocracia de Gadafi la suministran las celebraciones en Bengasi no bien se conoció la aprobación de la zona de exclusión aérea. Es que en ella les iba la última esperanza de no ser aplastados por los aviones y la artillería de su propio gobierno. Claro que con esta constatación no pretendo dar por zanjada la controversia acerca de la resolución de la ONU, sino insistir en que la famosa doctrina de la no intervención se ve de una manera muy diferente cuando uno vive en Libia y aspira a sacarse una tiranía de encima que cuando se es un pacifista-por-principio.

Cuando se confronta a los defensores del principio de no intervención con la irrelevancia de una postura propia de Poncio Pilatos, cambian súbitamente de registro, tiran por la borda su oposición inicial a la intervención y recurren a argumentos completamente ajenos a esa doctrina. Por ejemplo: que la ONU es un organismo de opereta, una tapadera de la política imperial de Estados Unidos, y que por ende carece de legitimidad para defender a las víctimas de Gadafi, o que el gobierno de Obama quiere colonizar Libia y quedarse con su petróleo, o que las operaciones aéreas en Libia son el preámbulo de una invasión, como ocurrió en Irak hace pocos años, o invocan la hipocresía de unos burócratas que tienen un doble rasero para lidiar con las autocracias o incluso llegan a poner en duda que estemos asistiendo a una masacre de la población civil (ya sabemos que los grandes medios son tan capaces de ocultar una matanza como de inventársela). Repasemos cada uno de los reparos.

Va de suyo que la ONU no es la perfección, no es el foro de una naciente democracia cosmopolita, va de suyo también que sus estatutos y forma de organización son herederos de la Guerra Fría y, en fin, que en las relaciones internacionales la fuerza cuenta tanto o más que el derecho. La cuestión decisiva, sin embargo, no son estas constataciones evidentes, casi banales, sino si acaso estaríamos mejor sin las Naciones Unidas. Con  todas sus imperfecciones y flaquezas, la ONU es lo que tenemos y me atrevo a pensar que su inexistencia empeoraría aun más el panorama internacional. George W. Bush, por ejemplo, hubiera deseado que no existieran la ONU ni el derecho internacional. Las Naciones Unidas son las que deben aplicar el derecho internacional (a veces lo hacen muy mal, ciertamente) y en ella están representados todos los gobiernos. De modo que si la ONU no tiene legitimidad para intervenir en aras de evitar una matanza, ¿quién la tiene? La alternativa a la ONU es el imperio de la fuerza desnuda. Con la ONU y el derecho internacional ese imperio tiene ahora cortapisas. ¿Insuficientes? Sin duda. Una razón más para mejorarla, en lugar de arrojar leña a la hoguera en la que se pretende incinerarla.

Por eso mismo, esta intervención, aprobada por la ONU,  no puede compararse con la invasión de Irak, una iniciativa unilateral del gobierno de Bush, a la que se opusieron las Naciones Unidas. La invasión de Irak fue pacientemente diseñada mentira sobre mentira (Saddam Hussein no tenía armas de destrucción masiva ni vínculos con Al Qaeda); la resolución del Consejo de Seguridad que autoriza la intervención en Libia se basa en datos incontrovertibles sobre una masacre en curso. Es llamativo cómo la fluidez de los acontecimientos nos lleva a olvidar el origen de la situación en Libia: la revuelta en este país se inició hace cuarenta días con características no del todo diferentes a las de sus vecinos. Y si hoy asistimos a lo que asistimos es únicamente porque Gadafi respondió con una represión salvaje a manifestaciones pacíficas. De no haber sido por la destrucción de las defensas anti-aéreas del régimen, sus tropas ya habrían ocupado Bengasi y todo esto hubiera acabado, con los rebeldes cazados “casa por casa”, como se encargó de anunciar el propio Gadafi. La desigualdad de fuerzas es tan patente, que no es posible hablar con propiedad de una guerra civil.

No hay indicios de que el propósito de la coalición internacional que hoy controla el espacio aéreo libio sea ocupar ese país y derrocar al tirano, sino detener la masacre, algo que por cierto no está del todo claro que se esté consiguiendo. No es que el presidente Obama no haya tomado partido; lo ha tomado en contra de Gadafi (pero, finalmente, ¿hay alguien que no lo haya tomado ya?, ¿hay alguien que sea neutral en este conflicto?), pero sabe, como no lo supo su tosco predecesor, que derrocar gobiernos y ocupar países en plena modernidad líquida resulta una estrategia demasiado pesada y costosa. Sabe que el poder real no depende del control de un territorio (Irak y Afganistán están ahí para recordárselo cada mañana). En las actuales condiciones de crecientes interdependencias no hay imperio capaz de lograr que su dominio sobre un territorio se traduzca automáticamente en un dominio político y económico. Después de todo no se trata de creer o no creer en que Sarkozy, Cameron u Obama se detendrán a las puertas de la jaima de Gadafi, sino de comprender que lo último que debe de estar pasando por la cabeza de esos dirigentes es ocupar Libia con sus tropas.

El control de los recursos petroleros –el argumento preferido de los artículos de Fidel Castro y de las denuncias de Chávez, Daniel Ortega y Evo Morales (quien, por cierto, recibió cuando era líder de los cocaleros ¡el Premio Gadafi a los derechos humanos!)– como explicación de la intervención tampoco resulta convincente. Las potencias occidentales no necesitan ocupar Libia ni derrocar a Gadafi para garantizarse el suministro de petróleo, entre otras cosas porque ya disponen del petróleo libio, del venezolano, del saudí y el de la gran mayoría de los países árabes. El 80% de los hidrocarburos libios se exporta a Europa y las grandes multinacionales occidentales ya tenían o tienen contratos para extraer crudo de los pozos del coronel.

Si tuviera que dar una explicación que excluya totalmente la posibilidad de que las Naciones Unidas y los líderes de las potencias occidentales estén realmente preocupados por los derechos humanos, es decir un motivo geopolítico o una razón de Estado pura y dura, diría que, a diferencia de muchos de sus críticos, el gobierno de Obama cuenta con que la revolución democrática en el mundo árabe ya no tiene vuelta atrás; se toma en serio que, salvando las diferencias, los cambios a los que asistimos representan para estos países lo que la caída del muro de Berlín para el antiguo bloque soviético. Si esto es así, Estados Unidos querrá estar del lado de los ganadores y tolerar una masacre en Libia hubiera sido un muy mal comienzo de la relación con sus futuros socios. “Lo que estamos tratando de conseguir  (…) es que la nueva generación de líderes que en esas naciones están emprendiendo el cambio se puedan identificar con Estados Unidos”, dijo el senador Dick Durbin, número dos de la bancada demócrata en el Senado.

El reparo de que Naciones Unidas no asume la misma postura en parecidas circunstancias en otros países es un argumento atendible. El Global Centre for the Responsability to Protect identifica al menos diez países (Libia entre ellos) en los que se debería aplicar el principio de la Responsabilidad de Proteger y, por ende, autorizar alguna forma de intervención de la comunidad internacional para proteger a las víctimas de crímenes masivos. Sin embargo, este argumento (esta constatación habría que decir) bien puede volverse en contra de quienes lo invocan: recordar que en este mismo momento existen otras nueve matanzas en curso no abona la hipótesis de que no hay que intervenir en Libia, sino, en todo caso, que también habría que intervenir para detener las demás.

En resumen, los motivos expuestos por los partidarios de la “autodeterminación de los libios” no terminan de resultar convincentes. Las dudas que abrigo sobre esta intervención son de naturaleza completamente diferente.

Hace una década, una comisión internacional independiente encargada por la ONU elaboró seis criterios para decidir en qué casos está justificada la intervención militar. Ellos son: autoridad legítima, causa justa, intención debida, último recurso, medios proporcionales y posibilidades razonables (de triunfar). La experiencia indica que tanto en política como en el ámbito militar, esas “posibilidades razonables” de éxito son difíciles de aquilatar.

No está nada claro en la actual intervención qué sería tener éxito pero sí lo está en qué consistiría el fracaso y las posibilidades de este último son enormes. Por empezar, no habría que dar por hecho que el control del espacio aéreo por las fuerzas internacionales detendrá a las tropas de Gadafi, sobre todo si se quiere evitar una matanza sin organizar otra. A juzgar por las informaciones disponibles en el momento en que escribo estas líneas, el sátrapa sigue bombardeando ciudades y cometiendo asesinatos masivos. Lo que se preguntan los expertos en asuntos militares es si es posible detener a las fuerzas del coronel sólo con una fuerza aérea, sin poner pie en tierra. Y naturalmente soy el menos indicado para responder a esa pregunta.

Las contradictorias declaraciones de los mandos de la operación abonan la sospecha de que sabemos cómo empieza esta intervención pero no cómo termina, lo que en el polvorín del Magreb y Oriente Medio no deja de ser un gran problema. Obama sostiene que el propósito de la operación no es derrocar a Gadafi, sino proteger a la población libia; Cameron no opina lo mismo. ¿Cuándo puede darse por concluida la tarea de proteger a las víctimas? ¿Se la puede dar por concluida con Gadafi en el poder? ¿Habrá que negociar la salida de Gadafi? ¿Quién lo hará y en nombre de quiénes? Nada de esto está claro y las interpretaciones acerca de la ya de por sí ambigua resolución 1973 varían desde una harto flexible, que contempla la aniquilación del régimen, hasta las que rechazan rotundamente esa posibilidad. Es difícil no percibir cierta improvisación en la iniciativa (y es posible que la haya habido si, como muchos sospechamos, uno de los propósitos de la misma era evitar que Bengasi, la capital de la revuelta, cayera en manos de Gadafi). Si se tiene en cuenta que estamos hablando de una parte del mundo en la que la fama de las operaciones extranjeras (con o sin autorización de la ONU) no es lo que se dice gloriosa, el menor error podría terminar por dar aire a los autócratas y contribuir a detener (o al menos posponer) una rebelión que ya se extiende como un huracán por la mayoría de los países de la zona y que amenaza con barrerlos.

La pregunta del principio, sin embargo, sigue siendo necesaria. Ninguna de las dudas expuestas justifica, a mi juicio, renunciar a formularla. Mucho menos a declararse neutral frente a lo que está en juego en Libia.

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26 Responses to Sobre la intervención en Libia

  1. pincho dice:

    Si, mejor que esté la ONU, sin duda. Si la ONU mejora en su superinstitucionalidad, es que el Hombre se habrá superado en su “humanidad”, entendida desde el Humanismo. Sin embargo, creo que las bombas sobre Libia las dejaron caer, los primeros, aviones franceses de Sarkozy. Creer que Nico se puede preocupar por una masacre de libios a manos de Gadafi, es como creer que las intervenciones de la OTAN en Kosovo o en Sarajevo fueron motivadas por evitar esas masacres. Una cosa es la OTAN y otra la ONU. La OTAN no es el brazo armado de la ONU. Creo y decime si estoy equivocado, son organismos independientes. Con los Tutsi pasó que los holandeses no intervinieron cuando debían, y ese prevaricato hizo que todo el gobierno holandés renunciara. Hasta ahora, que yo sepa, la alianza es de la OTAN, y parecería que hubo una instancia de acuerdo con la ONU, cuya declaración no pude leer todavía, pero que se salían los anglos y los francos a ver quién atacaba primero a las fuerzas de Gadafi.
    Es decir que el reinado de Gadafi no es querido por occidente y no sólo que no les importa en este caso, y repito: en este caso, el supuesto derecho de los países a no ser intervenidos cuando se trata de problemas internos. Entonces intervenimos y listo. Occidente muestra su fuerza e intervendrá con fuego y democracia donde haya caos y fundamentalismo. Suena lindo. Y si no te convences del todo, mirá un par de veces el spot de cocacola. Para que haya tapetes de welcome en el mundo, los tanques y los aviones son necesarios. Tómalo o déjalo. Finalmente los pueblos tendrán el gobierno que merecen, y ya este siglo no quiere más dictadores. Nuestro mundo global no soporta más las dictaduras, son inhumanas y antiestéticas. Dan miedo y generan odio. Es mejor que el mundo se gobierne anónimamente y que la democracia se exprese en las acciones (de las sociedades anónimas ) y que de todo ese fluir financiero y productivo se represente, en los grandes teatros que son las casas de gobierno de los países y los parlamentos, la gran obra humana.
    Lo que está pasando en los países musulmanes y árabes, es una gran oportunidad para que los pueblos de occidente se acerquen, en mensaje de paz y democracia. Que se apasigüe su fundamentalismo y que no gane ni por votos. Pero va a estar difícil, si ya empezaron a tirar bombas los militares. Para hacer grandes negocios, para movilizar millones y billones de dólares, hay que romper todo. Cuanto más mejor. Para las industrias armamentistas puede ser un gran negocio el dictador Gadafi. Fidel no. Milosevic lo fue. No hay guerra con Irán, no invadieron Venezuela.
    Trato de ser antibelicista, pero en la lógica del desarrollo de la obra que se está actuando en estos momentos, La OTAN debía intervenir y la ONU acompañó, motivo humanitario, lo hay. No se habla de invasión. Occidente apoya la revolución popular que no es islámica. Me gustaría tener el optimismo de cocacola!

    • No entendí (casi) nada de tu planteamiento, Pincho. Si podés precisarlo un pcoo más, se agradece. No, la OTAN no es el brazo armado de la ONU. ¿Y entonces? Se me ourre que el peso de la operación lo llevan EEUU, Gran Bretaña y Francia porque son los únicos capaces de hacer respetar la zona de exclusión aérea. No veo qué otros países podrían hacerlo.

  2. Lorenzo dice:

    “Creer que Nico se puede preocupar por una masacre…”, no, Pincho, hay que creerse nada
    Las intenciones no cuentan en este tema. No sé si Sarkozy es bueno o malo, si está preocupado de veras por los derechos humanos. Lo que hay que discutir es si la iniciativa en la que participa Francia va a servir para detener una masacre sin pudrir más la situación de lo que está. En política las intenciones no cuentam. cuentan los resultados. Todos tenemos buenas intenciones… No hubo intervención en Ruanda y ya sabemos lo que pasó y en Sarajevo se intervino (tarde) y también sabemos lo que pasó.

    Lo otro es que el gobierno holandés no cayó por nada relacionado con Ruanda, sino por la pasividad de los cascos azules (holandeses) em la masacre de Srebrenica (o como se escriba) en Bosnia.

    El post es muy lúcido, ubica bien el problema, domde está la discusión.

  3. Pablo Azzarini dice:

    No tendría ningún problema con que una coalición extranjera interviniera en mi territorio para salvarme la vida.
    Creo que en su origen los conceptos de “no intervención“ y “libre determinación de los pueblos” se referían a impedir acciones como la de Estados Unidos cuando secuestró a Aristide. Es decir cuando algún matón mete la cuchara en un país para “arreglar” las cosas a su gusto y parecer.
    Los cuerpos de paz de la ONU intentan pacificar, dar un tiempo a la resolución política de los conflictos tratando de evitar masacres. Es una forma de intervención extranjera.
    En el caso libio es un mamarracho medio incomprensible, al menos para mí. Me hace acordar a aquella costumbre del ejército yanqui en Vietnam que permitía que los soldados, luego de horas en la jungla, descargaran sus armas contra cualquier cosa una vez que llegaban a un lugar seguro. Creo que hay algo de eso en la pronta respuesta de los milicos franceses: sacarse las ganas de jugar con sus avioncitos.
    De intervención humanitaria no tiene nada, si no por qué el bombardeo de Trípoli.
    El tema que plantea Barreiro es interesante, ya es hora de reconsiderar y quizás resignificar algunas consignas que se establecieron como principios inviolables.

  4. pincho dice:

    Se suman España e Italia, a pesar de que Berlusconi y Gadafi son amigos. Ayer u hoy las operaciones quedaron formalmente bajo la órbita de la OTAN. Gracias por la corrección sobre Holanda. Está el tema del petróleo, que por omnipresente lo obvié. En youtube hay muy interesantes videos sobre la historia de Libia y de Gadafi.

  5. Este muy buen artículo salió publicado hoy en El País. Es contundente y el autor tiene una envidiable capacidad de síntesis.

    http://www.elpais.com/articulo/internacional/tiene/ver/Auschwitz/Bengasi/elpepiopi/20110327elpepiint_2/Tes

  6. jorge dice:

    Asi es , Barreiro, el articulo que citas es muy certero.Tal cual, como dice Naim:
    “Exigir que la moral sea la guía única en la conducta internacional de los Estados es ingenuo. Los intereses económicos, militares y geopolíticos siempre van a primar. Pero tenerlos como único factor y olvidarse de lo que nos define como seres humanos es inaceptable. Defender principios humanitarios fundamentales también debe ser parte del interés nacional de todo país decente. Afortunadamente para los libios, en este caso prevaleció la decencia. Y no importa que lo que venga después de Gadafi también sea indecente. Es un riesgo que vale la pena correr.”
    Es cierto que siempre en toda accion de este tipo, y en ataques y coaliciones bailan innumerables intereses diversos y divergentes a veces de por medio , pero , cuando lo que efectivamente se logra es proteger a una poblacion de una masacre segura , este discurso pasa a un segundo plano. Aca en España volvio a reflotar la plataforma NO a la guerra ,la misma que lleno las calles cuando la guerra de Irak, luego aprovecho su organizacin para salir cuando la ofensiva israeli contra Gaza, y ahora volvio a salir, eso si con muchisimo menos eco y un discurso bastante patetico.
    Habria que reconocerle de paso al gobierno israeli y a unos pocos mas, el merito de ser de los pocos que no parara de denunciar el nombramiento de Gadafi como jefe de la comision de derechos humanos de la ONU!!!. En todo caso en este particular un merito no poco desdeñable visto como las gasta el coronel con sus propios paisanos.
    Creo que la columnita de La Vanguardia , de Quim Monzo , acerca de la movilizacion y posicionamiento de los NO a la guerra en este caso esta tambien muy bien, ver el link que sigue.

    aslciohttp://paucorcelles.blogspot.com/2011/03/la-mochila-y-la-furgoneta.html

    o bien en este:
    http://paucorcelles.blogspot.com/2011/03/la-mochila-y-la-furgoneta.html

    Formulas preguntas muy adecuadas, en cuanto a si estariamos mejor sin la ONU, seguramente que no, lo cual no quita que mucha parte de su funcionamiento e iniciativas puedan ser objet de grandes criticas .

  7. Agustina dice:

    Dado que no se interviene en todos los conflictos que ponen en peligro a la población civil, en vez de concluir que “también habría que intervenir en los demás”, uno debería preguntarse por qué se elige intervenir en un conflicto y no en otros.
    ¿No se ve la diferencia entre tener contratos con el gobierno de turno para comprar petróleo y tener el control (adueñarse) de los pozos?
    ¿No será que tal vez en Ruanda no se intervino porque es un país carente de recursos que pudieran interesarle a nadie, lleno de gente por añadidura pobre?
    “Control del espacio aéreo” ¿no es un eufemismo para “autorización para bombardear lo que queramos”?
    ¿Hubo alguna intervención militar que haya evitado matanzas o es más bien al contrario: cuando intervienen militares siempre hay muchos muertos de los que se sabe muy poco?
    ¿No hay algo contradictorio en que los mismos gobiernos europeos que están sacando a los inmigrantes a patadas en el culo se muestren tan preocupados por sus vidas y su bienestar ante ciertos problemas (no todos) que se dan en sus países de origen?
    La fuerzas de la ONU (o ahora la OTAN), ¿van a proteger personas o pozos de petróleo o posiciones geopolíticas o fronteras o qué?
    ¿La OTAN preocupada por la suerte de los rebeldes libios? ¡Por favor!

  8. Agustina se pregunta por qué se interviene en Libia y no en otras partes, pero no responde si se debe intervenir en Libia o no. Eludir esta última cuestión es lo habitual en los que se oponen a la actual intervención. No nos dicen si habría que intervenir o no (algunos responden tácitamente cuando afirman que es un asunto interno de los libios).

    En lo que respecta a los motivos de la intervención aprobada por las Naciones Unidas (no por la OTAN, que es la encargada de aplicar la resolución porque la ONU no tiene ejército propio), ya he escrito en el post a título de hipótesis. Admito que puede ser discutible, pero descarto totalmente la que sugiere Agustina: adueñarse del petróleo. La mejor manera de que las potencias occidentales se aseguraran el suministro de crudo era mantener el statu quo previo al conflicto. Un conflicto en cualquier país productor de petróleo es el camino más seguro para poner en riesgo ese suministro. ¿Qué quiere decir adueñarse de los pozos cuando los contratos vigentes permiten sacar todo el petróleo necesario? Para EEUU sería demencial (costoso y peligroso, propio de la era del colonialismo, no del capitalismo global) invadir y ocupar un país para garantizarse el suministro de crudo.

    El indiscutible doble rasero de las potencias occidentales a la hora de intervenir para prevenir crímenes contra la humanidad lo trata mucho mejor que yo Moisés Naim en su artículo (el link está más arriba). Dice: “La consistencia en todas las actuaciones no es posible y, con frecuencia, es poco deseable. Por ejemplo: Estados Unidos hostiga a la Junta Militar de Myanmar por sus violaciones a los derechos humanos, pero recibe con honores a los mandatarios chinos. El doble rasero es obvio. ¿Preferimos entonces que, para evitar esta contradicción, Washington deje de presionar a los carniceros de Myanmar? ¿O que se agrave el conflicto con China? Todos los países que interactúan ampliamente con el resto del mundo se enfrentan a dilemas que no pueden ser resueltos tratando de ser totalmente consistentes”.

    ¿Prefiere Agustina que, para ser coherente, la ONU no intervenga en Libia porque antes no lo hizo en otros países en los que debió hacerlo? Mi respuesta es que vale la pena condenar a un dictador aunque nueve queden en la impunidad.

  9. pincho dice:

    ahora que leí toda la resolución 1973 de la ONU respecto a Libia, entiendo que dejaron piedra libre para que los militares hagan lo que les parezca. A ellos les pareció que para evitar que los aviones libios recorran el espacio aéreo interdicto, había que tirar bombas contra las fuerzas de Gadafi. Eso lo entiendo como acción bélica directa. Más que responder a la pregunta de si estoy de acuerdo o no, me gustaría entender las causas por las que la otan, o Francia o Reino Unido, interpretan lo de la onu como un visto bueno para el bombardeo. ¿Era el único modo de convencer a Gadafi se detener la masacre?
    No puedo demostrarlo ni digo que sea siquiera la causa más importante, pero los franceses no pierden oportunidad de mostrar al mundo lo bien que funcionan sus armas…y lo del petróleo, este mapa muestra a dónde va el petróleo libio http://sp.rian.ru/images/14841/41/148414124.jpg Tengo una tercera posición: no sé si estoy de acuerdo con la intervención en Libia ni me parece importante estar o no de acuerdo, pero me alegro mucho que haya un payaso megalómano menos como héroe y jefe de un país entero.

  10. Agustina dice:

    Perdón, no sabía que se trataba de “diga sí o diga no a la intervención”, me confundió el espacio para los comentarios, que es más grande que el cuadradito habitual para esas respuestas. Pensé que se podía decir “no sé, me despierta dudas que creo razonables, y las pondré en consideración”.
    A Barreiro mis dudas le parecieron dudosas.

    Claro que un conflicto pone en riesgo el suministro de petróleo, y por eso se interviene, ya que “mantener el statu quo previo al conflicto” es a todas luces imposible luego de que éste se desató. Ahora, gracias al conflicto y a la intervención para defender a los rebeldes tal vez se pueda conseguir una situación incluso mejor que la previa, ya se sabe cómo son los amigos.

    • Mi curiosidad no pretendía ponerle coto a sus dudas, interrogantes, reflexiones, comentarios, conjeturas y opiniones. ¡Por favor! Pero sería interesante conocer, además, esa respuesta.

  11. Agustina dice:

    Azzarini: no son tan importantes los países como las empresas (el mercado del petróleo no es asunto de estados, es privado).

    • pincho dice:

      no, no, Agustina, es asunto de estado, y si no preguntale a Mvédev. O mirá los videos donde Berlusconi le besa la mano a Gadafi. Que sean privadas las compañías no quiere decir que no sea asunto de Estado. Estoy de acuerdo con lo último que decís. Francia y Reino Unido usan poco más del diez por ciento del petróleo libio, pero Italia casi un tercio. No pude encontrar datos respecto de dónde importan el resto del petróleo, pero Italia estoy seguro que necesita del mismo. Deben tener planes b y c y d con o sin Gadafi, respecto al petróleo libio. NO creo que le hagan la guerra a libia sólo por el petróleo. ES mejor que Gadafi muera como un dictador defenestrado que como un líder africano, o un idealista panárabe, al que las masas puedan recurrir en el futuro. Además está que la justicia tarda pero llega, y el atentado de Lockerville se la debían.

  12. Agustina dice:

    Algunos analistas consideran que un final muy probable de este episodio es que Libia se divida en dos, y quedaría el Oeste para Kadafi y el Este como una suerte de protectorado occidental. Kadafi era (es) muy amigo de varios de los adalides de la democracia, ya lo era siendo un terrible tirano. Alguna vez habrán hablado del tema, supongo. (-Che, Muhammar, y si se te levantan en armas, ¿qué hacemos? A vos en público no te podemos defender, sos muy marcón, pero entre nos podemos arreglar algo, ¿no te parece?). En suma, para mí son todos malos, tanto el sátrapa como los supuestos defensores de la libertad. Los malos tienden a aliarse entre sí. Las víctimas, como siempre, serán en su mayoría inocentes. La situación posterior a todo este conflicto tampoco asegura nada mejor para los libios de a pie. Tal vez sea simplista, pero es mi opinión. Gracias por el interés.

    • Rodolfo Rodriguez dice:

      Hasta cierto punto Agustina tiene razón en que podemos encontrar muchas cosas malas tanto en el país del sátrapa Gadafi, como en los países “supuestos defensores de la libertad”. ¿Pero acaso podemos meterlos a todos en la misma bolsa, y decir que son todos iguales?. ¿Hubo en toda la historia humana algún régimen o gobierno que podamos considerarlo totalmente bueno, y a partir del cual podamos juzgar a todos los demás?. Hubo épocas no muy lejanas en que construimos utopías sociales perfecionistas, a partir de las cuales todo lo existente era abominable. Hoy, con cierto pragmatismo se comprende que la opción no es entre sociedades buenas y sociedades malas, sino entre sociedades malas y sociedades menos malas y que el progreso humano medido en mas tolerancia, mas libertad, mas democracia y mas justicia social, para que los conflictos humanos se resuelvan lo mas racionalmente posible, es un largo camino de pequeños y a veces hasta mediocres logros cotidianos, pero que a la larga son mas efectivos que las estridencias de los objetivos maximalistas.
      Por eso coincido en que esos paises “supuestos defensores de las libertades” tienen muchas cosas criticables y a mejorar, pero creo que es injusto no reconocer que en el camino de volver mas humanas a nuestras sociedades, han recorrido un trecho bastante mas largo que esos regimenes teocráticos.

  13. pincho dice:

    nota de la bbc hoy

    Libia: Rusia rechaza armar a los rebeldes
    Hace 31 min

    El ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergei Lavrov, afirmó este miércoles que la coalición internacional que interviene militarmente en Libia no tiene derecho a armar a los rebeldes que se enfrentan a las fuerzas gubernamentales del coronel Muamar Gadafi.

    Lavrov dijo que su país acordó que la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) actuara en el país africano porque la operación tenía la intención de proteger a la población, no la de armarla.

    Las declaraciones se producen horas después de que el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, afirmase que no descartaba esta opción. Algo en lo que también coincidió el primer ministro británico, David Cameron.

  14. Rafael Rügnitz dice:

    Hola muchachos, en referencia a los comentarios y al texto que los motivara se me ocurrió oportuno agregar este informe que me parece por demás ilustrativo.
    Cada cual sacará sus propias concluciones.
    salú, libertá y arroz con leche
    rafa

    LIBIA: Quien es Muamar el Gadafi? Un informe muy completo.

    ”EL LEÓN DEL DESIERTO”

    Julio César Centeno

    El coronel Gaddafi nació en una tienda tribal beduina un 3 de septiembre en 1942. Se graduó de abogado a los 21 años de edad. Luego estudio en la Real Academia Militar de Sandhurst, Inglaterra, y en la Academia Militar Helénica de Grecia.

    En 1969, a los 27 años de edad, derrocó al rey Idris, un tirano impuesto por Inglaterra y Francia. Declaró querer ser “el Che Guevara del oriente medio”. Al año siguiente ordenó la expulsión de las bases militares extranjeras de territorio libio. Estableció el llamado “socialismo islámico” por medio del cual se buscaba una democracia directa: el gobierno de las masas a través de Consejos Populares y Comunas. Se creó así la Gran Yamahiriya Árabe Libia Popular Socialista. La Yamahiriya: estado de las masas, es un híbrido de Islam, socialismo y democracia directa, ideología que proclama en su Libro Verde. Se estableció un Congreso General del Pueblo, con Gaddafi como su Secretario General. Nacionalizó las empresas petroleras y expulsó a los funcionarios norteamericanos, británicos e italianos que habían dominado y vejado al país durante décadas.

    Libia era la sede de la base militar aérea más grande de los Estados Unidos en el norte de África: Wheelus Air Base. El pentágono mantenía una base para el lanzamiento de misiles a sólo 25 kilómetros de Tripoli. Nunca se lo perdonaron. Fue inmediatamente catalogado como enemigo de los Estados Unidos. Libia fue señalado como un estado paria por defender su derecho a la autodeterminación y la autonomía. Las cosas empeoraron aún más por el papel protagónico de Gaddafi en el embargo petrolero de 1973 contra los Estados Unidos y por su cooperación con la Unión Soviética.

    Fue un ferviente seguidor del destacado dirigente egipcio Gamal Abdel Nasser, especialmente en su lucha por la unión de los pueblos árabes en una gran Nación Árabe. Defendió la nacionalización del Canal de Suez por parte de Egipto. Firmó con Nasser la llamada Carta de Trípoli, donde se concretan acuerdos de cooperación militar, estratégica y económica entre Egipto y Libia.

    Con la muerte por envenenamiento de Nasser en 1970, Gaddafi tomó el liderazgo del pan-arabismo. Dos años después se anuncia la creación de la Federación de Repúblicas Árabes, integrada entonces por Siria, Egipto, Irak y Libia. Fue también uno de los más destacados líderes de la Organización de Países No-Alineados.

    Gaddafi ha apoyado sin vacilación la causa Palestina durante décadas. En 1972 anunció que Libia apoyaría, entrenaría y financiaría a cualquier árabe dispuesto a defender la causa palestina. Fue inmediatamente catalogado como “terrorista”.

    A partir de entonces llovieron acusaciones sobre su participación o apoyo en numerosos atentados terroristas en Roma, Viena, Berlín, Chad, Filipinas, Egipto. Se le acusó de ser el principal punto de apoyo de uno de los terroristas mas connotados de la época: el venezolano Carlos Illich Ramírez, “El Chacal”. Carlos fue capturado en 1994 y cumple desde entonces una condena a cadena perpetua en la prisión La Santé de Paris.

    Como es costumbre, contra cualquier jefe de estado que se rebele contra el orden internacional impuesto a los países en desarrollo después de la segunda guerra mundial, se le acusó de participación en el narcotráfico, de fomentar el terrorismo, de desarrollar armas de destrucción masiva, de apoyar a las FARC en Colombia, al IRA (Ejército Republicano Irlandés), a la ETA en España, a Hezbollah en Líbano, a Hamas y otros “terroristas” palestinos. El presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan, se refería a él como “el perro rabioso del desierto”.El gobierno norteamericano trató varias veces de derrocarlo. En agosto de 1981 la revista Newsweek dio a conocer un plan presentado por el director de la CIA al gobierno norteamericano para asesinar a Gaddafi. Días después dos aviones de guerra norteamericanos atacaron dos aviones Sukhoi libios en espacio aéreo libio. Los aviones norteamericanos habían despegado del portaviones John Kennedy, estacionado frente a las costas libias de mar mediterráneo.

    En 1986 Ronald Reagan ordenó el bombardeo de las principales bases militares y edificios gubernamentales en las ciudades de Trípoli y Benghazi, en un intento por asesinar a Gaddafi e incitar la sublevación popular. Los aviones despegaron desde bases norteamericanas en Inglaterra.

    En el bombardeo murió una de sus hijas menores, Jana, y docenas de oficiales de su entorno más cercano. El crimen quedó impune. Libia fue rápidamente convertido en un estado paria. Durante los siguientes 10 años el coronel Gaddafi se convirtió en el Osama Bin Laden de la época. Libia fue cercada. Se le impuso un embargo comercial para forzar el derrocamiento de Gaddafi, similar al que ha padecido Cuba por más de 50 años.

    Fue acusado de ordenar la colocación de una bomba en un avión comercial Boeing 747 de la principal línea aérea de los Estados Unidos para entonces: Pan American. El avión explotó en el aire en diciembre de 1988 sobre la población de Lockerbie, Escocia. Murieron 259 personas que viajaban en el avión y 11 ciudadanos de Lockerbie.

    Luego de un largo proceso de negociación, en 1999 Gaddafi entregó a la justicia escocesa a los dos ciudadanos libios acusados de haber colocado los explosivos.

    En 1997 Nelson Mandela tuvo la valentía de visitar a Gaddafi en Trípoli, para denunciar la injusticia que se cometía contra ese pueblo por su rebeldía y su intento de decidir su propio destino. Mandela sabía por experiencia propia lo que era ser acusado de crímenes sin que existieran pruebas sobre ellos y sin derecho a la defensa. Había sido liberado de la cárcel 7 años antes, después de 27 años de prisión por su rebeldía ante el régimen discriminatorio de la población negra de Sur África por parte de una minoría blanca de origen europeo. Visitó a Gaddafi siendo el primer presidente de raza negra y el primer presidente electo democráticamente en Sur África.

    Su visita fue seguida por la del secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, de origen Africano. Libia aceptó cancelar 2.700 millones de dólares en compensación a familiares de víctimas de atentados terroristas de los que se acusaba a ciudadanos libios, aunque sin reconocer culpabilidad de la nación Libia. Se levantaron las sanciones internacionales que pesaban sobre el país.

    En el 2008 el presidente Bush deja sin efecto las sanciones unilaterales que había impuesto Estados Unidos contra Libia, retirándola de la lista de “estados que apoyan el terrorismo”.

    Las transnacionales petroleras se abalanzaron sobre Libia en busca del control de los gigantescos yacimientos de su codiciado petróleo liviano. Lo mismo hicieron los perros de la guerra, ofreciendo armas, desde sofisticados aviones de combate hasta fusiles, ametralladoras y municiones. Muchos se jactaron de haber finalmente obligado a Gaddafi a ceder en sus posiciones radicales.

    Ese mismo año Gaddafi recibió la visita de Condoleezza Rice, secretaria de Estado del gobierno norteamericano. Luego desfilaron por Trípoli los jefes de estado de los países que se proclaman dueños del planeta: el primer ministro británico, Tony Blair, seguido por su reemplazo Gordon Bown, el presidente de Francia, Sarkozy, el presidente de Rusia, Vladimir Putin. El rey Juan Carlos de España, y Rodríguez Zapatero se humillaron ante él en el 2009 para venderle 3.500 millones de euros en armas. Gaddafi se convirtió en una especie de vedette política en círculos internacionales. Fue invitado a participar por primera vez en la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde fue recibido por el presidente Barak Obama. Fue invitado a visitar Francia, Italia y España, siempre recibido como el “Rey de Reyes” y “el León del Sahara”.

    En el 2009 fue electo Secretario General de la Unión Africana. Allí proclamó su determinación a seguir luchando por el establecimiento de la integración de los países africanos y la conformación de los Estados Unidos de África. Su discurso en este foro dejaba en evidencia que sus concepciones radicales y socialistas se mantenían intactas. Los analistas internacionales de las principales empresas de comunicación concluyeron sin embargo que se trataba solo de “retórica populista”.

    En su discurso en la Asamblea General de las Naciones Unidas en el 2009, Gaddafi dejó claramente definida su posición. Acusó a Israel del asesinato de John Kennedy; abogó por la solución del conflicto israelí-palestino a través de un estado único. Se refirió al Consejo de Seguridad como “el Consejo del Terror”; criticó la validez de la Asamblea General de la ONU por permitir que sus decisiones sean ignoradas por los países mas poderosos y rompió la Carta de las Naciones Unidas en el podio de los oradores.

    En marzo del 2010 uno de sus ocho hijos, Hanibal, fue detenido en Suiza acusado de maltrato a dos empleadas domésticas. Gaddafi suspendió la venta de petróleo y adoptó represalias económicas y comerciales adicionales contra Suiza, llamó a la guerra santa contra ese país y declaró que anhelaba que fuera “barrido del mapa”.

    La Unión Europea no se apresuró a denunciar semejante amenaza, asumiendo una posición diametralmente opuesta a la tomada contra Irán por presumiblemente aspirar lo mismo sobre el estado de Israel. Por el contrario, la UE se disculpó públicamente por haber prohibido a unos ciudadanos libios la entrada a Europa a raíz del conflicto entre Suiza y Libia.

    El comportamiento de Gaddafi ha sido frecuentemente considerado excéntrico. Cuando visitó la ciudad de Nueva York para participar en la Asamblea General de las Naciones Unidas solicitó autorización para colocar su gigantesca carpa beduina en un parque. Así se hizo. Armó su carpa en los jardines de la mansión del millonario Donald Trump. Allí conducía sus negocios y recibía visitas. Llevó además camellos, para tomar leche fresca al levantarse. Como es su costumbre, viajó acompañado de docenas de jóvenes mujeres guardaespaldas, quienes no sólo lo protegen, sino que se encargan de su cuidado y su alimentación: nunca falta ni el queso de cabra ni los dátiles.

    En una reunión cumbre de la Liga Árabe, Gaddafi se puso un guante blanco en su mano derecha. Explicó que trataba de evitar infecciones al estrechar la mano de otros jefes de estado que pudieran haber tenido contacto con funcionarios israelíes.

    Algo similar ocurrió cuando visitó Paris, por invitación de Nicolás Sarkozy. Fue recibido como un rey. La visita concluyó con negociaciones para la venta de armas de guerra y la inversión de empresas francesas en el negocio petrolero libio.

    Cuando viajó a Roma, como invitado de honor de Silvio Berlusconi, colocó su carpa en un parque en el centro de la ciudad. No llevó los camellos, sino 200 mujeres guardaespaldas que conforman varios anillos de seguridad, armadas con Kalashnikovs.

    Las mujeres que custodian a Gaddafi son expertas en artes marciales, en el uso de armas de fuego y de armas blancas, en pilotear aviones, helicópteros y barcazas; son entrenadas como francotiradoras, en el manejo de explosivos y en actividades de espionaje. Berlusconi lo honró con una cena de lujo para 800 personas, apropiada para un Rey.

    A pesar de las atenciones y los halagos de Berlusconi, Gaddafi fue particularmente severo con sus anfitriones italianos. Fueron demasiados los crímenes y vejaciones cometidos por Italia durante su ocupación y colonización de Libia desde 1911 hasta 1943. Cuando Berlusconi menos se lo esperaba, Gaddafi se despojó de su ropaje beduino y se vistió de militar. Junto a sus condecoraciones castrenses, se colgó del pecho una fotografía en blanco y negro de 1931.

    En la fotografía se encuentra, humillado y encadenado, el héroe libio Omar Al-Mukhtar, rodeado de sus captores italianos. Al-Mukhtar lideró durante veinte años la lucha de los beduinos contra la brutal ocupación italiana.

    Fue para él que se acuñó el apodo de “el León del Desierto”. Su figura es venerada en Libia. Los fascistas italianos lo ahorcaron en público a los pocos días después de haber tomado y divulgado aquella humillante fotografía. Justo antes de morir exclamó: “Sobreviviré a mis verdugos”.

    Para entonces Italia se encontraba bajo el dominio de Benito Mussolini. Cuando le preguntaron porque llevaba esa fotografía en su pecho, Gaddafi, consciente de que el catolicismo es la fe predominante en Italia, proclamó en presencia de Berlusconi: “Para nosotros la imagen de Al-Makhtar es tan sagrada como el crucifijo que llevan algunos de ustedes en el pecho”

    En la lucha por el control del mar de petróleo liviano bajo el suelo libio, durante la segunda guerra mundial el país se convirtió en el campo de batalla entre las fuerzas nazis bajo el mando de Rommel y las fuerzas británicas bajo el mando de Montgomery. Con la derrota de Italia en la segunda guerra mundial, Libia fue repartida cual trofeo de guerra entre Inglaterra y Francia.

    Las continuas luchas de los beduinos por su independencia condujeron a que en 1951 se declarara una monarquía bajo el rey Idris, una marioneta al servicio de los europeos. Para el momento de su independencia Libia no tenía escuelas y contaba con sólo 16 graduados universitarios, formados en el extranjero. La administración continuó así en manos de ingleses, franceses e italianos. Todo cambió con la llegada de Gaddafi al poder en 1969.

    Los honores y halagos de que era objeto Gaddafi por parte de los jefes de estado de Europa hasta finales del 2010 cambiaron súbitamente. Sanguinario, loco, tirano, demente, autócrata, asesino, corrupto, psicópata, perro rabioso. Estos y muchos otros adjetivos son usados hoy contra Gaddafi. Los medios de comunicación de todo el mundo, salvo algunas excepciones, se han ensañado contra su figura. El objetivo parece ser destruirlo ante la opinión pública internacional. Algo similar le ocurrió a Saddam Hussein justo ante de la invasión de Irak por parte de fuerzas militares norteamericanas y británicas en el 2003.

    Al mismo tiempo, se teje una red de “legalidad” para invadir Libia y deponer al déspota. En la ONU se toma la decisión de expulsar a Libia del Consejo de Derechos Humanos, mientras que la Corte Penal Internacional declara que actuará con agilidad para condenarlo. En paralelo se estimula y apoya a movimientos opositores a Gaddafi para incitar a la rebelión interna, con el propósito de generar un estado de violencia y caos que contribuya a justificar la intervención de las grandes potencias para “pacificar al país y proteger los derechos humanos de sus ciudadanos”.

    El objetivo es claro: invadir Libia, deponer a Gaddafi, tomar control de su codiciada riqueza de petróleo liviano, tal y como ocurrió con Irak y como trató infructuosamente de hacerse en Venezuela en el 2002. Tal y como trata de hacerse con Irán y como años atrás se concretó en Arabia Saudita, Kuwait, Katar y los Emiratos Árabes. Las siguientes presas serán Algeria, Venezuela e Irán.

    El Gadafi que hoy todos condenan fue recibido y halagado como un gran estadista en la Cumbre del G8 en Italia, invitado por el presidente Barack Obama. Hace sólo unos meses se abrazaba con Sarkozy en Paris, con Tony Blair en Trípoli y con Berlusconi en Roma.

    Que ocurrió para justificar este cambio tan radical contra Gaddafi? El despertar del pueblo árabe

    Protestas populares por el aumento en el precio de los alimentos y la pobreza generalizada derrocó en pocos días a Ben Alí en Túnez. Irónicamente, sólo semanas antes Túnez había sido señalado por Hillary Clinton como el modelo de democracia a seguir en el medio oriente. Las protestas se extendieron de inmediato a Egipto, concluyendo con la remoción del poder de Hosni Mubarak, un dictador apoyado por Estados Unidos durante 30 años. Mubarak recibía de Estados Unidos más de 3.000 millones de dólares anuales, la cooperación más alta proveniente de Washington después de la otorgada a su principal aliado de la región: Israel.

    Las protestas en Egipto fueron también inicialmente motivadas por aumentos en los precios de los alimentos, los insoportables niveles de pobreza en que se encuentra la mayor parte de la población, la creciente indignación ante la descarada confabulación de Mubarak con el gobierno de Israel en su criminal opresión al pueblo palestino, la falta de libertades fundamentales y los grotescos niveles de corrupción. La fortuna de Hosni Mubarak se estima en 70.000 millones de dólares. Mientras el 40% de los 80 millones de egipcios viven con menos de dos dólares al día. Egipto mantuvo una suspensión de los derechos fundamentales de la población durante todo el período de dominación de Mubarak, a través de una Ley de Emergencia, con el consentimiento y apoyo de Estados Unidos. Las analogías que se han querido trazar entre las revueltas en Libia con las de Túnez y Egipto lucen ficticias. En Libia se canalizaron enormes inversiones petroleras para financiar servicios públicos y gratuitos de salud, educación y vivienda. Se ha promovido el desarrollo económico y se han reducido sustancialmente las desigualdades sociales. El índice de desarrollo humano IDH de Libia es el más alto de África.

    Los índices de desempleo son tan bajos que se ha tenido que facilitar la entrada de cientos de miles de trabajadores de otros países: Egipto, Túnez, China, Pakistán. El consejo ejecutivo del Fondo Monetario Internacional (FMI) elogió recientemente a Libia por su “ambicioso programa de reformas” y su “fuerte rendimiento macroeconómico y el progreso en el realce del papel del sector privado”. En marzo del 2007 Anthony Gidden, asesor de Tony Blair, publicó un artículo en The Guardian en el que afirma: “Gadafi parece ser genuinamente popular. Libia será en dos o tres décadas una Noruega del norte de África: próspera, igualitaria y progresista” A diferencia de Túnez o Egipto, Libia es una potencia petrolera. Produce 2 millones de barriles de petróleo liviano cada día, y su producción puede al menos duplicarse. Sin embargo, una buena parte de sus 6 millones de habitantes aún se mantiene en la pobreza. Gaddafi ha sido criticado por haber fomentado el regreso de empresas petroleras europeas y su creciente participación en la actividad petrolera y gasífera. La mayoría de estas empresas operan desde Benghazi desde donde, coincidentemente, se formó el núcleo de la rebelión contra Gaddafi.

    También se le ha criticado por haber contribuido, desde su posición como secretario general de la Unión Africana, a la consolidación de un acuerdo con la NATO para ampliar sus operaciones militares en Sudan, Somalia y Etiopía. Ha venido promoviendo también una tratado de cooperación militar entre la NATO y la Unión Africana. Organizaciones radicales dentro y fuera de Libia consideran tales actitudes como traición.

    A la cabeza de la insurrección se encuentra el Frente Nacional para la Salvación de Libia (NFSL por sus siglas en inglés). Sus líderes son sistemáticamente presentados como los chicos buenos, en una lucha desigual contra la opresión y la barbarie. Poco se destaca que el FNSL se creo en 1981 en Sudan, bajo la protección del coronel Nimieri, un déspota apoyado por Estados Unidos que gobernó ese desdichado país desde el 77 hasta el 85.

    El FNSL realizó su “congreso nacional” en los Estados Unidos en el 2007, con el patrocinio de la NED. A la cabeza se encuentra Ibrahim Sahad, quien realiza acusaciones de toda índole contra el “régimen despótico” de Gaddafi, casi siempre sin ofrecer prueba alguna al respecto y sin que los entrevistadores o editores se las soliciten. Sin embargo, sus planteamientos son transmitidos por las principales agencias de información de todo el mundo como si fuesen ciertas. La misma realidad virtual se divulga como cierta por internet, facebook, twitter. Significativo es también que los rebeldes de Benghazi hayan bajado la bandera verde de la república de Libia y elevado en su lugar la bandera de tres franjas, roja, blanca y negra, que se usaba durante la monarquía del rey Idris, impuesta por Europa en 1951. También ha surgido de la nada un presunto Príncipe Senussi, “heredero de la corona”. Fue el rey Idris quien entregó la soberanía nacional al permitir el uso irrestricto de aire, mar y tierra por parte de fuerzas militares británicas. Fue el rey Idris quien firmó el acuerdo para que los Estados Unidos establecieran y administraran sin restricciones la base militar más grande de África: Wheelus Air Base, cerca de Trípoli. El rey Idris firmó además un convenio para exonerar a Italia de todos los daños que pudieran imputársele como consecuencia de los 30 años de brutal colonización, permitiendo además que la comunidad italiana en Trípoli conservara todos sus propiedades, negocios y privilegios. Pero la legitimidad o veracidad de los señalamientos contra Gaddafi parecen irrelevantes. Sirven sólo de fachada para alcanzar el objetivo estratégico deseado: la ocupación de Libia. Paul Wolfowitz, quien sirviera como subsecretario de defensa de los Estados Unidos y como presidente del Banco Mundial, arquitecto de la guerra de Irak, publicó una carta abierta al presidente Obama incitándole a convertir a Libia en “un protectorado bajo el control de la OTAN”, en nombre de la “comunidad internacional”. En su editorial del 23 de Febrero 2011, el Wall Street Journal, vocero de los intereses comerciales de los Estados Unidos, sentencia: “Estados Unidos y Europa deben ayudar a los libios a derrocar el régimen de Gaddafi”.

    Simultáneamente, se moviliza al mar territorial libio una flota de guerra norteamericana, mientras en Naciones Unidas y en la Corte Penal Internacional se concreta apresuradamente el marco legal que justifique la invasión. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó el 25 de Febrero del 2011 una resolución para que se investiguen los posibles crímenes contra la humanidad que pudiera haber cometido Muammar Gaddafi. Pero, sin que tal investigación haya comenzado, ya Gaddafi ha sido condenado. Es no sólo irónico, sino hipócrita, que hayan sido justamente los Estados Unidos quienes hayan promovido la moción para que la ONU eleve el caso de Libia ante la Corte Penal Internacional. Estados Unidos nunca ha reconocido la jurisdicción de dicha corte. Se opuso además a su creación en 1998, junto con Israel, Irak y Libia. Tales contradicciones parecen pasar desapercibidas para los medios transnacionales de la información. El comandante supremo de la OTAN, Wesley Clark, ya había señalado hace un par de años que Libia estaba en la lista oficial del pentágono para ser dominada después de Irak, junto con Siria y la joya de la corona: Irán.

    Si se concreta lo que Fidel Castro ha llamado “La guerra inevitable de la OTAN”, se desatará un movimiento de resistencia por todo el mundo Árabe que haga realidad las últimas palabras del León del Desierto: “Sobreviviré a mis verdugos”.

    “Rompa el aislamiento haciendo circular esta información”.

  15. Lorenzo dice:

    Bueno, finalmente resultó un santo al servicio de la emancipación humana este Gadafi. Lo raro es que estando al servicio de la causa de la liberación haya contado durante tanto tiempo con la comprensión de los sátrapas occidentales. Ahora estos sátrapas se dieron vuelta (vaya a saber uno por qué cuando las cosas iban tan bien) y se aliaron con Al Qaeda, según denuncia el gobierno de Muamar (qué yunta explosiva, OTAN-Osama) para terminar con el adalid del socialismo panárabe.

  16. pincho dice:

    Interesante artículo, lo que demuestra que la política, más que un puzzle, es un juego de ajedrez donde para ganar hay que hacer caer al rey enemigo. Problemas reales. Le faltó decir que Berlusconi le besó la mano a Gadafi. Aún así la tónica del artículo es por decir algo, cubana. No se puede entender nuestra civilización sin las armas. Las de otros tampoco.

  17. Daniel dice:

    querido Coco, me ayudaste a seguir lleno de dudas, pero mas informado.
    Creo que mi única certeza es que gane quien gane, el pueblo Libio va a salir perdiendo

  18. pincho dice:

    ¿LA GUERRA DE LIBIA SE DESENCADENÓ POR RECURSOS HÍDRICOS?

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    Publicado: 02 abr 2011 | 08:16 MSK

    En los años ochenta Muammar Gaddafi inició un proyecto a gran escala de aprovisionamiento de agua que cubriría Libia, Egipto, Sudán y Chad sin recurrir a los fondos del FMI que hace pensar a los analistas en la aspiración del monopolio global de los recursos hídricos por parte de Occidente.

    Los recursos acuáticos como factor clave en la política mundial

    Actualmente los recursos acuáticos representan un factor clave en la política mundial. En el sur de Libia se ubican cuatro grandes depósitos de fluido con 35.000 kilómetros cúbicos de agua. Los expertos indican que los recursos libios son de especial interés, aún más importante que el petróleo.

    Un metro cúbico de agua desde los embalses de Libia, teniendo en consideración todos los gastos, podría ascender a 35 centavos, indican los analistas. Considerando el coste del metro cúbico europeo de dos euros, el valor de las reservas hídricas de los depósitos de Libia alcanza unos 58 billones de euros.

    El proyecto acuático de Gaddafi

    En el quinto Foro Mundial del Agua en Estambul las autoridades libias presentaron su proyecto de abastecimiento de agua por un valor de 25.000 millones de dólares, que fue bautizado como “la octava maravilla del mundo” ya que supone la creación de un río artificial. Los trabajos se han llevado a cabo desde los ochenta bajo el control de Gaddafi. La conducción del agua debe extenderse hasta los 4.000 kilómetros. Según las investigaciones, el plan es más económico que otras variantes alternativas.

    Además, el Gran Río Artificial de Libia es considerado uno de los más grandes proyectos de ingeniería realizados que provee agua del desierto del Sáhara en Libia desde los acuíferos fósiles.

    Muy por debajo de las arenas del Sáhara, antiguos acuíferos han depositado reservas, con más de 40.000 años de existencia, de agua pura y apta para el consumo humano.

    El sistema tiene la capacidad de bombear agua desde unos 1.300 pozos en el desierto y mover 6,5 millones de metros cúbicos de líquido cada día a las ciudades de Trípoli, Bengasi, Sirt y otras.

    La construcción todavía continúa hoy en día. En la actualidad, 4.000 tuberías de 4 metros de diámetro transportan agua hasta los grifos de los hogares libios.

    Durante la apertura de una sección del proyecto, Gaddafi destacó su importancia diciendo que “se convertirá en la respuesta más fuerte a EE. UU.”. El expresidente de Egipto Hosni Mubarak también fue un gran defensor de este proyecto.

    El proyecto de Libia no se integra bien en los planes de Occidente

    El proyecto de Libia podría crear una verdadera “revolución verde” al resolver una serie de problemas con los comestibles en África y, consiguientemente, garantizar la estabilidad y la independencia económica. Para el Fondo Monetario Internacional (FMI) y los cárteles mundiales es más lucrativo ofrecer sus propios proyectos costosos como, por ejemplo, la dulcificación de agua y la intención independiente de Libia no se integra bien en sus planes, indican los expertos.

    Agua frente petróleo, ¿cuál es más costoso?

    Los expertos destacan que el precio del agua desalada ofrecida por las empresas israelíes, europeas y estadounidenses a los estados africanos es de 3,75-4 dólares por metro cúbico. Y las reservas de solo tres de los cuatro depósitos de Libia ascienden a 35.000 kilómetros cúbicos. Multiplicado por cuatro dólares supone 140 billones de dólares de presunto lucro para los países de Occidente.

    Libia tiene reservas probadas de petróleo que se estiman en 5.100 millones de toneladas. El precio actual por tonelada es de unos 935 dólares, multiplicado por el volumen de reservas supone unos 4,7 billones de dólares. En comparación con la cantidad de agua calculada sobre la base de un precio de 35 centavos (en lugar de 4 dólares), ascenderá a una suma de 10 billones, dos veces más que el precio de las reservas de crudo.

  19. Agustina dice:

    Voy a insistir: en Siria llevan semanas matando civiles y ni la ONU ni la OTAN fueron en su auxilio. Creo que eso significa simplemente que el interés del la ONU y la OTAN al intervenir en Libia no fue, como dijeron, apoyar al pueblo libio (que, dicho sea de paso, bastante mal la está pasando con esos aliados bestias que se consiguió). ¿O es que los tiranos de Siria son menos tiranos que los de Libia? Decirle no a la intervención no implica pensar “no hay que meterse porque son asuntos internos”. Estoy en contra de la intervención porque es darle piedra libre a “intereses externos”, lobos bajo piel de corderos.

  20. pincho dice:

    Como ya dije, es poco importante que yo esté en contra de la intervención. Pero es obvio que Nico Sarco y Cameron serán juzgados algún día por tirar bombas en Libia. Ahora estamos todos amenazados por culpa de los belicistas, pero no podría afirmar que no es gracias a ellos que los aviones tienen combustible…Supongo que otra vez llegamos a un no por antonomasia contra la guerra, porque mi opción es ser antibelicista.
    No a la guerra!

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