Malvinas

para V.K.

A treinta años de la penosa guerra que sacó a la calle a centenares de miles de argentinos para apoyar la criminal aventura bélica de la Junta Militar en Malvinas, el gobierno de Cristina Kirchner ha emprendido una serie de conmemoraciones con el evidente propósito de poner el tema de la soberanía de las islas entre las prioridades de su agenda política. Me pregunto si esos actos patrióticos son –con los matices y las distancias que se quiera– tributarios o continuadores de aquella “gesta”, y si no lo son, ¿por qué se recurre precisamente al aniversario de esa guerra para reclamar la recuperación de esos territorios?

Con pertinaz tozudez y contra toda evidencia, buena parte de los argentinos insisten en que las islas Malvinas (o Falkland) son argentinas. Como todos los datos disponibles indican que las citadas islas son británicas, uno supone que lo que se quiere afirmar no es tanto que sean argentinas como que deberían serlo.

Pero el derecho argentino sobre las Malvinas es, creo yo, discutible. Tiene por casi únicos fundamentos la cercanía física del archipiélago respecto de Argentina y la legitimidad heredada del orden colonial del mundo (está implícito en el argumento que lo que fue español, debe ser ahora argentino… o chileno, peruano, paraguayo, etc.). El gobierno no puede alegar en defensa de su reivindicación la existencia de alguna forma de opresión o discriminación de una población autóctona, como sí fue el caso de los orígenes del propio Estado argentino, ya que las islas de las que se apoderaron los británicos estaban prácticamente vacías.

La actual división del mundo en Estados nacionales, con sus respectivos territorios soberanos, comenzó a gestarse hace ya más de dos siglos, cuando se inició la lenta descomposición de los imperios coloniales. La paulatina atribución de determinados territorios a otros tantos Estados no obedeció a consideraciones acerca de la unidad étnica, lingüística o cultural en general de las sociedades concernidas. Tampoco a criterios de justicia (después de todo, ¿qué puede considerarse justo en lo que atañe al establecimiento de fronteras estatales?), sino a la fuerza pura y dura. Salvo excepciones, la historia de la conformación de los Estados nacionales, en particular la del reconocimiento de sus respectivas fronteras, es una historia de sangre y sufrimiento, en la que la fuerza tuvo siempre la última palabra. No es una historia idílica de sucesivos avances del derecho y la justicia, a la que le falta únicamente el capítulo de las islas Malvinas para concluirse. No sólo la ocupación británica de este archipiélago (una auténtica insignificancia comparada con otros arrebatos territoriales) es fruto del poder militar. De todos los países del mundo pueden decirse cosas parecidas.

Sin ir más lejos, mientras se producía la ocupación británica de las islas en 1833, Juan Manuel de Rosas, venerado por los peronistas, emprendía la primera campaña de exterminio de los aborígenes en la Patagonia. ¿Por qué la primera les resulta a los nacionalistas más inaceptable que la segunda?

Otra pregunta ineludible es si acaso es posible enmendar todas las injusticias y atropellos cometidos en esta materia en los últimos dos siglos. O en los últimos 25, ya que puestos a corregir atropellos, podemos proponernos corregirlos todos, desde el principio de los tiempos. ¿Para restaurar qué?, ¿un orden primigenio?, ¿cuál? Puestos a la tarea, podríamos aceptar que los griegos exijan la restitución de aquellos territorios que sus antiguos ancestros poseían hace más de veinte siglos, que Uruguay sea devuelto a Argentina, de la que fue extirpado por la fuerza de las armas (después de todo era parte del virreinato del Río de la Plata), que Polonia recupere las regiones que hoy, gracias a los dictados de Stalin, están bajo soberanía bielorrusa o ucraniana, que Chile devuelva a Bolivia los territorios arrebatados durante la Guerra del Pacífico, y la Patagonia argentina, de la que fueron expulsados los aborígenes, ¿a quién habría que devolvérsela? ¿A partir de cuándo es legítimo invocar la justicia para impugnar las fronteras existentes en cualquier parte del mundo? La pregunta no es caprichosa, pues todas las fronteras nacionales llevan alguna mancha, alguna vergüenza propia de un pasado en el que el derecho internacional brillaba por su ausencia. Por descontado las del actual Estado argentino, que, repito, ha sido erigido sobre el exterminio de los que estaban antes que los “argentinos”.

Reparar todas las injusticias cometidas desde el principio de los tiempos parece una tarea sencillamente imposible. Sobre todo si se lo quiere hacer sin agregar una nueva injusticia a la cadena de injusticias pretéritas. Sospecho que con los únicos que podemos hacer justicia es con nuestros contemporáneos, no con quienes ya no están entre nosotros ni, mucho menos, con quienes se atribuyen la propiedad de una parcela del mundo que jamás habitaron. Contemporáneos nuestros son los actuales habitantes de las Malvinas y ninguna demanda que ignore su voluntad traerá una solución duradera a la disputa por la soberanía de esas islas, que de eso se trata, de una mera disputa territorial, no de emancipar a ningún pueblo sometido.

Conviene aclararlo porque en estos días ha vuelto a irrumpir la retórica anti-colonialista en los discursos oficiales argentinos, la evocación de la autodeterminación y otras pomposas palabras. Pero las Malvinas no constituyen un típico caso colonial, al estilo de Argelia, India o Angola, donde el anhelo anti-colonial era inseparable del ejercicio del derecho a la autodeterminación por parte de esos pueblos. En Malvinas nunca hubo una población autóctona oprimida y quienes viven en ella desde hace casi dos siglos no quieren saber nada de ser “liberados” por Argentina.

Las líneas precedentes no pretenden zanjar una controversia sobre la que carezco de los elementos de juicio necesarios como para tener una posición definitiva y al abrigo de la duda. Lo que sí pretenden es cuestionar la convicción casi religiosa de los nacionalistas argentinos, acompañados en su fe por el gobierno uruguayo, de que las Malvinas son (o deben ser) argentinas. La soberanía sobre esa suerte de territorio irredento que vendrían a ser las Malvinas en el imaginario colectivo de los argentinos es asunto tan discutible como cualquier otro de orden político.

Dado que la inmensa mayoría de los argentinos jamás puso un pie en las Malvinas, que casi ninguno de ellos puede alegar que ese archipiélago perdido en el sur del mundo tiene la menor influencia en su vida y que el mayor problema de los argentinos no ha sido precisamente la escasez de territorio, cabe preguntarse, pues, cómo se fraguó esa comunidad puramente emocional que hermana a los argentinos en una aspiración patriótica impermeable a la argumentación y susceptible de incurrir en el apoyo entusiasta a una guerra que ahora pocos se explican. La respuesta es, creo yo, el encanto que ejerce el nacionalismo, ese opio contemporáneo de los pueblos.

Cualquiera que conozca algo de historia sabe que en nombre de la patria se han cometido las peores fechorías, que un enemigo externo siempre viene como anillo al dedo para unir a la propia tribu y que los gobiernos en dificultades han recurrido y siguen recurriendo a grandes “causas nacionales” para distraer la atención y de paso anatematizar a los disidentes. La cíclica aparición y desaparición de la ‘causa Malvinas’ en la política argentina avala la sospecha del uso espurio del reclamo.

“La mayor utilidad de las Malvinas es que no las tenemos”, afirma el historiador argentino Luis Alberto Romero. “Un territorio irredento que debe ser recuperado es lo mejor para unirnos contra cierto enemigo nacional que no necesariamente es extranjero. Cualquiera que se oponga a la recuperación es visto hoy como un apátrida y un liberal. No hace falta decir mucho más para subrayar todas las nefastas consecuencias ideológicas y políticas de este discurso”.

El historiador inglés Eric Hobsbawn, por su lado, afirma algo semejante pero pensando en Margaret Thatcher, cuya popularidad estaba por los pisos en 1982. En su libro Naciones y nacionalismos desde 1780 sostiene: “¿Qué otra cosa si no la solidaridad de un ‘nosotros’ imaginario contra un ‘ellos’ simbólico ha empujado a Argentina y Gran Bretaña a una guerra descabellada por unas tierras pantanosas y unos pastos en el Atlántico Sur?”.

Afortunadamente, empiezan a escucharse otras voces en Argentina. En el documento ‘Malvinas: una visión alternativa’, 18 intelectuales y periodistas del otro lado del río –imagino que ya motejados de cipayos, liberales y/o gorilas– toman distancia de la enésima cruzada nacional y popular.

Sostienen que “a tres décadas de la trágica aventura militar de 1982 carecemos aún de una crítica pública del apoyo social que acompañó a la guerra de Malvinas y movilizó a casi todos los sectores de la sociedad argentina”, destacan “la escasa relación (de los actos oficiales por las Malvinas) con los grandes problemas políticos, sociales y económicos que nos aquejan”, llaman a “poner fin hoy a la contradictoria exigencia del gobierno argentino de abrir una negociación bilateral que incluya el tema de la soberanía al mismo tiempo que se anuncia que la soberanía argentina es innegociable” y a reconocer a “los habitantes de Malvinas (…) como sujetos de derecho”, recuerdan que “la historia (…) no es reversible”, y que “el intento de devolver las fronteras nacionales a una situación existente hace casi dos siglos –es decir: anterior a nuestra unidad nacional y cuando la Patagonia no estaba aún bajo dominio argentino– abre una caja de Pandora que no conduce a la paz”, sostienen que “la sangre de los caídos en Malvinas exige que no se incurra nuevamente en el patrioterismo que los llevó a la muerte ni se la use como elemento de sacralización de posiciones que en todo sistema democrático son opinables” y aseguran que “los principales problemas nacionales y nuestras peores tragedias no han sido causados por la pérdida de territorios ni por la escasez de recursos naturales, sino por nuestra falta de respeto a la vida, los derechos humanos, las instituciones democráticas y los valores fundacionales de la República Argentina, como la libertad, la igualdad y la autodeterminación”. Ojalá que este lúcido abordaje del tema Malvinas no caiga en saco roto.

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30 respuestas a Malvinas

  1. Danielito dice:

    Si los países fueran veleros, izaría una vela que me llevara bien lejos del puerto de Buenos Aires.

  2. Susana dice:

    Hablas de la violencia sobre la que se formò el Estado argentino como si los demàs se hubieran creado sobre la persuasiòn y las buenas palabras. Por què destacàs el Estado argentino? ¿para que parezca que es màs o menos lo mismo que la ocupaciòn inglesa de las Malvinas?

  3. No hablo sólo del Estado argentino. Digo con todas las letras que casi todos los Estados del mundo tienen alguna vergüenza o mancha en su haber cuando hablamos de sus orígenes o de sus soberanías territoriales. Si me detengo en el caso argentino es porque el asunto refiere a las Malvinas y a las pretensiones territoriales de Argentina.

    Pregunta Susana si digo lo que digo para que la ocupación británica de las Malvinas y la persecución de los indígenas en el siglo XIX ‘parezcan’ màs o menos lo mismo. ¿Acaso no equivalen a lo mismo? Bueno… si hay alguna diferencia, los británicos salen mejor parados de la comparación, porque en relación con las matanzas perpetradas durante las campañas del desierto de Rosas y de Roca, su ocupación de las Malvinas no pasó de ser un picnic dominical.

  4. Pablo Azzarini dice:

    Muy buena, Barreiro. Es evidente la movida patriotera tipo 1984 de toda esta “oportuna” reivindicación.
    Es la misma vieja viveza para manejar la opinión de la gente, al tiempo que embreta a los gobiernos del Mercosur en una “gesta emancipadora”.
    Para muestra basta el discurso de Cristina allá en el sur, al lado del monumento a los caídos en Malvinas. Putea a Galtieri, reivindica a los combatientes; realmente inefable.
    Si no se hubiera detectado petróleo cerca de las islas el aniversario quizá sólo serviría para algún gesto populista tipo homenaje a los veteranos de guerra. O capaz que ni eso.

  5. ArK dice:

    Hay que ser cipayo, adorador de la monarquía británica y reaccionario para defender la teoría de que una metrópoli que está a 14.000 km de distancia de las Malvinas tiene más derecho sobre esa tierra que los argentinos, que están enfrente. Que haya enclaves coloniales (sí coloniales) es un hecho obsoleto en este siglo, ya lo dijo nuestra presidenta, elegida con el 54% de los votos. Y no sólo ella, Argentina viene reclamando las Malvinas desde hace más de un siglo, no se lo inventaron unos pingüinos. No es oportunismo como decís. Los kelpers tampoco son población autóctona, los pusieron allí los ingleses.

  6. Enrique Larreta dice:

    Es interesante observar que las campañas nacionalistas de reivindicación por las Malvinas no han sido un tema constante en la historia argentina durante el siglo XX. Los tres presidentes más importantes de la historia Argentina Moderna, Julio Argentino Roca, Hipólito Irigoyen y Juan Domingo Perón nunca promovieron campañas de devolución de las islas frente a Gran Bretaña . Se limitaron a reclamos formales a través de medios diplomáticos como los que España realiza regularmente en relación a Gibraltar. Las campañas en relación con Las Malvinas comienzan en la década del 60. Coinciden con la perdida de gravitación internacional de la Argentina un país que hasta la primera mitad del siglo XX era considerado como el país más importante – en riqueza y capital humano- de América Latina. Durante el gobierno de Arturo Illia , Presidente radical que iba ser derrocado por la dictadura nacionalista católica de Onganía, se realizaron importantes avances jurídicos en las Naciones Unidas en el reconocimiento de los derechos de Argentina sobre esos territorios. Esto se debió, de una parte a la inteligente política diplomática de los representantes argentinos en la ONU y también al contexto histórico. Muchos nuevos países, hasta hacía poco sujetos a la dominación colonial , se estaban incorporando a las Naciones Unidas en esa época creando una caja de resonancia sensible a a las reivindicaciones anticoloniales. Pero además la mayoría de los nuevos países eran multietnicos, multinacionales y multirreligiosos. Por esa razón de Estado – evitar tentaciones secesionistas- las Naciones Unidas se inclinan por afirmar el principio territorial como central en detrimento de la protección de las minorías que predominó durante la época de la Liga de las Naciones a partir de los Tratados de Versalles y vuelve a la escena actualmente. Ese clima hoy ha cambiado en el marco del multiculturallsmo y el postcolonialismo que interroga de diversas maneras el nacionalismo de Estado. Esa situación es muy importante en antiguos imperios multiétnicos como Rusia , la India y China.
    Pero los avances juridicos argentinos en la ONU durante los años 60 que habían creado las condiciones para un negociación favorable a la Argentina como la que consiguió China con Hong Kong, luego de 1982 -un caso mucho más complejo e importante,- fueron brutalmente interrumpidos por el acto de aventurerismo irresponsable de la Junta militar encabezada por el General Galtieri. (No califico éste acto de criminal porque en el caso de los generales argentino el adjetivo criminal lo siento como una redundancia.) Además de las incontables perdidas humanas, y las consecuencias irreparables para toda la región,( hoy se sabe que también la economía de la región fue profunda y negativamente afectada por esa guerra desgraciada- )el retroceso diplomático fue enorme y posiblemente irreparable para Argentina. Cambió la relación de Argentina con los habitantes de las islas, quizás para siempre y arrojó dudas sobre la legitimidad de sus actos situando a Gran Bretaña en la condición de defensor de los isleños. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas condenó la acción argentina ordenando su retirada inmediata de las islas los mismo que la Union Europea incluída la Francia socialista de Francois Mitterrand.
    El episodio grotesco de la toma de las Malvinas en el 82 con todas sus trágicas connotaciones me parece interesante visto desde el 2012 porque pone de relieve un hecho paradójico. La democracia en la Argentina e indirectamente quizas ‘también en Uruguay se la debemos en buena medida a una señora inglesa conservadora y neoliberal llamada Maggie Roberts, como todo el mundo sabe el nombre de soltera de Margaret Thatcher.! Si en un escenario de historia virtual Galtieri ganaba su guerra, que tendríamos hoy en la región.? Sin duda un cono sur nuclearizado porque los conflictos entre los militares argentinos con el Brasil que ya se habían expresado en muchas hostilidades , se habrian incrementado y cada uno estaría profundizando alegremente su tecnología nuclear. para defenderse del ENEMIGO, como corresponde. Los crímenes de las dictadura argentina serían denunciados por grupos aislados de activistas y los desaparecidos habrían sido
    dejados de lado en un escenario de perpetuación en el poder en medio del estruendo bélico del nacionalismo, vencedor del imperio británico por haber recuperado las islas para la nación argentina. A los kelpers se les habría otorgado la ciudadania argentina luego de cursos obligatorios de castellano y luego de no aceptar la soberania impuesta por los militares quizás se les habría arrojado al mar, un rito de pasaje habitual para ciudadanos argentinos y otros residentes en esa época. Que agregan unos pocos miles de kelpers a otros miles de ciudadanos argentinos desaparecidos. ( 7 O 8 mil como dijo Videla la semana pasada, mil más más menos , tanto da… todo lo justifica el objetivo supremo de la defensa de la Nación) ?
    Ya sabemos que eso no pasó. Lo que si sucedió es lo que conocemos , que Galtieri perdió su guerra y ese fue el comienzo del fin de la dictadura militar. Y las Malvinas? Siguen ahi, rocosas y ventosas habitadas pro una población de habla y cultura inglesa que no quiere nada , para decir poco, a los argentinos y tiene pocas razones para quererlos. Tienen un alto nivel de vida, sus hijos pueden estudiar con becas en las Universidades inglesas , tiene vuelos a Londres y gozan de un alto nivel de vida.
    Argentina importa combustible a cinco veces su precio en el mercado interno, no posee credito en el exterior , sus armas son casi las mismas que las del 82 y no tiene dolares para comprarlas, sus Fuerzas Armadas están desprestigiadas por razones más que comprensibles. Por lo tanto no puede presionar ni amenazar militarmente a Gran Bretaña. Debido a la fallida invasión su espacio de maniobra diplomática es praçticamente nulo. La posición de apoyo de los países latinoamericanos , es poco más que formal y en los hechos deja librado el conflicto a una negociación bilateral.
    Entonces? Lo único que queda es el camino de la retórica anticolonialsta vacía. El canciller Timerman empleo más de media hora explicandole a los delegados del UNASUR las maldades historicas del colonialismo inglés y la Presidenta le recordó a los delegados en la cumbre de Cartagena de Indias a todos los representantes que alli estaban, que provenian de Republicas que una vez fueron colonias. Una verdad histórica.
    tan indiscutible como conocida. El asunto es que hacemos con esa verdad para insertarnos en el mundo el 30 de abril de 2012, en los comienzos del sigloXXI. Pero sospecho que el gobierno argentino no está demasiado preocupado por ese tema.

  7. Nacho dice:

    Excelente artículo! Muy bueno el comentario de Larreta arriba también.
    Que mezquina y como atrasa Cristina cuando dice que “Cartagena se reconstruyó para evitar ataques de piratas ingleses, paradojicamente” o algo por el estilo en la última cumbre en esa ciudad. Estos cuatro años van a ser taaan largos…
    Saludos desde Argentina, estimados orientales.

  8. Hugo dice:

    Interesante reflexión la de Larreta sobre el lugar de la “causa Malvinas” en la diplomacia argentina durante el siglo XX, que confirma lo que se dice en el artículo sobre el uso a la carta que hicieron -y hacen- los gobiernos argentinos de la reivindicación de la soberanía sobre las islas. Lo que ya no me queda del todo claro es la contundente afirmación de que Argentina (y Uruguay!) tiene hoy democracia gracias a la Tatcher. Ya leí innumerables veces esa tesis. Tiene algo de sentido común: los militares argentinos entregaron el poder porque perdieron una guerra. Suena sensato. Pero no deja de ser una especulación indemostrable. Cómo podemos tener la certeza de lo que hubiera ocurrido si no hubiera habido guerra, por ejemplo, o si los Galtieri la hubieran ganado. No lo podemos saber, porque los factores que empujaban en América Latina hacia la apertura democrática estaban ahí de todas maneras. Tarde o temprano hubiera habido democracia de todos modos en Argentina.

  9. Enrique Larreta dice:

    Puede ser que de todas maneras hubiera habido democracia en la Argentina y Uruguay. La mía no es una “afirmación contundente”sino un comentario irónico, que tiene el sentido de relativizar las lecturas demasiado políticamente correctas de la historia. Pienso que una de las pocas leyes de la historia es la ley de la ironía. Los ejercicios de historia virtual ( que hubiera pasado si…) son evidentemente escenarios imposibles pero que tienen como finalidad poner de relieve el carácter contingente y los efectos inesperados de los eventos históricos. Así como existen muchos futuros posibles , existen también muchos pasados posibles. Todavía la perspectiva dominante es la contraria: la humanidad avanza hacia la igualdad, el socialismo , la democracia etc. Paleo-marxistas y neo-liberales coinciden en ese punto aunque sus metas difieran. Me pareció que el comentario venía al caso porque el tema Malvinas concentra precisamente muchas de esas ironías. Pero se trata sin duda de una nota al pie de página separada del argumento central; aunque a mi juicio es más interesante como tema de reflexión que la propia causa de las Malvinas.

  10. rodolforodriguez dice:

    Alguien dijo alguna vez ( sin duda que con algo de simplismo) .que los paises podian clasificarse en cuatro categorias: primero los desarrollados, luego los subdesarrollados, tercero, Japon, que cuesta entender que sea desarrollado, y por último Argentina, que pocos pueden entender como es subdesarrollado.
    A primera vista no es sencillo explicar como Japón, unas islas que no tienen ningun recurso natural y azotadas permanentemente por terremotos y sunamis, hayan llegado a ser la segunda potencia economica del mundo. A la inversa es el caso Argentino, un territorio dotado con todos los recursos naturales imaginables, con tierras extremadamente fértiles y con todos los climas, pero que vive de crisis en crisis, con el consiguiente desasosiego de sus habitantes. Y mas doloroso es aún, cuando en la decada del 30 del siglo pasado el pais había alcanzado un grado de desarrollo que lo ubicaba entre los ocho paises mas ricos del mundo, con un producto por habitante superior al de Francia, Suecia, Italia, España, Austria etc.
    Lo primero que se podria decir, es que la riqueza o pobreza de un pais, no se mide por la cantidad de recursos naturales que posee sino por la capacidad y la madurez de sus habitantes en como organizan su vida social y política. Tiene mucho de razon la idea que señala que el subdesarrollo tanto como el desarrollo están en la mente y no en la cuantia de los recursos naturales existentes.
    El hecho es que a partir de la decada de los 40, y a traves de una sucesion de gobiernos populistas que pensaron que ya estaba todo hecho, se enfatizo mas los derechos y los beneficios que les correspondian a cada uno, que los deberes y esfuerzos que se debian hacer para conseguirlos y mantenerlos; es que Argentina comenzo su decadencia que parece no tener fin. Los gobiernos populistas que prometen “el oro y el moro”, logran a traves de su demagogia embaucar a sus ciudadanos que sucumben a sus falsas promesas, y todos (embaucadores y embaucados) comienzan a vivir en una cierta irrealidad. Por eso que la crisis argentina no es solo economica sino que tambien es social y cultural.
    Cada uno desde el dolor y la desesperacion de lo que “un dia fue pero ya no es” intenta encontrar un chivo expiatorio propicio donde descargar todas las culpas y de paso tambien aliviar su conciencia. Politicos corruptos, los bancos, las multinacionales, el capitalismo etc. fueron señalados como los causantes de todas las desgracias. Luego, en la decada de los sesenta se desarrollo toda la mitologia tercermundista , que con un arsenal de semi-explicaciones y medias verdades, donde se mezclaron con mas pasión que razón , la autoindulgencia, los sentimientos de inferioridad y la rabia por las oportunidades perdidas, se agrego la imagen del Imperialismo yanki, como el Gran Culpable de todos los males existentes. Populismo y nacionalismo es una mezcla letal que estuvo presente desde muy temprano en las politicas argentinas, y que provoca de tanto en tanto explosiones de chauvinismo popular, capaces de apoyar con fervor a sangrientos dictadores militares como Galtieri, que con su invasión de Las Malvinas, les daba a los argentinos la ilusoria sensacion megalomaniaca, de que volvian a ser en la región, la potencia militar que les correspondia historicamente; algo asi como el centro de un nuevo virreinato del Rio de la Plata. Es anécdotico el hecho de que a los pocos dias del inicio del conflicto bélico, (y en pleno delirio de exultante nacionalismo), la revista porteña Gente publicó un mapa de los territorios “cercenados” a Argentina, que incluia entre ellos a Uruguay. Hay una vieja afirmación del escritor frances André Malraux, que decia con un poco de humor negro que: “Buenos Aires es la capital de un imperio que nunca existió”. Y no esta demas recordar que gran parte de la izquierda uruguaya apoyó con mucho entusiasmo a los militares argentinos en su aventurerismo bélico, aparcando, como ya lo habían hecho en otras ocasiones, la lucha por la democracia y por los derechos humanos.
    Coincido con Enrique Larreta que debemos agradecer a la señora Thacher , (los vericuetos de la historia son a veces extremadamente paradójicos), que haya provocado indirectamente un aceleramiento del retorno de la democracia en los paises del Plata. ¿Que hubiera pasado si en ese momento Inglaterra hubiera tenido un presidente mas condescendiente?. Cualquier escenario que uno se imagine con un Galtieri triunfador, sería espeluznante, porque ademas de las tensiones que se generarían con Brasil, los militares argentinos ya tenian también a los chilenos en la mira, como se vio en el conflicto por el canal del Beagle. Todo lo cual provocaría sin duda, una carrera armamentista desenfrenada en la región, con consecuencias devastadoras en distintos planos, junto con el reverdecer de viejas cuentas a cobrar. Piensese por ej. en Perú y Bolivia, apoyando a Argentina para intentar recobrar sus territorios perdidos a manos de Chile.
    Pero dejando de lado las especulaciones históricas, creo que los argentinos tienen problemas infinitamente mayores que el tema Malvinas, y que la periódica agitacion del mismo, lo único que logra es desviar la atención de los mismos. Pero ya se sabe que no hay peor espina, que un orgulloso nacionalismo herido.

    • Fernando Aparicio dice:

      La pucha!!! Así que los males de la Ärgentina comenzaron con el populismo-nacionalista de los 40¨?
      Seguro, la Argentina oligárquica, agro-ganadera -exportadora, la de la “década infame”, la del fraude electoral, anti-obrera y demás, era mejor que la que inauguró el satánico coronel devenido en general!. Capáz que tan idílico país se terminó por la crisis del modelo capitalista que le aseguró, hasta 1929, a Argentina, el lugar de “5o. Dominio del imperio británico”. Lo de Malvinas es anecdótico y secundario. Pero la mentalidad cipayesca (término fuera de moda ya sé), el reflejo colonizado sí que no lo es. Claro, ahora aquel detestable gral. es imitado por el matrimonio Kirchner! Sí Argentina es inentendible, sobre todo para los sensatos adoradores de todo orden imperial (raro que no se defienda a Repsol del “populismo” tercermundista).

    • pincho dice:

      “Y no esta demas recordar que gran parte de la izquierda uruguaya apoyó con mucho entusiasmo a los militares argentinos en su aventurerismo bélico, aparcando, como ya lo habían hecho en otras ocasiones, la lucha por la democracia y por los derechos humanos”.
      me gustaría saber de dónde sale esta afirmación.

  11. Raca dice:

    Pincho: no te puedo decir de dónde sale ese comentario porque no fui yo que lo hice. Pero no me parece tan raro como a vos. Teniendo en cuenta que la Unión Soviética y Cuba apoyaron la invasión a las islas (la URSS abiertamente y Cuba un apoyo a la invasión pero “manteniendo las diferencias con Galtieri” y vaya a saber qué quisieron decir con eso) no me extraña que parte de la izquierda uruguaya lo apoyara con mucho entusiasmo. La URSS desapareció sin que gran parte de la izquierda uruguaya le custionara nada y a Cuba contame vos si la izquierda le cuestiona algo.

    • pincho dice:

      Raca: no me parece raro. Simplemente que no es cierto. ¿ “Gran parte de la izquierda”? Dónde estaba el que dijo eso en 1982? Preso, exiliado o insiliado? Aquí no comprendíamos a los argentinos en la plaza de mayo saludando a Galtieri. Sabiendo que muchos se decían de izquierda… y respecto a la URSS, excepto el PC cuyo secretario general llegó a saludar y a solidarizarse por escrito con el dictador de Rumania Ciausesku, todo el resto lo denostó, vió con alegría
      la liberación de las naciones sometidas como Polonia y Checoslovakia, y de hecho el partido fue abandonado por los principales militantes. Respecto a Cuba es cierto que no es cuestionada por la “izquierda oficial”, pero eso es otra historia.

  12. Pola dice:

    Si las Malvinas “no constituyen un típico caso colonial”, como afirma el artículo, ¿por qué será que el Comité Especial para la Descolonización de las Naciones Unidas las incluye entre los 16 territorios no-autónomos que aún existen? (10 de los 16 son aún colonias, o tal vez parques para “picnics dominicales” del Reino Unido).¿Será que la ONU está en garras de los malvados populistas? http://www.un.org/es/decolonization/nonselfgovterritories.shtml

  13. Que las Malvinas son un territorio no-autónomo como dicen las Naciones Unidas está fuera de discusión. No son una nación independiente. No quiero perderme en las profundidades semánticas de la diferencia entre “un típico caso colonial” y un territorio no-autónomo, pero lo cierto es que para la ONU no son lo mismo. Si lo fueran, en lugar de convocar a Argentina y al Reino Unido a negociar la disputa por la soberanía, como ha hecho en innumerables ocasiones (o referirse, como se refiere explícitamente, a “una controversia entre los Gobiernos de Argentina y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte en relación con la soberanía sobre las Islas Malvinas”), le exigiría a Londres que se retirara de esos territorios, como le ha exigido reiteradamente en diferentes resoluciones, a Israel que se retire de los territorios ocupados en Cisjordania. Por otro lado, la política de descolonización va de la mano del derecho a la autodeterminación de los pueblos. ¿Cuál sería en este caso el pueblo que tiene derecho a autodeterminarse?

  14. Pola dice:

    Es verdad que va de la mano de la autodeterminación, pero también de la integridad territorial, que es a lo que refiere la disputa por la soberanía. Son cosas distintas y complementarias para el caso.
    Es de orden recordar, además, que los argentinos tienen prohibido establecerse en las islas desde 1833 por disposición de la autoridad colonial británica. Es una buena manera de asegurarse que la autodeterminación, llegado el caso, siga determinado rumbo. Habría que recordar, además, que hasta los años 80 del sXX, los kelpers ni siquiera eran propietarios de sus tierras, que pertenecían, como ocurre en las colonias, a la autoridad colonial correspondiente (la Compañía de las Falkland, o algo así, no recuerdo bien el nombre). En este momento, en las Malvinas hay unos 3 soldados (británicos de pura cepa, no kelpers) por habitante, y un enorme despliegue militar. No creo que sea para asegurar la autodeterminación de ningún pueblo, ni parece ser una actitud de alguien dispuesto a resolver por las buenas ninguna cuestión de soberanía.

  15. pincho dice:

    Aporto este comentario de Danilo Antón, científico e intelectual uruguayo que el mismo publicó en Facebook el pasado 2 de Abril.
    Concuerdo con su criterio confiando en que sus datos históricos son ciertos.

    Dice Danilo Antón:

    Los argumentos soberanistas argentinos sobre las islas Falkland son débiles y difíciles de sostener. El territorio isleño, que fue ocupado por el imperio británico en 1833, ha sido reclamado por Argentina en varias oportunidades y especialmente en las últimas décadas alegando un antiguo dominio (anterior a 1833) y proximidad a sus costas.
    Hay que hacer notar que en 1833 la República Argentina no existía. Había varias provincias más o menos autónomas entre las cuales sobresalía Buenos Aires cuyo territorio provincial era bastante más reducido que el actual. La Confederación Argentina (sin Buenos Aires) recién se constituyó en 1853 y la República Argentina, como tal, data efectivamente de 1861 a partir de la batalla de Pavón. En ese momento ya hacía 28 años que las islas Falkland estaban ocupadas (y pobladas) por los británicos.
    También se argumentaba que las islas están próximas al territorio argentino actual (483 kms). Ese argumento no es muy sólido. Hay que recordar que en 1833, en el momento de la ocupación, la Patagonia NO estaba bajo control de Buenos Aires. El norte de la Patagonia y el oeste de la actual provincia de Buenos Aires estaban controladas por la Confederación Mapuche de Salinas Grande bajo la jefatura de varios tokis mapuches, pehuenches y ranqueles, mientras que el sur de la Patagonia estaba habitada por comunidades onas y tehuelches, sin presencia criolla. Buenos Aires solo ejercía control sobre la franja costera de la provincia de B.A. hasta la actual ciudad de Bahía Blanca (que fue fundada como un fuerte militar recién en 1828).
    Se agrega como argumento adicional que los kelpers son una población británica trasplantada. Es cierto (parcialmente, no todos son de origen británico), pero hay que hacer notar que algunas familias de las Islas Falkland hace ya 5, 6 o 7 generaciones que habitan el territorio. No es muy diferente de lo que pasa en Argentina. Muchos kelpers están en las islas antes que llegaran las olas de inmigrantes a la R.A.
    En base a esta creación soberanista imaginaria el General Galtieri, con el apoyo de la inmensa mayoría de la población argentina, invadió militarmente las islas con un ejército de torturadores y jóvenes conscriptos inexperientes provocando la muerte de un millar de personas e inmensos costos económicos, sociales y políticos.
    Resulta difícil de creer que 30 años después del atropello y desastre que significó la guerra el gobierno argentino insista en su reclamación territorial amenazando a los isleños con bloqueos y otras medidas de dudosa legalidad. Tampoco es aceptable que el gobierno del Uruguay, que ha tenido una antigua y tradicional vinculación con la población de las Islas Falkland, tome partido apoyando al gobierno argentino en este conflicto artificial e injustificado.

    • Pola dice:

      Me parece que Antón se equivoca y mucho, la cuestión de las Malvinas no es un “conflicto artificial” ni se apoya en una “creación soberanista imaginaria”. Que el energúmeno de Galtieri haya decidido resolver la antigua disputa por la soberanía de las islas llevando al pueblo argentino a una tragedia no es argumento para descalificar los motivos de la controversia en sí, que tiene larguísima data (sin ir más lejos, se trató en muchas asambleas de la ONU desde su creación) y abunda en argumentos y fundamentos muy diversos de una y otra parte.

    • pincho dice:

      Pola: no explicas en qué se equivoca Antón. La política histórica argentina respecto a las Malvinas la explica muy bien Enrique R. Larreta más arriba. También iban a ir a la guerra con Chile. Es que al pueblo argentino le gusta ir a la guerra? Irían ahora si pudieran en democracia?

  16. Pola dice:

    En 1833 Mariano Moreno, en representación de las Provinicas Unidas, ya estaba reclamando a los ingleses por la invasión a las islas. Desde ese entonces, la única vez que se recurrió a la guerra como medio de salvar la disputa fue en 1982, y fue por parte de un gobierno dictatorial caracterizado por su brutalidad e ignominia. Pretender que lo que quiere el pueblo argentino es la guerra es una conclusión falaz a partir de una generalización que no la autoriza. Mal argumento. Como traté de decir antes, pienso que Antón se equivoca cuando afirma que el conflicto por la soberanía sobre las islas es imaginario, que es la ideación de un idiota. La disputa precede en mucho a la escaramuza bélica de un general orate. Que el reclamo de soberanía haya sido uno de sus argumentos no invalida el argumento, eso quiero decir.

    • pincho dice:

      Creo sin querer entrar en discusiones infértiles, que la pregunta con ironía que formulé jamás es un argumento, menos una conclusión. Si molesta esa ironía me disculpo por respeto al pueblo argentino. Pero Galtieri no hizo ningún reclamo y menos aún fue un argumento. Su “argumento” fue la fuerza, llevada por “un ejército de torturadores y jóvenes conscriptos inexperientes” como dice Antón, generalizando y obviamente a propósito, dejando afuera algunos patriotas que dejaron su vida por ceguera nacionalista. Esto lo digo yo. El espanto de la guerra, el dolor de las muertes de los “jóvenes conscriptos inexperientes” que o iban al frente o los desaparecían en algún cuartel, u obedecían o los torturaban, no está sólo en las imágenes del Belgrano humeante con todos ellos adentro, sino también en la plaza de Mayo, miles de civiles vivando a ese general borracho incalificable, todos convencidos de que si venían los ingleses, les iba a pasar lo mismo que en 1806. Claro, en 1806 no existía la República Argentina y en aquellas lides también pelearon orientales y paraguayos, como los compadres Artigas y Yegrós.

  17. Fernando Aparicio dice:

    Creo que lo que viene faltando es exponer cuales son los derechos británicos a las islas. Ya están claros los cuestionamientos a los derechos argentinos (muchos de esos cuestionamientos son compartibles). Pero de los derechos británicos, nada. Parece que alcanza con cuestionar los de Argentina, y así surgen los los colonialistas. De paso, Ponsonby y el impulso al Estado tapón oriental en 1828, formó parte de la misma estrategia de Malvinas en 1833. No sé por qué pero me parece que en muchas de las exposiciones, se huele ese anti-argentinismo tan uruguayo (no digo oriental, porque el que sepa que quiere decir oriental, no puede ser anti-argentino). Ponsonby sigue ganando. Y a ese tufillo se le suma otro: el anti-peronista. Espero atento la exposición de los derechos británicos, Mäs allá de la autoderminación de los Kelpers. Cuya prosperidad depende grandemente de los subsidios metropolitanos (subsidios más propios del populismo peronista, que de la seriedad primermundista).

    • pincho dice:

      Fernando: de acuerdo con Barreiro, no me agravia que piensen que puedo ser anti peronista, como soy anti franquista, anti estalinista, anti duce y anti fhurer. Los uruguayos tenemos de orientales y los orientales somos uruguayos también. De ahí la doble condición de hermanos y rivales, como puede deducirse mínimamente en la historia, con los argentinos, aunque para los del lado oriental del río, los porteños forman una categoría un poco más distinguida que el resto, en el grupo “argentino”. También hay “entrerianos”, “tucumanos”, “cordobeses” etc. que pudieran desprenderse de la bolsa grande, de acuerdo a esa misma historia. Me conmovió leerte pues siento sinceramente la fraternidad que se podría sentir por carta, supongo que sos argentino. Jugando a que de este blog pueda cada uno crecer en conceptos y pensar mejor que antes, mi opinión al respecto es que las armas y la sangre hacen al Derecho. Hoy las islas son Falkland. No hay pataleo que valga cuando se derramó sangre en la tierra. Si querés las islas, armate, ganales la guerra y plantate ahí. Si no, no patalees más porque por eso que pensamos que es Derecho en la ONU, es el sistema de derecho que se creó a partir de la cincuentena de millones de muertos en la Segunda Guerra Mundial, que entre distintas temperaturas, terminó mucho después del 45, si es que terminó definitivamente (2011 fue el año más violento después de la guerra). Nota al pie: La posible prueba de lo que digo es el acuerdo que habría habido entre la ONU y la OTAN para liquidar a Khadafi, suceso que no estamos en condiciones de ahondar por falta de información veraz.
      Creo, Coco, que para revisionismo alcanza con la campaña de Libia, respondiendo o mejor dicho aludiendo a tu pregunta sobre de qué se trata. Y si no estoy del todo equivocado, es que el gobierno argentino vuelva sobre el tema, jodiendo sobre el tema, sabiendo cómo es. Es obviamente ese nacionalismo peronista el que no les gusta ni a los uruguayos ni a los orientales. Te lo puedo asegurar. La única forma de que las islas Falklans vuelvan a ser argentinas, sin importar cuánto tiempo, es que aparezca otro general borracho y mande a los pobres conscriptos inexperientes mandados por torturadores al muere. Eso sí con mucha plaza y espectáculos. Dios no lo quiera nunca.

  18. Los “derechos” británicos sobre las Malvinas son más o menos los mismos que los “derechos” de Estados Unidos sobre Texas, que los de Chile sobre los territorios sobre el Pacífico que en el siglo XIX pertenecieron a Bolivia, que los de Francia sobre Córcega, que los de Polonia sobre Danzig (Gdansk), que los de Brasil sobre Rio Grande do Sul, que los de India sobre Cachemira, que los de Bielorrusia y Ucrania sobre los territorios que antes de la II Guerra Mundial pertenecían a Polonia y un centenar de ejemplos más que podrían tomarse fácilmente de contemplar la división política de un mapamundi del siglo XXI. Es decir, todos discutibles ciertamente… ¡¡si de lo que se trata es de impugnar los orígenes y la legitimidad de esas posesiones, de cuestionar la adscripción de cada palmo de terreno del mundo a cada uno de los Estados nacionales del planeta desde el principio de los tiempos!! (¿Por qué habríamos de arrancar en 1833 y únicamente en relación a esas islas de la discordia?) Pero, tal como me pregunto en el artículo, ¿se trata de eso? Y si de eso se trata, ¿a partir de cuándo arrancamos? Alguien podría proponer que ese revisionismo partiera del siglo IV a.C.

    Fernando, no me agravia en absoluto que me incluyan en una lista de anti-peronistas, pero sugerir que participo del anti-argentinismo imperante en Uruguay me parece totalmente gratuito. En este mismo blog podrás encontrar más de una entrada en la que critico esa mezquindad provinciana.

    • Pola dice:

      O sea, si en el 82 hubiera ganado Argentina, ¿los británicos no tendrían razón en reclamar nada, a menos que se dedicaran a reparar las demás injusticias del reparto del mundo a la vez? ¿Este artículo, entonces, podría decir: “Con pertinaz tozudez y contra toda evidencia, buena parte de los británicos insisten en que las islas Malvinas (o Falkland) son británicas. Como todos los datos disponibles indican que las citadas islas son argentinas, uno supone que lo que se quiere afirmar no es tanto que sean británicas como que deberían serlo”?

  19. Rodolfo Rodriguez dice:

    Para explicarnos las razones que llevaron a una parte importante de la izquierda no solo uruguaya sino tambien latinoamericana y mundial apoyar el aventurerismo bélico de los militares argentinos en las Malvinas y tambien en otros casos similares, debemos contextualizar un poco el tema. En la década de los 80 aún pervivia con cierta intensidad los efectos de la guerra fría, que llevaba a muchos de los actores políticos a posicionarse (con distintos grados de intensidad) en uno ú otro bando. Casi todo lo que sucedía en el mundo se lo valoraba a través de ese prisma deformante. La Unión Soviètica apoyaba cualquier movimiento o pais (sin importar su signo idológico o político), que socavara en algo el poder de los Estados Unidos y estos hacían lo mismo a la inversa. De esta forma la izquierda tercermundista miro con simpatía a Gaddafi, a Jomeini etc, o mas cercano en el tiempo al propio Chavez. Todo acto de belicosidad o de crítica contra las grandes potencias occidentales, era visto por el pensamiento tercermundista como una contribución (digna de ser apoyada), a la lucha de liberación del Tercer Mundo contra los opresores imperialistas.
    En sus origenes, algunas vertientes del pensamiento socialista tuvieron una vocación universalista que acentuaba ciertos valores comunes a toda la raza humana. Es este un valor que merece pervivir, en oposición a los nacionalismos retrogados que hacen un valor supremo, la pertenencia de un individuo a una determinada nación o tribu. Con demasiada frecuencia, estos ultimos sentimientos han primado sobre los primeros, como se vio dramaticamente en la primera guerra mundial y con el triunfo de la Revolución bolchevique en Rusia que rapidamente antepuso sus intereses nacionales a todos los demas intereses. “El socialismo en un solo pais” y “Salvar la patria socialista” fueron las consignas. La izquierda mundial; primero que nada todos los Partidos Comunistas y luego, muchos otros grupos que sin tener como primer referente a la URSS tambien eran influenciados por la “aureola” de la primera revolución triunfante y además por un cierto reflejo de estar en las antípodas de los intereses de los Estados Unidos,cedieron ante ese cambio de rumbo. En America Latina este proceso se acentuó a partir de la década de los 60 con toda la mitología tercermundista que decía que todos los males que asolaban a nuestros paises eran causados por los imperialistas del norte. El nacionalismo y el patriotismo excluyentes (un mal siempre presente en todas las épocas), cobraron dimensiones trágicas en nuestros paises, donde la cultura política se tiñio con fuertes contenidos nacionalistas y ultranacionalistas, tanto en versiones de derecha como de izquierda, que unas veces luchaban ferozmente entre si, y en otras marchaban juntos. El movimiento peronista es un caso paradigmático de todo esto, oscilando permanentemente entre el nacionalismo populista de izquierda y el nacionalismo populista de derecha, y donde convivían sectores de derecha y ultraderecha con sectores de izquierda y ultraizquierda.
    En la vision sesentista de la izquierda uruguaya y latinoamericana se enlazaron dos visiones tradicionalmente opuestas como el socialismo y el nacionalismo. Pero tanta fuerza tuvo el elemento nacionalista y anti-imperialista, que con demasiada frecuencia los mismos opacaron e hicieron olvidar los valores democráticos y liberales. Por muchos lapsos una gran parte de la izquierda fue mucho mas nacionalista y anti-imperialista, que democrática y socialista. Recordemos algunos hechos. En el año 1968 el general Velasco Alvarado dió un golpe militar en Perú derrocando a un presidente electo democraticamente. Como llevo adelante un programa de corte nacionalista y anti-imperialista, conto de inmediato con la simpatia de muchos sectores de izquierda, que no les importó que al mismo tiempo instaurará una dictadura militar que barrió con la democracia y las libertades. A partir de ese momento se acuño el término “peruanista” cuando los militares se presentaban con proclamas nacionalistas. En Febrero de 1973 cuando los militares uruguayos habian iniciado su avance militarista sobre el poder civil, emiten los comunicados 4 y 7 de neto corte “peruanista” y supuesto progresismo, que de inmediato logran el apoyo de gran parte de la izquierda uruguaya. El Partido Comunista, la CNT y otros sectores salieron raudamente a apoyar esos comunicados. Inclusive se llegó a insinuar a los militares el formar un gobierno de coalición junto con ellos, por encima de la legalidad constitucional. No les importó saltarse las formas democráticas y apoyar una salida militar, solo porque la consideraban de orientación “progresista”. Frente al avance del militarismo golpista, cuando la contradicción principal debería haber sido Democracia o Dictadura, gran parte de la izquierda definió que la contradicción era Oligarquía-Pueblo, con la sorpresa de que a esos militares golpistas los ubicaban del lado del pueblo, por el solo hecho de haberse disfrazado de “progresistas”, con una retórica nacionalista.
    En el año 1982 se poduce la invasión de Las Malvinas y se reiteran situaciones similares; lo cual no debería extrañarnos si tenemos en cuenta comportamientos anteriores y además, que los principales referentes de la izquierda mundial y nacional en aquellas épocas: Cuba y la Unión Soviética, dan su apoyo explícito al aventurerismo bélico de los militares argentinos y nuevamente el nacionalismo exultante reina por doquier y una parte importante de la izquierda (que sea una parte o una gran parte, no cambia el tema de fondo), se deja atrapar nuevamente por el mismo. En ese año recuerdo perfectamente la impresionante campaña de apoyo a dicha invasión realizada desde la radio CX 30 dirigida por el señor German Araújo (que en ese momento era una de las figuras mas populares de la izquierda), quién luego fue electo senador en las elecciones del 84 y del 89 por el sector de Democracia Avanzada que fue uno de los sectores mas votados del Frente Amplio, en esas elecciones.

  20. pincho dice:

    Gracias Rodolfo, es cierto que German Araujo apoyo a Galtieri.

  21. Los aborígenes argentinos, son más argentinos que los criollos.
    Y los territorios patagónicos estaban bajo su dominio.
    Las Islas Malvinas hasta 1810 formaba parte de la Intendencia de Buenos Aires dentro del Virreinato del Río de la Plata.
    Las Islas Georgias reúne esas características de desolación que dices de Malvinas, por lo que éstas sí podrían ser británicas por descubrimiento.
    No tergiverzar es fundamental para decir la verdad.

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