Indignados

La crisis en curso en Europa y en Estados Unidos ha provocado respuestas muy diversas. Una de ellas –tal vez la más emblemática y conocida– es la del llamado movimiento de los indignados. Ahora los indignados crecen como hongos por doquier. Sobre todo en España, pero también en Estados Unidos, en Italia y en Grecia. No es para menos: los desquicios del actual desorden económico los están pagando millones de ciudadanos con desempleo, pérdida de beneficios sociales y hasta con el propio techo que los cobijaba.

Nada que sorprenda. Cada vez que las crisis golpearon a la puerta suscitaron ira, indignación y rebeldía en quienes las padecieron. Hubo un tiempo, sin embargo, en el que las crisis alumbraron revoluciones o, como mínimo, alteraron el estado de cosas que las precedieron (no es del caso juzgar ahora si para bien o para mal). Lo que ahora me empuja a escribir es la posibilidad cierta de que las energías ciudadanas movilizadas a raíz de este descalabro terminen encallando en la mera indignación moral, en la enésima ofuscación, condenada a engrosar las páginas de una futura historia universal de la impotencia.

Por un lado, el movimiento de los indignados pone en tela de juicio la extendida convicción de que vivimos una era de desafección por lo público, de ensimismamiento en la esfera privada. Ahí están las masivas manifestaciones de Madrid para desmentirlo; pero, por otro, esa energía social, como digo, no parece trascender la mera indignación moral. El propio nombre que han elegido los movilizados es harto elocuente. El problema con la indignación moral es que suele curarse con analgésicos livianos: basta con que ruede la cabeza de algún personaje odioso, que el sufrimiento empiece a mitigarse para que las aguas vuelvan a su curso y la indignación se aplaque… hasta la próxima crisis. No es que la indignación sea despreciable. Seguramente en el origen de muchos cambios sociales y políticos hubo una cierta dosis de indignación moral frente a la injusticia y el sufrimiento propio y ajeno. El problema es que únicamente con nobles sentimientos es improbable que algo vaya a cambiar. Que es de lo que se trata, después de todo. No de dejar testimonio de lo enfadados que estamos. El asunto trasciende largamente lo que ahora sucede en Madrid, Atenas o Nueva York. Concierne a la dificultad de encontrar alternativas políticas en un mundo cada vez más complejo, en el que la imputación de resposanbilidades es cada vez más problemática, en el que las oposiciones sin matices y las soluciones totalizadoras e indubitables de antaño ya dan poco de sí. De modo que hablamos de Madrid, pero perfectamente podríamos estar hablando de Montevideo o de Sao Paulo.

Digámoslo de una vez: sin una perspectiva política, el movimiento de los indignados está abocado, me parece, a apagarse lenta pero inexorablemente. Se dirá, no sin razón, que la protesta es una actitud política. Política pero meramente reactiva, obstructiva y, por ende, condenada a su incesante repetición. Y la idea de política que aquí quiero traer es una que debería estar más preocupada por la configuración de un mundo común, que exige no desentenderse del conjunto, de la complejidad del presente, de todos los intereses en juego y de sus condiciones actuales de posibilidad, que poco tienen que ver con las de unas pocas décadas atrás. Es, por tanto, una política que exige reflexión y no solamente indignación.

Si el movimiento de los indignados fuera un movimiento social más, de los muchos que hoy pueblan la esfera pública, con sus preocupaciones monotemáticas (ecológicas, feministas, pacifistas, etc.) o una organización tradicional, como los sindicatos, no cabría esperar de él esa perspectiva que aquí se echa en falta. Sencillamente su función no es suministrarla ni ellos pretenden que la sea. No sucede lo mismo con un movimiento que reclama, nada más y nada menos, que algo así como la regeneración de la democracia. (“¡Democracia real, ya!” es una de sus consignas fundantes).

Uno de los problemas de los indignados para trascender la protesta y el mero rechazo y pensar en términos políticos es que llevan la marca indeleble de casi todos los movimientos y prácticas informales de control, vigilancia, fiscalización, denuncia y obstrucción del poder que coexisten con la democracia electoral-representativa, con la que forman un régimen único, a pesar de que están basadas en legitimidades en permanente competencia. Han servido como vehículo de la desconfianza hacia el poder, que desde tiempos remotos inquietó a quienes reflexionaron sobre la democracia, y para corregir los excesos de quienes en los sistemas representativos desempeñan funciones de gobierno. No debería llamar la atención, pues, que en una época en la que la desconfianza y la sospecha frente a la política –uno de cuyos vástagos es el generalizado afán de transparencia– han llegado a su apoteosis, esas prácticas de vigilancia y denuncia tiendan a desplazar a la política institucionalizada como expresión de la verdadera “voluntad del pueblo” (si es que existe semejante voluntad), a convertirlas en las únicas “auténticas”, por oposición a la falsedad de la representación.

La soberanía, dice el pensador Pierre Rosanvallon, se manifiesta cada vez más como poder de rechazo de un pueblo-veto. Pone énfasis en una dimensión negativa de la vida política. La crítica, inherente a la vida conflictiva de la democracia, se ha degradado a una soberanía puramente negativa. La soberanía efectiva del pueblo se afirma ahora en una sucesión de rechazos antes que a través de un proyecto coherente. Incluso en las elecciones se suele sancionar al poder saliente antes que proponer opciones para el porvenir. Los votantes son a menudo meros ‘rechazantes’.

Pero el hábito de controlar, vigilar y denunciar al poder (o el mero reclamo que se desentiende de cualquier otra consideración) no es equipaje suficiente para abocarse a la ambiciosa tarea de regenerar la democracia. Una democracia esencialmente negativa no debe confundirse con una democracia crítica. El rebelde tenía un horizonte, el ciudadano de la era de la desconfianza, no. Su empeño consiste en impedir, en vetar. El primero podía ser utópico o delirante, éste es impotente.

No debería atribuirse a estas constataciones un propósito denigratorio. Después de todo, a esas prácticas y movimientos le debemos que la política se enriquezca y corrija. Una buena parte de las conquistas sociales y de las reformas que mejoraron las condiciones de vida de las personas se la debemos a las presiones de fuera del sistema político. Que han sido un aguijón cada vez que el universo de la representación se durmió en los laureles, está fuera de discusión. No ocurre lo mismo, sin embargo, con sus peligros, que parecen no percibirse.

Ya han sido sugeridos en las líneas precedentes, pero conviene decirlo a título expreso: estas formas de intervención tienden a debilitar la política como esfera de articulación y síntesis desde la que pensar la configuración del futuro, contribuyen a crear un imaginario en el que el campo político queda en una situación de exterioridad respecto de la sociedad; dicho con algo de simpleza, esta última sería portadora de todos los atributos positivos y el primero de los negativos; el político es degradado sistemáticamente a politiquero.

Uno de los problemas que tienen los indignados es que sus reivindicaciones son inabordables desde fuera del campo político institucionalizado: ¿cómo hacer –por mencionar las demandas que resumen su malestar– para que los platos rotos de la crisis sean pagados según criterios de justicia y no según la conveniencia del sistema financiero o para que nuestras democracias recuperen la vitalidad que se les reclama? ¿Cómo hacerlo sin un horizonte político? ¿Acaso renunciando a involucrarnos en la “sucia” política y dejándolo todo en manos de quienes consideramos responsables? ¿Acaso repitiendo “esto o aquello es lo que no queremos”? ¿Pero qué queremos? (“Se nos pide un programa. No tenemos programa, estamos aquí para pasárnosla bien”, dijo hace poco desde una tribuna un activista anti-Wall Street). Ni el estado de asamblea permanente ni la crítica de la representación nos pueden ahorrar el desafío de ir más allá del mero rechazo, un desafío ineludible cuando se interviene en política.

A la política representativa, basada en la legitimidad de la mayoría, le han aparecido muchas competidoras, pero pienso que no puede ser ignorada sin más, como de alguna manera hacen quienes al grito de “nuestros sueños no caben en sus urnas” parecen tener expectativas desmesuradamente elevadas en la política y un sentimiento de extrañamiento respecto de la democracia. Para empezar, nuestros sueños no caben en sus urnas transmite una idea de ajenidad respecto de la democracia que me parece manifiestamente falsa, porque nadie que pague impuestos, respete la ley y/o vote puede alegar que nada tiene que ver con esta democracia. Por no hablar de la referencia a los sueños, que da cuenta de unas expectativas desmesuradas en la política (¡que debería hacer realidad nuestros sueños!), que inexorablemente conducen a la decepción.

Desde luego que el diseño de las democracias realmente existentes no constituye un horizonte insuperable ni el orden político al que debemos resignarnos hasta el final de los tiempos. No dudo de que las actuales democracias padecen males que piden a gritos su corrección; los partidos se han anquilosado, no hay estímulos ni cauces para la participación ciudadana, sus instituciones son a menudo secuestradas por grupos de interés y la corrupción se impone a la ley y a las consideraciones de justicia. ¿Pero cómo superar estos problemas sin propuestas políticas concretas para hacer, si cabe la expresión, más democrática esta democracia? En lugar de someter a debate público iniciativas concretas sobre eventuales nuevos diseños institucionales, el movimiento de los indignados, haciéndose eco del ciudadano común, reclama a un interlocutor incierto (a “ellos”) democracia real ya.

Detrás de ese pedido laten dos ideas que convendría abandonar: una es la de que en algún momento se llegará a un régimen político más o menos perfecto (el adjetivo “real” de la democracia lo sugiere) cuando en verdad la democracia, no sólo ésta, sino cualquier otra, es y será siempre –está en su esencia– una tarea inacabada, pendiente; la segunda es la urgencia implícita en el ¡ya! Paradójicamente, los indignados no parecen escapar a uno de los mayores defectos de la democracia electoral-representativa: su sometimiento a los tiempos cortos de los ciclos electorales, que se llevan muy mal con los tiempos largos de la deliberación y, sobre todo, de la implementación de reformas sociales y políticas.

Se me ocurre que otro de los problemas de los indignados –tal vez el problema– es su idealización de las formas de democracia directa, su desprecio de la representación, que sería intrínsecamente perversa. Pero sin representación sólo queda “el pueblo” a secas, un pueblo sacralizado, único y virtuoso y sin embargo inexistente (entre otras cosas, en el pueblo llano y sencillo no hay sólo virtud, sino también egoísmo, prejuicio, oscurantismo y bajeza). Ese pueblo único es una ficción que oculta su pluralismo, su diversidad de intereses y opiniones, a veces tan irreconciliables que la identificación de algo parecido al bien común, a la justicia o como se lo quiera llamar, sólo puede lograrse a través de las tareas de reflexión, deliberación, mediación y arbitraje que son propias de la política. No están directamente disponibles en Plaza del Sol ni en Zucotti Square. Sin comprometerse en el universo de la política representativa –aunque sea para rediseñarla radicalmente– es improbable que se pueda evitar que la indignación desemboque en más indignación.

El populismo (que gracias a la desconfianza hacia las mediaciones políticas, nos impregna un poco a todos) pretende haber descubierto un pueblo evidente, inmediatamente disponible,  que habla con una sola voz. Le basta con tener un buen enemigo (elemento central de su retórica), sea la prensa, el imperialismo o los políticos, para identificar al pueblo, que seríamos todos los demás. El eslogan de los indignados de Nueva York habla del “99%”, en oposición al “1%”, la élite, el enemigo.

Sin embargo, el pueblo como sujeto político resulta cualquier cosa menos evidente. En el mejor de los casos puede resultar sociológicamente evidente. Pero no existe una traducción automática y directa de lo social a lo político; por eso la política exige un trabajo de reflexión, de mediación, de elaboración, en el que la no coincidencia entre la representación (política) y lo representado (la sociedad), antes que un problema es la que la hace posible. Salvo que se piense que la sociedad es apenas la suma de unos individuos autónomos, completamente independientes, que no tienen propósitos compartidos, sino apenas intereses. Si no es así, si uno no se queda con ese pueblo único que encarnaría las virtudes naturales ni cree que los ciudadanos sean consumidores políticos, entonces es necesario, imprescindible, que la política sea relativamente autónoma de los ‘mandatos’ de la sociedad, que evite ser su sierva. Si se limitara a obedecer la voz de sus representados, su tarea resultaría imposible, salvo que se reduzca esa tarea a mera gestión de los conflictos (reales) que atraviesan al pueblo (mítico) de los populistas. Pero si la política aspira, dentro de sus modestas posibilidades, a configurar el futuro y no solo a perseguirlo de atrás, entonces no debería limitarse, como se ha hecho habitual exigir, y no sólo entre los indignados, a ser el eco fiel de los ruidos que emite la sociedad.

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16 Responses to Indignados

  1. Enrius dice:

    Entiendo tus dudas, querido Jorge, hacia el movimiento de los Indignados del 15 M, pero tu escrito de hoy pone de manifiesto un escepticismo que esta “auténtica rebelión ” no merece.

    La actitud de los Indignados no es “meramente reactiva”. Es activa, organizada, coherente y con objetivos políticos no por difícilmente alcanzables menos realistas.

    ” sin una perspectiva política, el movimiento de los indignados está abocado, me parece, a apagarse lenta pero inexorablemente”.

    Hay, en estas frases, dos suposiciones lamentablemente gratuitas (y bien está que escribas que solo “te parece” porque te parece mal): 15M tiene , y hablo de Madrid, una perspectiva política expresada en los 16 puntos que, aunque espero que conozcas, me permito copiar aquí.
    La otra suposición, acerca de su lento pero inexorable apagón, es igualmente especulativa y gratuita. Se identifica peligrosamente, sin que yo crea que es esa tu intención, con las predicciones de una derecha “biempensante” y asustada que tiende a confundir sus deseos con la realidad.

    ” ¿Pero cómo superar estos problemas sin propuestas políticas concretas para hacer, si cabe la expresión, más democrática esta democracia? ”

    De momento, Jorge, con estas primeras propuestas que, desde el 20 de Mayo, han ido aumentando, perfilándose y estableciendo sus prioridades al tiempo que, a través de asambleas de barrio, han ido valorando las no pocas dificultades en la consecución de unas u otras.

    Son estas.

    “Como resultado del consenso alcanzado durante la Asamblea celebrada el día 20 de
    mayo de 2011 en ACAMPADA SOL, y como resultado de la recopilación y síntesis de
    las miles de propuestas recibidas a lo largo de estos días, se ha elaborado una
    primera relación de propuestas.
    Recordamos que la Asamblea es un proceso abierto y colaborativo. Esta lista no
    debe entenderse como cerrada.
    Propuestas aprobadas en la Asamblea de hoy día 20 de mayo de 2011 en ACAMPADA
    SOL.
    1. Cambio de la Ley Electoral para que las listas sean abiertas y con
    circunscripción única. La obtención de escaños debe ser proporcional al número
    de votos.
    2. Atención a los derechos básicos y fundamentales recogidos en la Constitución
    como son:
    – Derecho a una vivienda digna, articulando una reforma de la Ley Hipotecaria
    para que la entrega de la vivienda en caso de impago cancele la deuda.
    – Sanidad pública, gratuita y universal.
    – Libre circulación de personas y refuerzo de una educación pública y laica.
    3. Abolición de las leyes y medidas discriminatorias e injustas como son la Ley
    del Plan Bolonia y el Espacio Europeo de Educación Superior, la Ley de
    Extranjería y la conocida como Ley Sinde.
    4. Reforma fiscal favorable para las rentas más bajas, una reforma de los
    impuestos de patrimonio y sucesiones. Implantación de la Tasa Tobin, la cual
    grava las transferencias financieras internacionales y supresión de los paraísos
    fiscales.
    5. Reforma de las condiciones laborales de la clase política para que se abolan
    sus sueldos vitalicios. Que los programas y las propuestas políticas tengan
    carácter vinculante.
    6. Rechazo y condena de la corrupción. Que sea obligatorio por la Ley Electoral
    presentar unas listas limpias y libres de imputados o condenados por corrupción.
    7. Medidas plurales con respeto a la banca y los mercados financieros en
    cumplimiento del artículo 128 de la Constitución, que determina que “toda la
    riqueza del país en sus diferentes formas y sea cual fuere su titularidad está
    subordinada al interés general”. Reducción del poder del FMI y del BCE.
    Nacionalización inmediata de todas aquellas entidades bancarias que hayan tenido
    que ser rescatadas por el Estado. Endurecimiento de los controles sobre
    entidades y operaciones financieras para evitar posibles abusos en cualquiera
    de sus formas.
    8. Desvinculación verdadera entre la Iglesia y el Estado, como establece el
    artículo 16 de la Constitución.
    9. Democracia participativa y directa en la que la ciudadanía tome parte activa.
    Acceso popular a los medios de comunicación, que deberán ser éticos y veraces.
    10. Verdadera regularización de las condiciones laborales y que se vigile su
    cumplimiento por parte de los poderes del Estado.
    11. Cierre de todas las centrales nucleares y la promoción de energías
    renovables y gratuitas.
    12. Recuperación de las empresas públicas privatizadas.
    13. Efectiva separación de poderes ejecutivo, legislativo y judicial.
    14. Reducción del gasto militar, cierre inmediato de las fábrica
    de armas y mayor control de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Como movimiento
    pacifista creemos en el “No a la guerra”.
    15. Recuperación de la Memoria Histórica y de los principios fundadores de la
    lucha por la Democracia en nuestro Estado.
    16. Total transparencia de las cuentas y de la financiación de los partidos
    políticos como medida de contención de la corrupción política.”

    @acampadasol – Movimiento #15M

    PREGUNTÉMONOS CÓMO AYUDAR, CÓMO COLABORAR CRÍTICAMENTE, CÓMO PARTICIPAR SIN DEMASIADOS PREJUICIOS. SIGAMOS PREGUNTÁNDONOS ¿QUÉ HACER? Y CÓMO HACERLO, PARA QUE ESTAS PROPUESTAS POLÍTICAS, DEMOCRÁTICAS Y DIGNAS DE CIUDADANOS COMPROMETIDOS, SE VAYAN POCO A POCO, HACIENDO REALIDAD.
    Un abrazo desde Madrid.

  2. Luis dice:

    Muy interesante su artículo.
    Siendo yo argentino no puedo dejar de relacionar el 15M con lo ocurrido aquí entre fines de 2001 y comienzos de 2002.
    “¡Que se vayan todos!” era la consigna. El resultado: no hubo renovación política, no hubo cambios estructurales, la participación social dio paso al manejo verticalista del poder por parte del PJ.
    Desde mi punto de vista sucede que para lograr un poder alternativo viable se debe hacer una construcción a largo plazo, darle un marco organizativo e institucional y una coherencia ideológica que requiere un tiempo de armado. Los partidos tradicionales, al menos aquí, se reciclan cambiando algunos nombres y tejiendo algunas alianzas. Y lo hacen rápidamente porque no tienen que construir una estructura. Con algunas medidas que pueden resultar simpáticas ganan adeptos entre los disconformes, y si a eso se suma algún cambio en lo económico -por ejemplo, cambios en la economía global que mejoran algo la economía local- los movimientos de protesta se diluyen.
    Si se quiere un cambio real, me parece que hay que plantear objetivos claros, medios claros para llegar a esos objetivos y pensar en una construcción que, razonablemente, tiene que llevar un tiempo armarla.
    Saludos.

  3. gedeon98 dice:

    Lo que está claro es que los diarios se han desentendido un poco de darles voz, y yo veo cómo se difumina su presencia. Y no es justo.

    Lo que deben controlar es algunas gentes marginales que son los que desde el principio han estado molestandoles. Y perjudicando la posibilidad de mantener viva la protesta, cosa que nos ha perjudicado a todos, porque todos vamos en el mismo barco, aunque como nosotros tenemos empleo creemos que vamos en otro. Pero no… todo lo que se consiga por estas personas nos va a beneficiar a todos. Y eso es algo que si la necesidad (D-os no lo quiera) nos visita, nos ayudará a poder sobrevivir.

    Los marginales. Que no son los miserables. El otro día ví en las fotos de facebook de un amigo que es policía a una malnacida en Valencia enseñandoles el culo a los antidisturbios y acosándoles hasta el extremo de besar los escudos transparentes que llevan, demostrándoles que no les tenía ningún miedo. Por esa gorrina la imagen del movimiento 15-M se ve afectada negativamente.

    Y esa tipa, esa maldita revientacausas, esa no era una persona que mostrase signos de miseria, que es no poder vestir e incluso oler porque no tienes una casa en la que poder llevar una adecuada higiene corporal. Esa era la típica bohemia vestida de forma estrafalaria que sólo vive dedicada a la fiesta, el “arte” callejero y la irresponsabilidad.

    Padres de familia son los que deben hacer esas acampadas de protesta. Padres de familia incluso con sus hijos, y que ante esa imagen nadie pueda decir lo que yo estoy diciendo.

    El 15-M no fue una moda, fue un estallido social. Lo que sucede es que algunos cretinos lo tomaron por una fiesta.

    Esa gentuza sobra en el mundo.

    Ojalá consigan algo, ojalá.

    Ánimo, Enrius… luchas por la Justicia. Y D-os no deja de verte. Aunque no lo creas, son los que son como tú quienes dan calor a Su Corazón.

  4. Alfonso dice:

    Me gusta mucho tus reflexiones , y mayoritariamente las comparto. pero con matices , como en este caso , me parece que falto el oportunismo , l fama la exposición es para algunos un valor en si mismo, y no así la reflexión.-

  5. Javier Barreiro dice:

    Comparto en gran medida lo que dice Coco, pero con las mismas objeciones que plantea Enrius. Así que le pediría que propusiera 10 puntos fundamentales (o 12 o 15, no 150), concretos, que a su modo de ver podrían contribuir a darle un cauce “político” a la protesta de los indignados, eludiendo caer en la pura pataleta.

  6. Sergio Villaverde dice:

    Me parece interesante el planteo central acerca de las relaciones contradictorias entre sociedad y política, así como la necesidad de que estos movimientos sociales elaboren no sólo programas o propuestas, sino que se incorpore a la discusión los caminos para su concreción. Esto último no es ni más ni menos que acción política.
    El problema, me parece, es tratar de analizar las causas que llevan al descreimiento creciente sobre la idoneidad y capacidad del sistema político realmente existente.
    El siglo pasado, en los países periféricos, esta capacidad fue cuestionada con fundamento por las relaciones de dependencia con los países centrales, léase “Imperialismo”. Hoy, este cuestionamiento está planteado en los países centrales, léase EEUU y Europa Occidental.
    Eric Hobsbawm (historiador británico del marxismo) en su último libro: “COMO CAMBIAR EL MUNDO Relatos sobre Marx y el marxismo” cita a Jaques Alitti (economista franco.argelino asesor de varios gobiernos de Francia) quien sostiene que las decisiones en el mundo de hoy son tomadas por un grupo de mil personas, quien agrega,con cierta ironía, a lo sumo diez mil.
    ¿Quienes y qué son estas personas? Primero digamos lo que no son: salvo excepciones, no son los dueños de grandes empresas al estilo capitalista tradicional. Son “empleados” en los cargos jerárquicos del sistema financiero internacional.
    Un ejemplo, Lloyd Blankfein no es el “dueño” de Goldman Sachs, uno de los principales bancos financieros, es el Director Ejecutivo. Es un empleado cuyo ingreso mensual es de tres millones de dólares (aparte de premios y bonos al final del ejercicio anual).
    Un ejemplo de cómo operan: Goldman Sachs asesoró durante años al gobierno de Grecia en el maquillaje de sus cuentas para acceder a los requisitos de la zona euro y mantenerse en esa condición. Vendía bonos griegos a sus inversores basados en su calificación de “grado Inversor” Paralelamente compraba CDS (Credit Default Swaps o Cobertura por Riesgo de No Pago) en AIG (American International Group, la principal aseguradora del mundo), a sabiendas de la endeblez de la economía griega que ellos habían maquillado. Para tener una idea de lo que esto significa: los costos de los CDS comprados a AIG se miden en decenas de miles de dólares, pero en caso de default griego el reembolso de AIG a Goldman Sachs se mide en decena de millones de dólares (o sea una ganancia de 1000%). Esta misma metodología empleó Goldman Sachs, en connivencia con la calificadora de riesgo Standard & Poors, para desatar la crisis de hipotecaria de EEUU, lo que le permitió embolsar centenares de millones y el gobierno tuvo que rescatar a AIG para que no quebrara.
    En suma, la desregulación del mundo de las finanzas, impuesta en la década de los ochenta es esencial al sistema político-económico imperante. Obama quiso regularlo y terminó en un brulote de 2000 páginas llenas de contradicciones que deja todo como está, en buena medida fruto de la presión de Wall Street cuyo lobby destinó tres operadores por cada miembro del congreso y el senado.
    Para decirlo claramente: el gobierno, resultado de las reglas del sistema político de “la principal potencia económica y militar del mundo” está atado de pies y manos. Ni hablar de todos los demás.
    Tengo la impresión que estamos viviendo cambios en el sistema de dominación y control de los medios de producción y de privilegio al acceso de sus resultados, que nos cuesta todavía entender. Profundizar en su comprensión es tarea fundamental.
    Sin embargo algunas cosas comienzan a suceder. Ha crecido el reclamo de aplicación de tasas impositivas a las transacciones financieras (Tasa Tobin). Los ocupantes de Wall Street han recomendado retirar depósitos de los grandes bancos y volcarlos a bancos regionales, lo que significó que aquellos dieran marcha atrás con la intención de aumentar los costos de las tarjetas de crédito.
    Parece poco, pero por algo se empieza.

  7. Enrius dice:

    Para Javier Barreiro

    Creo, Javier, que la mejor respuesta a lo que pides te la puede dar el manifiesto. De esta manera puede que, además, Coco comprenda (si no lo ha comprendido todavía) que es algo más que una consigna. Y desde luego nada parecido a una pataleta.

    MANIFIESTO “DEMOCRACIA REAL YA”:

    Somos personas normales y corrientes. Somos como tú: gente que se levanta por las mañanas para estudiar, para trabajar o para buscar trabajo, gente que tiene familia y amigos. Gente que trabaja duro todos los días para vivir y dar un futuro mejor a los que nos rodean.

    Unos nos consideramos más progresistas, otros más conservadores. Unos creyentes, otros no. Unos tenemos ideologías bien definidas, otros nos consideramos apolíticos… Pero todos estamos preocupados e indignados por el panorama político, económico y social que vemos a nuestro alrededor. Por la corrupción de los políticos, empresarios, banqueros… Por la indefensión del ciudadano de a pie.

    Esta situación nos hace daño a todos diariamente. Pero si todos nos unimos, podemos cambiarla. Es hora de ponerse en movimiento, hora de construir entre todos una sociedad mejor. Por ello sostenemos firmemente lo siguiente:

    Las prioridades de toda sociedad avanzada han de ser la igualdad, el progreso, la solidaridad, el libre acceso a la cultura, la sostenibilidad ecológica y el desarrollo, el bienestar y la felicidad de las personas.
    Existen unos derechos básicos que deberían estar cubiertos en estas sociedades: derecho a la vivienda, al trabajo, a la cultura, a la salud, a la educación, a la participación política, al libre desarrollo personal, y derecho al consumo de los bienes necesarios para una vida sana y feliz.
    El actual funcionamiento de nuestro sistema económico y gubernamental no atiende a estas prioridades y es un obstáculo para el progreso de la humanidad.
    La democracia parte del pueblo (demos=pueblo; cracia=gobierno) así que el gobierno debe ser del pueblo. Sin embargo, en este país la mayor parte de la clase política ni siquiera nos escucha. Sus funciones deberían ser la de llevar nuestra voz a las instituciones, facilitando la participación política ciudadana mediante cauces directos y procurando el mayor beneficio para el grueso de la sociedad, no la de enriquecerse y medrar a nuestra costa, atendiendo tan sólo a los dictados de los grandes poderes económicos y aferrándose al poder a través de una dictadura partitocrática encabezada por las inamovibles siglas del PPSOE.
    El ansia y acumulación de poder en unos pocos genera desigualdad, crispación e injusticia, lo cual conduce a la violencia, que rechazamos. El obsoleto y antinatural modelo económico vigente bloquea la maquinaria social en una espiral que se consume a sí misma enriqueciendo a unos pocos y sumiendo en la pobreza y la escasez al resto. Hasta el colapso.
    La voluntad y fin del sistema es la acumulación de dinero, primándola por encima de la eficacia y el bienestar de la sociedad. Despilfarrando recursos, destruyendo el planeta, generando desempleo y consumidores infelices.
    Los ciudadanos formamos parte del engranaje de una máquina destinada a enriquecer a una minoría que no sabe ni de nuestras necesidades. Somos anónimos, pero sin nosotros nada de esto existiría, pues nosotros movemos el mundo.
    Si como sociedad aprendemos a no fiar nuestro futuro a una abstracta rentabilidad económica que nunca redunda en beneficio de la mayoría, podremos eliminar los abusos y carencias que todos sufrimos.
    Es necesaria una Revolución Ética. Hemos puesto el dinero por encima del Ser Humano y tenemos que ponerlo a nuestro servicio. Somos personas, no productos del mercado. No soy sólo lo que compro, por qué lo compro y a quién se lo compro.

    Por todo lo anterior, estoy indignado.

    Creo que puedo cambiarlo.

    Creo que puedo ayudar.

    Sé que unidos podemos.

    Sal con nosotros. Es tu derecho.

  8. Para decir las cosas con la claridad que por lo visto no he tenido en el post, no pienso que el problema de los indignados consista en que carecen de ideas o de imaginación (y si lo sugerí, lo rectifico). De hecho, creo que deben de tener casi tantas como integrantes tiene el movimiento. Aun a riesgo de ser esquemático, diré que hay dos desafíos que los indignados no encaran (a mi juicio, claro) satisfactoriamente. Uno es el del ámbito de intervención política y el otro es el de las propuestas.

    Respecto del primero: en sociedades complejas como las nuestras, en las que el pluralismo es un dato irrevocable de la realidad, es imprescindible que exista (y existe) un ámbito en el que se dirimen las conflictos de intereses, de opiniones y de propuestas y para decidir qué rumbos se toman. Ese ámbito es hoy el de la denostada (por los indignados) representación política. Con todo respeto, no creo que se pueda articular una acción coherente de gobierno en sociedades de millones de habitantes del mismo modo que se gestionan los problemas y los conflictos de un barrio; no creo que el ejemplo de unos escasos miles de ciudadanos en el ágora de las polis griegas de la Antigüedad sea aplicable a nuestras sociedades contemporáneas, no creo que la muchedumbre en la calle, votando a mano alzada sea el ámbito más adecuado para la deliberación y la toma de decisiones. La democracia asamblearia da de sí lo que da de sí. Por ejemplo, palpar un estado de ánimo, protestar, hacer oír voces e intereses que normalmente el poder no escucha, para dejar testimonio de lo que ya no se tolera. Sin embargo, alguna forma de representación (corregida, ampliada, radicalmente modificada si prefieren) es necesaria no solamente a causa de las dimensiones de nuestras sociedades, sino y, sobre todo, como digo en el post, porque la política no puede ni debe ser una fotocopia, un calco, de la sociedad. Si los intereses y opiniones que existen en la sociedad no fueran procesados, articulados, mediados, si estuvieran indispuestos a la negociación y al acuerdo, si se expresaran en su brutal desnudez, entonces todo se dirimiría por la fuerza y habría que estar al resultado de esa pulseada. Y, además, deberíamos renunciar a configurar la sociedad para resignarnos a adaptarnos a sus vaivenes.

    Pero si supongo (y quiero suponer) que de lo que se trata es de que algo se MODIFIQUE con arreglo a algún criterio de justicia, no de dejar testimonio del desacuerdo, entonces es ineludible abordar no sólo el QUÈ sino también el CÒMO y el DÒNDE. En ese sentido, el único ámbito que conozco donde se toman decisiones vinculantes para la sociedad es el imperfecto, desprestigiado, erosionado, criticado, urgido de correcciones de la democracia representativa. Por el momento no hay otro disponible. Cuenta, además, y a pesar de todos los cuestionamientos, con una legitimidad, ciertamente erosionada, pero que está lejos de haberse agotado como demuestra la participación de los ciudadanos en las elecciones. El próximo 20-N tendremos una idea de cuán deslegitimada está. En todo caso, aún vota mucha más gente de la que participa de las acampadas y las asambleas barriales. Deslegitimar enteramente la democracia electoral-representativa, como hacen muchos indignados, que no quieren oír hablar de representación, de “los políticos” en general ni de liderazgos, que hacen la apología de la organización horizontal y de la democracia directa, me parece que implica no tomar debida nota de todos estos datos.

    Para seguir con lo mismo: las propuestas/reclamos que trae Enrius sobre una asamblea de Madrid, ¿a quién están dirigidas? ¿A nadie y a todos?, ¿a quien quiera escucharlas o leerlas? En ese caso se parecen a un mensaje dentro de una botella lanzada al mar. Si están dirigidas a quienes actualmente toman las decisiones, a “los políticos”, significa que se espera que aquellos a quienes se considera en parte culpables de todo este descalabro, traigan las soluciones. En ese caso, deberíamos rectificar y reconocer que no todos los políticos son esos seres inmorales y horrendos con los que solemos caricaturizarlos. Pero existe una tercera opción: ¿por qué los indignados no intervienen ellos directamente en el ámbito de la política electoral-representativa? Para ser la voz de aquellas opciones que hoy no están representadas en el universo de la política. Sospecho que algunos indignados tienen la misma percepción que yo acerca de los límites de este movimiento porque he leído que propusieron en su momento la creación de un nuevo partido. A mí me parece una propuesta que merece ser contemplada, es tan buena como otras para intervenir en política. Y si hay quienes piensan, como los hay, que Izquierda Unida crecerá en estas elecciones entre los indignados, creo que se debe a la misma percepción.

    En lo que atañe a las propuestas (que Javier me solicita), creo que deberían ser el resultado de un quehacer colectivo. No creo que me corresponda a mí decir qué debe proponer un movimiento que no integro. No pretendía identificar cuáles eran las pertinentes y cuáles no, sino destacar el valor mismo de las propuestas en política, que me parece que no deben confundirse ni con un reclamo ni con una aspiración genérica. Se trata de cosas diferentes. Las que transcribe Enrius son muy útiles para lo que quiero decir. En la lista hay de unas y otras. Por ejemplo “derecho a una vivienda digna”, “refuerzo de una educación pública y laica”, “medidas plurales con respecto a la banca y los mercados financieros en cumplimiento del artículo 128 de la Constitución…”. “Reducción del poder del FMI y del BCE”, “democracia participativa y directa en la que la ciudadanía tome parte activa”, “acceso popular a los medios de comunicación, que deberán ser éticos y veraces” “efectiva separación de poderes ejecutivo, legislativo y judicial”, “recuperación de la memoria histórica…”, por mencionar algunas que no son realmente propuestas, son una definición de cómo deberían ser las cosas, son una aspiración genérica. No incluyen el cómo se propone alcanzar esas aspiraciones, unas aspiraciones que son, si no universalmente compartidas, al menos suscitan un amplio consenso sobre su pertinencia. Las diferencias empiezan precisamente en el CÓMO alcanzar una meta. Por poner apenas un ejemplo: “efectiva separación de los tres poderes del Estado”, es una aspiración tan genérica, tan vaga, dice poco y nada y por eso mismo todo el mundo la puede compartir, es políticamente inocua. Es tan diferente a una propuesta del tipo “que no haya listas electorales que incluyan imputados ante la justicia”. No sé, me parece que la diferencia es obvia.

    Supongo que ya estaré aburriendo, de modo que dejo las cosas por aquí; tengo la sensación de que empiezo a repetirme.

    PD. Querido Enrius, no sé cuán “peligrosamente” se acercan mis reflexiones a determinados planteos. Sí sé que nada más alejado de mí que desear que este movimiento se agote. Si reflexiono sobre él es precisamente para, modestamente, intentar ayudar a que no se agote. Ni éste ni los parecidos que vengan.

  9. Jorge Angeloni dice:

    Me parece muy buena esta desmitificación del “indignismo”, esta suerte de seudoanarquismo desideologizado, ya que no parece tener metas, sino solo un rechazo a lo existente, pero no ideas para superarlo.
    En el mejor de los casos podrían hacer caer a un gobierno, pero ¿después què?
    Me parece bien que la gente finalmente se indigne, pero me temo que no sea necesariamente un paso hacia algo distinto: el rechazo hacia “la política” cuestiona una eventual participación -o influencia- de grupos más organizados
    La seguimos…

  10. Angel dice:

    Hay alusiones a los comentarios de un tal Coco que no veo por ningun lado 😉

  11. Enrius dice:

    Es muy significativo que a un movimiento que nació en Madrid hace apenas seis meses, se le pidan ya cosas, ideas, incluso soluciones para problemas que la democracia representativa todavía no ha abordado o lo ha hecho en escasa medida.
    Da la impresión de que se le pide incluso unidad, uniformidad, ánimo estatutario y normativo, aceptación obsecuente de los cauces. Pero este pequeño río se ha desbordado.

    Una de las primeras pancartas que se exhibía en el mes de mayo y en la Puerta del Sol transcribía una frase de Schopenhauer:
    Toda verdad pasa por tres etapas:
    1.- Es ridiculizada
    2.- Es rechazada violentamente
    3.- Es aceptada por su propia evidencia
    (Sospechaban las, en esta caso, indignadas la que se les venía encima…)

    Es claro que 15M no representa “una verdad”, ni lo pretende, pero este “redoble de conciencia” se ha escuchado en muchas más ciudades del mundo de las que sus modestos inicios hacían suponer y su presencia ha suscitado ya, al menos en España, las tres actitudes apuntadas por el filósofo alemán .
    Estos indignados han sido ridiculizados con el estúpido y reaccionario calificativo de “perroflautas” adscribiéndolos a una tribu urbana de características cercanas al punk.
    Sin ir más lejos en un comentario de esta misma entrada se los califica como un “seudoanarquismo desideologizado” , expresión cuya agnosia sólo es comparable con su dificultad fonética. No contento con el hallazgo, este corresponsal se refiere al “indignismo” adjudicándoles ese sufijo devaluador, que acaso lo emparenta con el “islamismo”, al tiempo que supone sin fundamento su carencia de metas.
    No creo necesario insistir, a sabiendas del blog en el que escribo, en las muy variadas violencias con las que determinados sectores sociales en España han rechazado el movimiento.
    Y sin embargo, más pronto que tarde, está siendo aceptado si no por su propia evidencia sí por su muy diversificada honestidad y energía.
    Testimoniando brevemente tal afirmación, vuelvo a transcribir:

    “El Movimiento 15-M no es la panacea ni un revulsivo instantáneo. Su efecto es más bien el de una lluvia fina, que cala despacio. Su indignación ha conseguido, con seis meses de vida, hacer entender que el público no es tonto, que no todo vale.”

    Jesús Caldera ( exministro socialista):
    “Nos han ayudado a ver que hay que actuar con más rapidez. Las instituciones somos lamentablemente muy lentas pero estos movimientos empujan y nos hacen reflexionar”

    “La fuerza del fenómeno no está en las asambleas sino en las redes”,

    “La política está aprendiendo que hay un nuevo ecosistema, pero las instituciones tienen difícil entrar porque un afiliado o un candidato nunca podrán medirse de igual a igual con un individuo que habla libremente”,

    “Han supuesto un verdadero terremoto, a nosotros nos han mutado”, explica Ramón Luque, responsable de política electoral de IU.(Izquierda Unida)

    Y el espléndido broche final….

    “José María Aznar calificó al 15-M en octubre de “extrema izquierda marginal”(Seguro que lo comenta con su amigo Murdoch)

    Fin de las citas.

    No creo que 15M acabe transformado en un partido político. Sin excluir tal posibilidad,no lo deseo. Esta democracia representativa debe ser cada vez más participativa.
    En cualquier caso la mayoría de los partidos políticos de este país se han apresurado a asumir,con mayor o menor sinceridad, muchas de las propuestas y reivindicaciones de 15 M incorporándolas en sus programas electorales más o menos maquilladas.

    Es muy posible que mi pensamiento político no esté suficientemente estructurado y adolezca de una necesaria maduración reflexiva pero, lamentablemente, mi dedicación profesional y emocional tiene que ver con las artes plásticas en general y con las pictóricas en particular.
    Pero en 15M tiene cabida una gran diversidad de gente indignada. Incluso los artistas.

    PD Querido Coco: Estoy seguro de la veracidad de lo que expresas en tu posdata.

  12. Fernando Barreiro dice:

    Sin duda,el movimiento de los indignados es contradictorio y resulta dificil catalogarlo. La consigna “democracia real, ya” quizás, no sea la más adecuada, en gran parte por las razones que aduce Jorge. A mí, al menos no me gusta. El viejo debate que nace en Marx y sigue con Lenin sobre la democracia formal y la real ya sabemos en qué derivó y que miserias nos trajo. Pero tengamos amplitud de miras cuando analizamos un movimiento abierto y bastante espontáneo como el 15M. Al mismo tiempo que reclaman democracia real, proponen mejorar el sistema de democracia representativa (no eliminarlo) a través de diferentes medidas (listas electorales abiertas, transparencia en la financiación de los partidos, cumplimiento de los programas electorales por parte de los gobiernos, listas limpias de imputados por corrupción, etc.). Si estas propuestas (bastante realistas y apropiadas por cierto) se pueden intepretar como una propuesta anti-sistema y que proponen tirar a la basura la democracia en su totalidad, es que no se han leido bien sus propuestas. Decir como afirmar Jorge, que “estas formas de intervención tienden a debilitar la política como esfera de articulación y síntesis desde la que pensar la configuración del futuro, contribuyen a crear un imaginario en el que el campo político queda en una situación de exterioridad respecto de la sociedad; dicho con algo de simpleza, esta última sería portadora de todos los atributos positivos y el primero de los negativos”, me parece que responden al menos a una lectura sesgada, más preocupada por hacer teoría política tomando a los indigandos “como caso de análisis”, que de analizar el fenómeno en toda su complejidad. La democracia representativa (y las decisiones politicas de nuestros representantes) debe poder enriquecerse a través de la participación ciudadana, la deliberación, la reivindicación. ¿Porqué razón cualquier expresión colectiva de la scoiedad debe derivar indefectiblemente hacia un partido político para tener el derecho a expresarse? Probablemente la mayoria de la gente que se ha movilizado con los indignados no quiera formar parte de un parido político y sin embargo quiera ejercer su ciudadanía a través de otros canales. Tampoco pretenden suprimir y sustituir ellos a los partidos politicos. Las propuestas antes mencionadas no lo indican así. No creo que las cosas estén tan claras como Jorge quiere mostrarnos, forzando el análisis sobre un supuesto carácter anti-sistema del 15 M. (aún admitiendo que dentro del mismo se mueven sectores que postulan ideas antisistema y utopías milenaristas y mesiánicas). El movimiento es complejo y su evolución no está escrita. No debemos apresurarnos a clasificarlo.

  13. Aclaro que en ningún momento dije que “cualquier expresión colectiva debe derivar indefectiblemente hacia un partido político”. Ni lo dije ni lo pienso. Dije más bien que “algunos” indignados propusieron pensar en la creación de un partido político justamente como ejemplo de que también entre ellos hay un sector que se ha interrogado acerca del problema de la intervención en el campo político institucionalizado. Nada más.

  14. Les recomiendo la lectura de este artículo del filósofo Daniel Innerarity. Espero que no haga falta aclarar que no es la panacea, sino simplemente un buen punto de partida para reflexionar sobre estos asuntos y sobre la política en general. Un estímulo para pensar.

    http://www.elpais.com/articulo/opinion/suenos/urnas/elpepiopi/20111029elpepiopi_12/Tes

  15. Oficioso dice:

    Sinceramente no veo motivo para darle tantas vueltas al asunto, a no ser que a uno le produzca contradicciones éticas o quizás sea fruto de unas expectativas excesivamente altas de este movimiento, en especial desde la izquierda asediada por el pensamiento único, donde todo es relativo y muy complejo para dejar paso al cientificismo, el fin de la historia y demás dogmatismos.

    No es mas que un movimiento amable de hijos de la clase media en mayúsculas, abocados y conscientes de esto, a la nueva clase del “precariado”.

    No tienen padrinos ni instigadores, son individuos, hijos de sociedades con un alto grado de libertad donde cualquiera con un mínimo de curiosidad mediante Internet sin el cual no se entiende ni se explica, que ofrece un espacio de expresión donde participar e implicarse sin la tenaza de la corrección política, de aparatos de partido narcisistas y sindicatos autistas que ya solo aspiran a defender su statu quo. Son hijos del individualismo extremo mirándose desconcertados unos a otros en una plaza, aprendiendo viejas costumbres olvidadas.

    El movimiento de los Indignados que, por lo menos en Barcelona empieza a definirse bajo las acciones de pequeños grupos coordinados en foros de internet bajo el nombre de “VdeVivienda” y con lemas tan majos como “No tendrás casa en la puta vida”, que allá por el 2005 hacen un primer intento de acampada en la Pl.Catalunya exigiendo el acceso al no-mercado de la vivienda entonces en plena burbuja (apenas unas cincuenta personas) y, que después va formándose en silencio casi exclusivamente en Internet cuando por aquel entonces se empezó a hacer desde los medios de comunicación escarnio de la juventud nacional con análisis cínicos como los “Ni-Nis” (Ni estudia Ni trabaja), tiempo en el que llegan las últimas remesas de riqueza traídas del futuro mediante la asunción de una deuda criminal para terminar de enterrar una sociedad de propietarios, para mas adelante escuchar la meta surrealista frase de ZP “Es discutible si hay crisis”, Dalí se hace una fiesta, mientras el mercado laboral y la especulación financiera castra una generación educada, formada y lo mas destacable, con principios democráticos. Y encima con ideas progresistas que exigen mejoras en los procesos de representatividad democrática existentes… mas moderado no se puede ser, digo yo.

    Una época de pre-crisis en la cual seguimos habitando, donde señalar espacios oscuros era motivo de critica y censura automática, donde ser feliz era obligatorio y el dogma neoliberal manda sin que se note. Y hete aquí que como siempre la puñetera realidad se puede ignorar, no así sus consecuencias.

    En realidad, son la última esperanza para seguir desarrollando una democracia desde algo llamado izquierda, la realidad es que el capitalismo bárbaro, los acólitos del darwinismo social, no está en crisis, la única crisis es la de esta península de Asía y su modelo socialdemócrata que, en mi opinión, era un buen faro.

  16. Nayla dice:

    muuy buena reflexion

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