Política y educación

En el marco de la actual controversia sobre el penoso estado de la educación en este país y sus posibles soluciones pueden escucharse y leerse afirmaciones tan contundes como preocupantes. La semana última tuve la ocasión de leer en un muro de Montevideo una pintada firmada por el sindicato de profesores de Montevideo (Ades), que ilustra perfectamente lo problemáticos que pueden resultar algunos lugares comunes y clichés ideológicos. Decía así: “¡No a la injerencia política en la educación!”.

No faltará quien alegue que una pintada callejera no representa el punto de vista de un sindicato entero, pero quienes estamos atentos al debate actual sobre la educación, sabemos perfectamente que esa inquietante consigna sí lo representa, porque casi cada día algún dirigente sindical nos recuerda que comulga con esa convicción. La palabra clave aquí es “autonomía”, que está permanentemente en la boca de los docentes sindicalizados y cuya pertinencia tenemos prohibido impugnar. Ni tan siguiera discutir, so pena de vernos engrosando las ya numerosas falanges neoliberales.

Supongo que es innecesario que aclare que no soy docente ni pedagogo ni licenciado en ciencias de la educación, pero sí ciudadano. Y que es en condición de tal que me atribuyo el derecho a cuestionar la sacralizada autonomía del sistema educativo, tan bien ilustrada por la desgraciada consigna del muro que tuve la ocasión de contemplar. Es más, voy a incurrir en la herejía de defender sin atenuantes la injerencia de la política en el quehacer educativo.

Después de todo, ¿qué puede significar la bendita autonomía aplicada a la enseñanza básica y secundaria?, ¿qué pretensiones se ocultan detrás de la resistencia a que los poderes públicos intervengan en la educación? Que no haya incluido a la enseñanza universitaria en la primera pregunta no se debe a un descuido. La idea de la autonomía universitaria tiene una larga y fundada tradición en Occidente, que responde a las exigencias de independencia inherentes a la investigación, la libertad de cátedra y la actividad universitaria en general. Por lo demás, los sujetos de la vida universitaria son todos adultos. ¿Acaso pueden aplicarse sin más esos mismos criterios a la enseñanza básica y media?

¿Para qué educamos? ¿Cómo educar? Son las preguntas que asoman detrás de cualquier debate educativo. Agregaría la siguiente: ¿quién debe responder esas preguntas? O mejor, ¿quién debería tomar las decisiones que se deriven de las respuestas? Si educar es dar instrucción básica o transmitir saberes y destrezas a los más jóvenes para que se puedan desenvolver en el mundo que les toque vivir, pero también la preparación de las nuevas generaciones para la vida con los demás en la ciudad democrática, es incomprensible que alguien diga que la política nada tiene que hacer en la educación.

Preparación no quiere decir adaptación. Preparar a los más jóvenes para vivir como ciudadanos no quiere decir educarlos en el respeto a las tradiciones o en la adhesión a los tabúes de la propia tribu, como ocurre aquí, que en medio de disputas tan severas no parece haber disenso acerca de la pertinencia de educar en la adoración al padre Artigas. “El objetivo de la educación –escribió Fernando Savater— es la reproducción social consciente; no el intento de fotocopiar el orden establecido hasta en sus peores defectos, sino una selección crítica de sus aspectos (…) más promisorios”. Educar incluye, pues, adiestrar a los jóvenes en asuntos tales como discernir lo justo de lo injusto, la tolerancia de la indiferencia (tan a menudo confundidas en nuestros días), aprender a exponer una idea, a argumentar, a estar dispuestos a persuadir y a ser persuadidos, a erradicar el recurso a la violencia. Convertirse en ciudadanos activos exige adiestramiento, esto es, de nuevo, educación. No ocurre espontáneamente.

Educar es, pues, lo más alejado de la neutralidad valorativa. Si educar es elegir, valorar, sopesar, discernir, para lo cual se debe deliberar y permitir la libre exposición de todas las razones, porque nadie puede atribuirse por sí y ante sí el monopolio de ese desafío ¿qué mejor que las decisiones que conciernen a la educación recaigan en todos, esto es en un ámbito, el de la política, del que en principio nadie está excluido? Y que, a pesar de sus imperfecciones, no tiene un competidor que ostente mayor legitimidad para definir el interés general.

Comparto la observación de que el actual sistema de representación política es manifiestamente mejorable, y el reparo de que padece males que piden a gritos su corrección, pero no la idea de que hay otros ámbitos más legítimos para ocuparse de la educación, porque ninguno de ellos podría expresar al conjunto de la ciudadanía, con sus variados y numerosos puntos de vista inherentes al carácter pluralista de nuestras sociedades. El desafío inherente al quehacer educativo tiene unos cuantos riesgos como para que lo dejemos en manos de un grupo en particular.

Pero asumamos por un momento la lógica de la resistencia a la injerencia política en la educación, que paradójicamente hermana a izquierdistas radicales con padres salesianos, carmelitas descalzos y directores de colegios privados. Si la política, y a través de ella, el conjunto de la comunidad, no tiene arte ni parte en la educación, ¿qué queda?, ¿quién o quiénes estarían legitimados para definir en qué consiste la educación y cómo se educa a las nuevas generaciones de ciudadanos? En el ámbito de la educación básica, la respuesta es obvia: quedan los maestros y los profesores. Es obvia si, como prefiero pensar, estamos de acuerdo en que la educación tampoco puede recaer enteramente en las preferencias particulares de los padres, como si se tuviera derecho a elegir en esta materia en los mismos términos en que se elige cualquier bien y servicio en el mercado.

A falta de una palabra mejor; elijo la muy gastada de corporativismo para definir esa pretensión del gremio docente de mantener al sistema político lo más lejos posible de la educación. ¿Se imaginan en el mundo en que viviríamos si las cosas funcionaran con arreglo a ese criterio? El tipo de sistema de salud, por ejemplo, sería definido por los médicos, la legislación laboral, por trabajadores y empresarios, la política agropecuaria por los llamados productores rurales y así sucesivamente. Viviríamos en medio de una agregación de reinos de taifas con cada uno ocupándose de lo suyo y sin que nadie se ocupe de todos, sin una perspectiva de conjunto. A eso conduce la retórica anti-política tan extendida en nuestros días.

Los dirigentes de Ades alegarán que no pretenden ejercer el poder en ese ámbito, sino apenas que se los consulte, como a cualquier otro actor del quehacer educativo. Sin embargo, el sindicato docente ha ejercido, de hecho, un poder de veto sobre todas las reformas que se intentaron implementar en este país tras la restauración democrática. Desde la reforma Rama hasta nuestros días el sindicato se ha opuesto sistemáticamente a todas las reformas, planes, programas, sistemas de evaluación que intentaron implementar las autoridades de la educación pública de este país. En la mayoría de los casos defendieron el inmovilismo con argumentos peregrinos, como que los cambios eran financiados por el BID, o falsos, como en lo que atañe al actual plan ProMejora, que es acusado de pinochetista, privatizador y generador de desigualdades (Ades parece ser la única entidad que no se enteró de que uno de los mayores productores de desigualdad es el actual sistema educativo). Todo ello sin que hayamos asistido nunca a una propuesta alternativa. O bien los profesores sindicalizados (una minoría del profesorado) piensan que el sistema educativo no necesita mayores enmiendas o bien defienden el actual orden de cosas, con sus modos de gestión, de tomar decisiones y de distribución del poder, por puro interés corporativo.

Va de suyo que la “politización” de la que hay que cuidarse es la que podría derivarse de que el gobierno de turno tuviera las manos completamente libres para hacer lo que quisiera en el ámbito educativo y se viera tentado a adoctrinar a las nuevas generaciones de imberbes. Como en Cuba, por ejemplo.

Pero hay que decir que en Uruguay ese peligro está conjurado, gracias a una arquitectura organizativa y legal de la educación pública plagada de pesos y contrapesos, encorsetada por disposiciones constitucionales, la exigencia de que sus directivos cuenten con la aprobación del Senado, y preocupada hasta extremos delirantes por la “autonomía” y la no injerencia de “los políticos”. Hasta tal punto es así que no debe haber un ministerio de Educación que tenga menos injerencia en la gestión diaria de los asuntos educativos que el de este país. En rigor, los peligros parecen ser otros: uno es la parálisis, el “no toquen nada”, con los estudiantes como rehenes; otro es que la educación se blinde frente a la política y se convierta en un campo de batalla por parcelas de poder o en un mercado educativo.

Me parece que aquí reside uno de los grandes temas de debate (y confrontación política) en este campo: defender o derribar las murallas erigidas (o por erigir) en torno a la educación para impedir que la sociedad, a través de la política, diga lo que tenga para decir acerca de para qué y cómo educar. No será la primera vez que la sociedad se divida en torno a este asunto. Nunca faltaron los que perciben impulsos totalitarios detrás de cualquier iniciativa del Estado en materia educativa, pero tampoco los que se opusieron al control de la educación por la Iglesia Católica, defendieron el laicismo y la igualdad de posibilidades –que difícilmente pueden alcanzarse sin una buena y universal educación pública–, ni los que dieron una batalla cultural contra la pretensión de que la educación es, esencialmente, un asunto privado, de los padres. El batllismo, la socialdemocracia, una parte de la izquierda libraron esas batallas durante casi todo el siglo XX precisamente porque pensaban que el campo político sí debía tener la última palabra en la preparación de los futuros ciudadanos. En la acera de enfrente tuvieron al patriciado y a la Iglesia. Nosotros tenemos a Ades.

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19 respuestas a Política y educación

  1. Daniel dice:

    Coco, no podría estar más de acuerdo.
    Claro como el agua clara.

  2. pincho dice:

    muy buena la nota Coco!

  3. Marcos dice:

    Jorge:

    me gustó mucho tu nota. Al fin has vuelto, se te extrañaba. Un fuerte abrazo y feliz año.
    Marcos.

  4. Maruja dice:

    Lo llamativo de esta actitud de Ades y Fenapes es que la ideología radical que sustentan sostiene que “todo es política” en la vida, desde los temas sociales hasta los domésticos. Sin embargo, cuando se trata de la educación, es decir cuando se trata de ellos, ahí se resisten con uñas y dientes a que el Estado intervenga. Ahí parecen verdaderos liberales. Han tratado de boicotear hasta la adjudicación de los nuevos horarios de los docentes. La contradicción entre su discurso y sus acciones es evidente y enorme. Supongo que tendrán una explicación para justificarse: dirán que el problema son “estos políticos”, si estuvieran otros en el poder, los buenos, de los de ellos, entonces tendrían una actitud más flexible. Si estuvieran políticos afines a Ades, en ese caso aceptarían cualquier injerencia estatal en la educación. De eso no tengo dudas.

  5. Agustin E. dice:

    Al fin y al cabo una manifestación más de nuestro querido y –lamentablemente- omnipresente corporativismo sindical. Pequeño detalle circunstancial: se trata del sindicato de la “Educación”, sí, con mayúscula y entre comillas. Pregunto y me indigno: ¿semejantes características ortográficas no ameritarían que la población se agite un poquito más ante un tema de tamaña importancia? No sé que me calienta más: si pertenecer a colectivos de ciudadanos que cada vez hacen menos por los problemas realmente importantes de su país o si compartir mis días con el lacrismo mediocre de la muchachada amena de Ades.

    Ya que me desboqué, agrego que en ese sentido envidio a los argentinos y su capacidad de poner el grito en el cielo cada vez que alguna Mabel Lolo de turno les sacude la estantería. Podríamos imitarlos. Pero sólo en eso, en las definiciones por penales, por ejemplo, prefiero seguir con nuestro método.

    Muy bueno el artículo, Jorgeao.

    Abrazo.

    Agustín

    P.D.1: ¿Y los estudiantes? Por lo menos a los de liceo, ¿no se los puede integrar al debate y darles un lugar de opinión importante?

    P.D.2: No me gustan las bombitas gratarolas para Cuba que se te caen al final de los párrafos, son evitables, ¿no?

  6. ¿Le parece que son gratuitas las observaciones, Agustín? ¿Le parecen realmente gratuitas? ¿No son el ejemplo apropiado de lo que quería decir? Relea y después me dice. Estoy dispuesto a rectificar. Esa bombita no está traída de los pelos. Qué cree que respondería un dirigente de Ades si le pregunta qué piensa del manejo de la educación en Cuba (politizada precisamente en el peor sentido de la palabra, con el propósito de adoctrinar a las adolescentes). Haga la prueba y después me cuenta. ¿Le digo qué me parece que respondería? Que allí sí está bien que la política tenga la última palabra en materia de educación, porque allí sí existe una democracia de verdad, la de acá es de mentira….

    Esto merece seguirse con un cariborato de por medio, se lo debo…

    Salú

  7. jorge ciasullo dice:

    COMPARTO TOTALMENTE LOS CONCEPTOS DEL SEÑOR bARREIRO
    jORGE c

  8. Fernando Barreiro dice:

    Sobre la PD2 de Agustín E., lo interesante seria que nos contara “porqué no le gustan las bombitas gratarolas sobre Cuba”. Que nos explique cuales son las pulsiones, razones, caprichos, afectos, motivos, o lo que sea…. quue le llevan a creer que dichos comentarios son evitables (sic). Porque este asunto no es un mero comentario al margen. Es algo que apunta al centro del modelo de sociedad estamos defendiendo y cual es nuestra identidad como personas progresistas y de izquierdas.

  9. Brenda dice:

    ¿Democráticos o patoteros? Van a “apretar” a los directores de los liceso para que no apliquen el programa Pro-Mejora

    http://www.elpais.com.uy/120122/pnacio-620119/nacional/-sindicato-docente-violo-derechos-personales-/

  10. Fabiana dice:

    A mí tampoco me gustan las “bombitas gratarolas a Cuba”, y el motivo es que en el tema educación, del que se habla en este artículo, Cuba es el país con mejores resultados educativos de las Américas (EEUU incluido). En Cuba son todos pobres, pero no hay miseria. Los niños no tienen que salir a trabajar. Los profesores ganan lo mismo que cualquier profesional y son muy respetados en su labor. Los padres estimulan a sus hijos en el estudio (dato fundamental, ya que la correlación positiva entre educación paterna y éxito educativo de los hijos se constata en todo el mundo). Aconsejo este artículo, donde se entrevista a un “Chicago boy” experto en educación comparada de la Universidad de Stanford: http://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2010/06/24/%E2%80%9Cla-competencia-en-educacion-es-una-locura-de-la-derecha%E2%80%9D/
    O este otro, del tecnogurú Manuel Castells:
    http://www.intersindical.org/stepv/peirp/premsa/041218%20vanguardia.htm
    Ninguno de los dos puede ser acusado ni por asomo de pro-cubano, no teman.
    Otro detalle: el link de la palabra “Promejora” y conduce al audio de una entrevista a Corbo. ¿Ese es el argumento de Barreiro para las gravísimas acusaciones que hace a los profesores de secundaria que están en contra de ese plan? ¿Barreiro leyó y reflexionó sobre el Promejora? ¿Y sobre la Ley General de Educación? ¿Reflexionó sobre el sentido de la autonomía, consagrada en la Constitución, más allá del facilismo con que lo presenta aquí?
    Por suerte hay gente que sí piensa, y sin ese odio reaccionario a los sindicatos que ostenta Barreiro, además de con bastante más conocimiento de causa. Puede leer, por ejemplo, las reflexiones del maestro Miguel Soler sobre la Ley de Educación, donde hace un interesante análisis del sentido de la autonomía:
    http://www.laondadigital.com/laonda/laonda/405/A1.htm

    • Fernando Barreiro dice:

      Si existen personas pro-cubanas y anti-cubanas no tiene mayor interés para mí. No me siento en ninguna de estos dos “supuestos bandos”. Ser pro o anti cubano debe ser una especie de rémora propia de la izquierda latinoamericana menos imaginativa. Lo que sí que cuesta creer es que haya una educación de calidad y que merezca ese nombre, en el marco de un sistema totalitario que impide la circulación libre de ideas y de cualquier crítica a los que hoy ostentan el poder (dentro de la revolución todo, fuera de la renvolución, nada… o algo parecido decía Fidel). La educación debe colaborar a crear….ciudadanos, que como tales deben ser críticos, plurales, abiertos y con tolerancia la discrepancia. Pero sobre todo, educados en la libertad de asociarse, de expresarse y de ser autónomos, atributos que el régimen cubano no tolera y niega. Como todo régimen totalitario. Por tanto, la educación está al servicio de un régimen que impide ejercer la ciudadanía. Lo otro es anecdótico (aunque se llamen “resultados educativos”).

  11. Pensaba escribir respecto de las bondades de la educación cubana, pero Fernando se me adelantó. No puede ser una buena educación aquella que se dedica a adoctrinar a los infantes. La bloguera Yoaní Sánchez ha narrado a la revista colombiana El Malpensante sus peripecias y calvarios como estudiante de Letras en La Habana. Se las puede comparar con los elogios que expone Fabiana. ¿Educar es sacar buenos resultados en matemáticas, historia y química? ¿O que no haya analfabetos? Si educar es algo más que eso, como intento exponer en el artículo, entonces es dudoso que Cuba se pueda comparar con ventaja con cualquier sistema educativo. ¿No han visto a los pioneritos de uniforme adorando al Che Guevara?

    Por si alguno se dejó llevar por las falacias de “Fabiana”, debo decir que mis críticas al sindicato de docentes, o mejor dicho a los dirigentes del sindicato (que no debe confundirse con una crítica a los docentes mismos, porque a Ades apenas está afiliado el 20% de los docentes) no se basa en absoluto en los comentarios del consejero Corbo sobre el plan Pro-Mejora. Nada que ver. Cualquiera que haya leído el artículo se dará cuenta de que mis críticas están fundadas en razones enteramente diferentes, que nada tienen que ver con ese plan.

    No tengo ningún odio a los sindicatos. Los sindicatos son imprescindibles para defender el salario y las condiciones de trabajo de cualquier grupo de trabajadores. Los defiendo hasta las últimas consecuencias. Lo que critico –de nuevo en contra de las falacias de “Fabiana”— es la pretensión de que los sindicatos dirijan la educación o tengan una suerte de poder de veto sobre los cambios que se implementan en la enseñanza. Nada más… y nada menos. El cliché izquierdista, en cambio, viene a decir que siempre hay que estar del lado de los sindicatos, aunque éstos defiendan el inmovilismo, sean patoteros y expulsen de sus filas a quienes están de acuerdo con las reformas oficiales. Pregunto: ¿lo progre, lo transformador, lo no-reaccionario, lo revolucionario es estar con Ades en esta controversia?

  12. Fabiana dice:

    Las evaluaciones y los diagnósticos sobre educación se basan en los llamados resultados educativos, es una cuestión metodológica, no anecdótica. Cuando aquí se habla del “penoso estado de la educación en nuestro país” entiendo que se refiere a lo medible y medido, es decir, a los resultados educativos. No conozco mediciones de grado de “adoctrinamiento”, ni estudios que consideren esa variable. Si no hay acuerdo en esos elementos básicos, no vamos a poder discutir sobre si la educación aquí o allá es mejor o peor.

    Se me acusa de incurrir en falacias. Pero alcanza con leer más arriba y ver que “Barreiro” sostiene que los sindicatos educativos usaron “argumentos peregrinos, como que los cambios eran financiados por el BID, o falsos, como en lo que atañe al actual plan ProMejora, que es acusado de pinochetista, privatizador y generador de desigualdades”.
    ¿Por qué tilda de falsas a esas acusaciones? “Barreiro” no dice nada, cede la palabra vía link a Corbo. ¿Qué otra “demostración”, aparte de las palabras de Corbo, puede darnos de su falsedad?

    No pensé que esta fuera una competencia por ser “progre” o por estar o no del lado de Ades o de Cuba. Creí que la idea, como la de muchos blogs, era discutir sobre un tema de interés común. Me equivoqué.

    • Fernando Barreiro dice:

      Me he tomado la molestia de leer los articulos que cita Mariana y me encuentro con esta sorpresa, enunciada por Manuel Castells en su articulo de La Vanguardia: “Pero el otro factor es aún más importante: la implicación de los padres y madres en la familia. Y aquí, el sistema cubano es más eficaz porque exige a los padres y madres que lo hagan. Hay una fuerte presión social en ese sentido, organizada desde la propia escuela.Cuidado: ni Martín Carnoy (el otro citado por Mariana) ni yo abogamos por un sistema autoritario que dicte a la familia lo que hay que hacer”.
      Sin comentarios….

  13. Tato dice:

    Después de leer atentamente lo escrito me pregunto de qué estamos discutiendo, señor ministro. Pensé que la discusión era en torno a las relaciones entre política y educación. Pero salta alguien a acusar de “odioso reaccionario” al autor de este excelente ensayo y luego se lamenta de que se largó una competencia por ver quién es progre y quién reaccionario, quién está con Cuba y quién en contra. Si no le gusta esa competencia, no la inicie, señora. ¿Cuál es el tema de interés común? Yo creí que era la legitimidad de la intervención del poder político en la educación (de eso habla el post). En ese contexto, interviene Fabiana con el ejemplo de Cuba, que no puede interpretarse de otra manera, yo lo interpreto así, que como un buen ejemplo de esa intervención estatal. Barreiro simplemente puso a Cuba como la peor versión de esa politización (adoctrinamiento). No era el centro del artículo, sino una referencia colateral. Es apenas una frase en todo el artículo. Pudo haber puesto el ejemplo de Corea del Norte o de la Alemania nazi y nada hubiera cambiado. Y después Fabiana se lamenta de que esto se haya convertido en una competencia “por estar o no del lado de Cuba”. Póngase de acuerdo con usted misma, Fabiana.
    Diferente es lo de Ades. Obviamente que los compañeros de Ades son el blanco de la crítica del odioso reaccionario. Pero Fabiana también se queja de esa “competencia”. O sea que tampoco se puede discutir sobre la postura de Ades. Podemos discutir si la meta de inflación del gobierno se cumplió o no, o si el guapo Larrañaga hizo bien en largarse del Directorio. O del sexo de los ángeles.

    • Fabiana dice:

      Sr. Tato: Lea bien, haga el favor. A Cuba la extrajo del post Agustín E. con la referencia a las “bombitas gratarolas”. Respondieron dos Barreiros primero y una Fabiana después. Hable usted del “verdadero tema” si le parece correcto, nadie se lo impide.
      Todavía no obtuve respuesta acerca de por qué es falso lo que dicen los sindicatos docentes sobre el ProMejora. Dígame, por favor, si eso está en el tema o es un comentario colateral del columnista al que no hay que hacer caso.

  14. Fabiana dice:

    Otra cosa, Sr. Tato: tal vez no lo haya visto porque quedó en la línea de más abajo, y tal vez no haya llegado a leer tanto, pero mi primera intervención iincluye una recomendación a un artículo del maestro Miguel Soler en el que reflexiona sobre el entonces proyecto de Ley Gral de Educación, con una interesante reflexión sobre AUTONOMÍA.

  15. Quien tiene que demostrar que Pro-Mejora es pinochetista, privatizador y promotor de la desigualdad es quien lo acusa de tales felonías, es decir Ades. Ni yo ni, por descontado, las autoridades de la educación pública tenemos que demostrar que no es ninguna de esas tres cosas. Pretender lo contrario es invertir la carga de la prueba. Entre otras cosas, después de escuchar a Corbo y leer las bases de Pro-Mejora no hay nada, nada, nada que me induzca a pensar eso. Y, lo más importante, es que quienes tienen que demostrar que Pro-Mejora supondrá todos esos crímenes, no dan un solo argumento que los avale. ¿De dónde se deduce que van a privatizar liceos, o municipalizarlos como hizo Pinochet? Las acusaciones están basadas en pura ideología, en consignas. Carecen de razones: Ades y la dirección del liceo de Peñarol, por ejemplo, se pusieron de acuerdo hace un tiempo en organizar una mesa redonda para que cada uno expusiera sus puntos de vista a favor y en contra de Pro-Mejora. Primero le tocó el turno a Ades y pudieron exponer, cuando le tocó el turno a las autoridades de la enseñanza pública, el sindicato le organizó un piquete en el salón del liceo donde iban a exponer y le boicotearon la actividad.

    Sostengo que es peregrino el argumento de que un proyecto esté financiado por el BID para oponerse a él, como hizo Ades con la reforma de Rama, porque eso no habla de las bondades o defectos de un plan. Con ese criterio la ciudad de Montevideo carecería hoy de colector subacuático para evacuar las aguas servidas, ya que en buena medida fue construido con un préstamo del BID.

  16. En este link se puede acceder a todos los documentos del programa Pro-Mejora que, es bueno recordarlo, es un programa piloto que se aplicará en unos pocos centros, y sujeto a evaluación.

    http://www.anep.edu.uy/promejora/index.php?option=com_phocadownload&view=category&id=1:documentos&Itemid=21

    Dado que, tal como he aclarado, no soy docente ni pedagogo, no he incurrido en el texto (ni incurriré ahora) en la temeridad de afirmar que Pro-Mejora supondrá la salvación de la educación de este país o que es la panacea. Pero si alguien logra demostrar, después de leer estos documentos, de que en él se incuban los insidiosos venenos de la privatización, la chilenización y la desigualdad social, me comprometo a invitarlo a una cena en el restorán de su elección, después de lo cual juro que no escribiré una línea más sobre temas vinculados, aunque sea remotamente, a la educación.

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