El ocaso del líder máximo

De estupideces había calificado el ex presidente Tabaré Vázquez algunos exabruptos pronunciados por su sucesor, José Mujica, durante la campaña electoral de 2009. ¿Cómo calificar entonces su reciente confesión pública de que contempló la posibilidad de una guerra con Argentina por la instalación de la planta de Botnia en Fray Bentos y que pidió ayuda nada menos que a George W. Bush para enfrentar a los pérfidos argentinos?

Según el diccionario de la RAE, una estupidez es una “torpeza notable en comprender las cosas. Dicho o hecho propio de un estúpido”. Y un estúpido sería un “necio, falto de inteligencia”. A falta de mejores definiciones, ambas me parecen muy pertinentes para dar cuenta del patinazo de nuestro oncólogo mayor. Decidido a ganar alguna parcela en el poblado mercado de la atención, un afán que suele obnubilar el entendimiento de muchos políticos profesionales, el ex mandatario debió de pensar que una revelación de tal magnitud le catapultaría al primer plano de la escena política, que concitaría una atención generalizada y que, de ahora en más y hasta 2014, su nombre estaría en boca de todos.

Vázquez demostró una torpeza notable en comprender cómo funcionan las cosas de este mundo, como le ocurre a todos los estúpidos, según el diccionario de la RAE. Su hipótesis de guerra con Argentina estaba basada en conjeturas tan serias como los anuncios de la asamblea de Gualeguaychú de sabotear los suministros a Botnia, la amenaza de una abuela de colocar una bomba en la planta de celulosa o las espectaculares escaramuzas de Greenpeace. Como si entre semejantes empeños y una agresión militar argentina mediara apenas un paso.

Si tomamos al pie de la letra sus declaraciones, el gran estadista con el que algunos confundieron a Vázquez parece no haber comprendido, aún hoy, el carácter doméstico y demagógico de la jugada política de su colega Néstor Kirchner cuando calificó de “causa nacional” la reivindicación de los asambleístas entrerrianos. Tampoco fue, ni es, capaz de entender las claves más elementales del mundo contemporáneo (entre ellas el orden de prioridades de las grandes potencias) cuando concibió la disparatada ilusión de que tal vez George W. Bush, sumergido entonces en las ciénagas de Irak y Afganistán, dedicaría algo más de un minuto de su atención a un conflicto entre dos países insignificantes –al menos para él– de una región insignificante del mundo. También incurrió en esa necedad propia de muchos políticos uruguayos de creer que el pueblo llano se deleita con las manifestaciones más ruines de nacionalismo. Y si así fuera, un estadista como el que pretende ser Vázquez no debería ceder tan fácilmente a esa tentación.

Pero como no sólo de torpezas y necedades viven los estadistas como Vázquez, también podemos intuir que los dardos lanzados por el ex presidente y candidato tenían destinatarios menos evidentes. Dado el previsible impacto que sus declaraciones tendrían en ambas orillas del Río de la Plata, no hay que descartar que su intención fuera quitarle brillo al que acaso fuera uno de los mayores logros de Mujica en materia de política internacional, la recomposición de las relaciones con Argentina. A su manera, Vázquez sugiere que, después de todo, las buenas relaciones con Argentina, a las que él fue incapaz de contribuir, tal vez no sean algo que debamos celebrar.

La ocurrencia de Vázquez de volver sobre un conflicto en vías de superación, y del que en parte fue personalmente responsable, adquiere un carácter más inquietante aun si se repara que hasta estas horas se lo daba por uno de los posibles candidatos, si no el candidato, de la izquierda para la próxima elección presidencial. Vázquez es además uno de los más entusiastas y rutinarios convocadores de la renovación ideológica y política de la izquierda uruguaya, con lo que el asunto ya pasa de castaño oscuro. Cada vez que Vázquez intentó ir más allá del quehacer político doméstico más pedestre terminó encallando en elucubraciones penosas. Puede alegarse, después de todo, que no abundan hoy los políticos con alguna estatura intelectual y que no se ve por qué habría de exigírsele a Vázquez aquello de lo que carecen casi todos. Enteramente de acuerdo. El problema, como acaba de quedar en evidencia en este episodio, es que en nuestro precandidato parecen haber encarnado, además de la infertilidad intelectual, todos los vicios que acompañan a la política posmoderna: la personificación, la mediatización (y la permanente gestación de acontecimientos), la sujeción a los tiempos cortos de las elecciones, la renuncia a cualquier ambición configuradora en aras de la mera adaptación al orden del mundo, el menosprecio de los partidos, por mencionar los más evidentes.

Vázquez dijo ayer que renunciaba a la actividad política porque cayó en la cuenta de que sus palabras fueron inoportunas, es decir, no rectificó, cosa que sería digna de admiración en un político. Entiéndase bien, no dio marcha atrás porque sus palabras hayan sido infelices o equivocadas, sino simplemente inoportunas. Es más, hábil y viscoso como suele ser, Vázquez ha logrado que ahora no hablemos más de sus infelices declaraciones, sino de si abandona o no abandona la actividad política.

Después de todo, ya nos tiene acostumbrados a estas jugadas basadas en la indemostrable suposición de que su figura es imprescindible para que la izquierda se mantenga en el poder. Más de una vez renunció a la presidencia del Frente Amplio cuando aparecieron voces díscolas en su seno (una de ellas de Jorge Zabalza a propósito de la concesión del Hotel Carrasco) y luego dio marcha atrás. No podía renunciar a la presidencia de la República cuando la bancada de la izquierda aprobó la legalización del aborto, pero sí lo hizo al Partido Socialista. También dijo que abandonaría el Mercosur (y todo lo contrario a los pocos días), que no buscaría la reelección (y lo opuesto cuando en los hechos le dio luz verde a la iniciativa de sus incondicionales), que disolvería las cámaras si se aprobaba la legalización del aborto (y todo lo contrario a la semana), que a propósito de la Ley de Caducidad, la palabra del pueblo era sagrada (y al tiempo todo lo contrario), que estaba en contra de la reforma de la Constitución de 1996 (y todo lo contrario cuando la misma se aprobó en un referendo). En suma, nos ha tratado a todos los ciudadanos de estúpidos y amnésicos. Aunque nunca faltaron los hermeneutas entregados a la ímproba tarea de demostrar la coherencia oculta de la retórica vazquista.

De modo que si alguien sintió alivio con el anuncio de su retiro a cuarteles de invierno, le recomiendo que no eche las campanas al vuelo. Persuadido de que Tabaré Vázquez es el password para abrir las puertas a un tercer mandato de la izquierda, el secretariado ejecutivo del Frente Amplio ya ha formado una comisión para ir a pedirle de rodillas que rectifique su decisión.

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8 respuestas a El ocaso del líder máximo

  1. Enrius dice:

    Cuando leo, querido Coco, entradas como esta en tu estupendo blog suelo caer en la tentación de añadir un comentario.
    De inmediato me reprimo pensando en lo imprudente que resulta, desde este hemisferio, largarme con opiniones acerca de asuntos acerca de los que apenas tengo información y la que tengo es generalmente a través de tus textos jugosos y ácidos.
    Pero esta necesaria acidez que esgrimes casi siempre, suele también estimular mis “glándulas” cerebrales. Pese a ello vuelvo a reprimirme y me aconsejo a mí mismo prudencia en asuntos uruguayos con el deseo de no caer en la impertinencia.
    De esta manera no voy a opinar sobre la confesión de vuestro anterior presidente, cuyo conocimiento por otro lado me deja estupefacto.
    Lo que digo, voy a ejercitar la prudencia.
    Pero la tentación que no puedo evitar es la de pensar qué hubiera sucedido en estas tierras si, por ejemplo, el políticamente difunto José Luis Rodríguez Zapatero hubiera confesado que contempló la posibilidad de una guerra, por ejemplo, con Portugal por la instalación de una planta de reciclado de residuos en Badajoz.
    Por no mencionar, y ya como pesadilla, si la posibilidad la hubiera contemplado con el vecino al otro lado de los Pirineos.
    Tan impensable hipótesis hubiera dado para un buen montón de artículos y dibujos de humor. Negro.

    • Jorge Barreiro dice:

      Ya has dicho, con la prudencia que anuncias, todo lo que había que decir, Enrius. Y creo que te imaginas bien el alimento que hubiera supuesto para los hacedores de humor negro que algo semejante hubiera acontecido en España. Tuve que reprimir (aunque no del todo) la tentación de tomarme esto a la chacota, ya que no deja de ser trágico que uno de los líderes máximos de la izquierda de este país llegara a esos despropósitos.

      Un abrazo

  2. slava dice:

    Realmente fue inusual en Tabaré este improntus, debe estar acojonado. De todas formas, la que suscribe se uniría a la petición para que vuelva y sería mi candidato más ídolo. Hay mucha gente del FA que no lo tolera, pero aún así, si mañana hay elecciones y se postula, lo votarán. No hay otra. No es mi caso, pero el tercer período del FA está ya ganado. Y Vázquez es astuto como para iniciar su campaña y borrón y cuenta nueva.

    • Luxemburgo dice:

      “No hay otra que votar a Tabaré”. Ahì está la trampa, slava. Si razonamos así, siempre vamos a tener a este sujeto como una espada de Damócles sobre nuestra cabeza y nuestra papeleta de voto. Es una especie de chantaje: o me votan a mí o deberàn hacerse a la idea del retorno del “cuco” de la derecha. Y asì seguiremos hasta la eternidad.

      Claro que no, que podemos votar en blanco o incluso formar un nuevo partido de izquierda, sin tanto curita reaccionario en nuestras filas. Podemos crear un nuevo partido de una izquierda renovada, acorde al siglo XXI y no digerir a estos dirigentes actuales, llenos de nostalgia por un mundo que ya fue. Como dice, Mario, que se vaya a pescar mojarritas. ¿Què tragedia puede pasarnos si se va de campamento a pescar en el rìo Yi?

  3. El estúpido TLB dice:

    Creo que soy un estúpido. Me parece bien que un presidente no descarte todas las posibilidades ante un conflicto como ese y con el demente de Néstor del otro lado. Obivamente la hipótesis de guerra debió durar 10 segundos en la mente de Tabaré, pero estuvo bien en planteársela. Un poco de contexto en tiempos de memoria corta: recuerden que Lula, Chávez, et al se hicieron los boludos ante los reclamos de Uruguay. Tabaré estaba solo en la región y pensando locamente en una guerra, qué le quedó? acudir a Bush. Y lo peor del caso es que el anormal de Bush sí le dio bola y salió a hablar del “amigo” Uruguay y que estaba para lo que necesiten.

    Y lamento discrepar, pero “el pueblo llano” SI se deleita con el nacionalismo barato. Recuerdo una vez que vino una delegación de Gualeguaychú a Montevideo, les gritaron 15 mil estupideces en la plaza Independencia. Empezando por el “Uruguay nomá”.

    Y “el qué lindo es ser uruguayo” del comentarista en la final de la Copa América? Por favor.

    Tabaré es insufrible, pero todo huele a que acaba de lanzar la campaña electoral, y en forma hábil, porque de paso le embarró la cancha a Mujica.

    Dos apuntes más: se acuerdan del libro en joda que sacó alguien esos años, sobre una guerra en el Río de la Plata?

    Finalmente recuerden que el conflicto por la ahora UPM nunca terminó. Los gobernantes y por ende la prensa decidieron ignorarlo, pero el reclamo sigue.

    Estúpidos saludos…

  4. Mario dice:

    El problema no es lo que diga o deje de decir Tabaré, que ya se sabe que es capaz de decir cualquier cosa, lo contrario de lo que dijo el día antes, todo sin inmutarse mayormente. El problema es la izquierda, es el Frente Amplio; su único horizonte es mantenerse en el poder. Y para eso cree que Tabaré Vázquez es la carta de triunfo (algo indemostrable, como se dice en el post). El PS, al que renunció y despreció vilmente cuando vetó la ley de legalización del aborto, es ahora uno de los que más se desvive por pedirle que vuelva. Frente a todos los desafíos que tiene por delante la izquierda gobernante (la decadencia de la educación publica es apenas uno) para ubicarse en un mundo completamente diferente al que había cuando nació el Frente Amplio, frente a eso digo, gasta su tiempo en ver si Tabaré si o Tabaré no. Andate a pescar surubíes, Tabaré, andate a pescar surubíes, que nosotros festejaremos.

  5. Sergio Villaverde dice:

    Creo de utilidad la lectura de “El Príncipe” de Maquiavelo, sobretodo en la brillante edición prologada y comentada por Luce Fabbri, para aproximarse a la comprensión de un personaje como Tabaré Vazquez, Es un “Príncipe” con las necesarias variantes de adaptación para el acceso al `poder dadas las condiciones existentes en una parte del mundo actual (por supuesto que no en todo) elecciones, voto, campaña electoral, etc. van algunas citas:
    “El arte de conquistar, mantener y aumentar el poder no tiene nada que ver con la moral”
    “Ser bueno cuando se pueda, parecerlo en cualquie caso, pero ser malo, mentiroso, incumplidor, asesino, cuando sea necesario”
    “El Príncipe es un personaje trágico, sin amigos (sólo debe confiar en quien tiene un interés personal en serle fiel), más temido que amado, más preocupado por su imagen que por su ser”.
    “Gobernar es un arte complicado que se basa sobretodo en una absoluta frialdad, en una ausencia completa de sentimientos humanos, bajo una apariencia de normalidad moral y emotiva”
    “Incluso me atreveré a decir esto: que teniéndolas y observándolas siempre son perjudiciales, y pareciendo tenerlas son útiles: como parecer piadoso, fiel, humano,íntegro, religioso y serlo; pero estar preparado con el ánimo de manera que, si es preciso no serlo, tú sepas y puedas convertirte en lo contrario”

  6. Danielito dice:

    Un político uruguayo, un campechano citadino como Luis Batlle, que según dicen se iba caminando a la cancha de Cerro y que hasta tomaba mate, no tuvo sombra de duda sobre la única forma de tener una relación normal, de hermano a hermano, con Argentina. Trajo dos escuadrones de cazas norteamericanos a reacción que a los argentinos les estaban vedados por tener en su Gabinete peronista una gavilla de nazis irredentos. Y así nos llevábamos mejor.

    Creo que tenía claro que el fin último de mandar parar no era ganar una guerra sino evitarla, pero evitándola también resguardarse de lo que hoy estamos tan acostumbrados y apesadumbrados de ver, un Canciller que por lo único que se ha destacado es por su capacidad de agacharse. Al tipo le dijeron que no había que pelearse con Argentina, y el tipo lo interpretó como que había que acostarse con ella.

    ¿Usted cree que Chile compró como treinta aviones F16 para defenderse de Bolivia? ¿de Perú? No señor, los compró para que un posible y probable gobierno chovinista argentino no les meta pechera. Porque ahora como entonces, nadie le vendería a Argentina ningún avión avanzado que no fuera ruso. Y esa es la triste realidad.

    Si mañana a Uruguay se le volviera necesario dragar el canal Martín García por su cuenta, algo que no le hace daño a nadie, tampoco habrá nadie que intente impedirlo sin correr el riesgo de que le metan un misil de fabricación holandesa por el orto, como dice el inefable Moreno.

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