La traición de Amodio Pérez (o la nariz de Cleopatra)

Cleo3En unas conferencias dictadas en 1961 en la Universidad de Cambridge, el notable historiador inglés E. H. Carr se refirió a los obstáculos que se interponían en el camino de la investigación y la interpretación del pasado por los historiadores: el “determinismo” (o “la perversidad de Hegel”, que así lo llamaba) y el “azar” (o “la nariz de Cleopatra”). A la hora de comprender y explicar la historia, ambos eran, a su juicio, asuntos con los que había que andarse con sumo cuidado.

La segunda denominación la tomaba Carr de un artículo del historiador John B. Bury escrito en 1916 y titulado precisamente de ese modo, en el que sostenía que Marco Antonio había caído rendido ante la nariz de Cleopatra (metáfora obviamente de su al parecer irresistible belleza) y que de ese imprevisible flechazo, un verdadero accidente de la historia, se habrían derivado consecuencias políticas y militares relevantes que torcieron el curso de la historia: el deseo habría arrastrado insensatamente a Marco Antonio, previo pasaje por el lecho, a una alianza con la reina de Egipto y a un enfrentamiento con el Senado y el triunvirato del que formaba parte y, a la postre, a una catastrófica derrota militar.

Volví a releer las conferencias de Carr a raíz de la discusión suscitada estos días en torno al papel jugado hace cuarenta años por el extupamaro Héctor Amodio Pérez en la vida política de este país. Sus lúcidas observaciones (las de Carr, digo) son muy apropiadas para sopesar ese papel. De acuerdo con el historiador, el factor nariz de Cleopatra remite al papel del azar, de lo contingente en la historia, de aquello que no podía preverse, de lo accidental, de lo que interrumpe la secuencia cuya investigación interesa primordialmente al historiador. Y subrayaba: “¿Cómo podemos descubrir en la historia una secuencia coherente de causa y efecto, cómo podemos encontrar un significado en la historia, si en cualquier momento nuestra secuencia puede verse quebrada o desviada de su curso por otra secuencia, irrelevante desde nuestro punto de vista?”. Cómo hacer, en suma, para que la historia no se convierta en una simple agregación de accidentes y episodios azarosos, que la harían ininteligible e inexplicable.

La teoría del azar en la historia tiene una larga tradición. Una vez sometidos  a la condición de provincia por los romanos, los griegos también se lamentaron, según Carr, de su mala suerte: “si Alejandro Magno no hubiese muerto joven, se decían, habría conquistado Occidente” y los romanos no hubieran ni pintado en la historia. La muerte de Alejandro pero también la (temprana) de Lenin, que, se dice, habría alterado significativamente el curso de la revolución rusa, o el carácter de Hitler que lo llevó a dónde lo llevó, o la muerte del presidente Gestido que ungió a Pacheco Areco al poder en Uruguay o –para entrar en tema– la traición de Héctor Amodio Pérez y su colaboración con los militares, que para no pocos explicaría la derrota de la guerrilla tupamara y, por ende, también el curso de la historia contemporánea de este país, ponen en evidencia que la idea del accidente, del azar, de lo contingente, de lo que se sustrae a las tendencias generales y más determinantes de la historia siempre estuvo presente en el imaginario de los historiadores. Y ciertamente de quienes no lo son. Y si bien es verdad que esta “escuela” le debe buena parte de su crédito a un determinismo vulgar para el que la historia no es algo abierto a la intervención de los hombres, sino que está básicamente sujeta a leyes de acero, o a la muy hegeliana “astucia de la razón”, no lo es menos que los hombres actúan en determinado contexto, sujetos a determinadas circunstancias y tendencias, y que el quehacer historiográfico consiste precisamente en explicar esas circunstancias en las que actuaron los hombres, en hacer inteligible el pasado, interpretarlo y explicarlo, tarea a todas luces imposible si se lo percibe únicamente como una caótica suma de hechos no vinculados entre sí por algún tipo de relación.

¿Pero juegan algún papel “las narices de Cleopatra” en la historia? Montesquieu, por ejemplo, escribió que “si una causa particular, como el resultado accidental de una batalla, ha reducido a un Estado a la nada, es porque había una causa general que hizo que dicho Estado pudiese hundirse con una sola batalla”. Marx también sostenía que había lugar para el azar en la historia. “La historia mundial tendría un carácter muy místico si no hubiese en ella lugar para el azar”, escribió. Pero, a su juicio, el azar, o el accidente, sólo podían acelerar o retardar, “pero no alterar radicalmente el curso de los acontecimientos”.

En la conferencia citada Carr sostiene que “el papel del accidente, del azar, de lo contingente, se viene exagerando mucho en nuestros días, y lo hacen quienes están interesados en destacar su importancia” (si hasta parece que se hubiera anticipado a nuestro asunto). “Cuando alguien me dice que la historia es una sucesión de accidentes, tiendo a sospechar la presencia en mi interlocutor de cierta pereza mental o de una corta vitalidad intelectual”, agrega. Para él, la relación del accidente con la historia es de otra naturaleza: “así como el historiador selecciona del océano infinito de los datos los que tienen importancia  para su propósito, así también extrae de la multiplicidad de las secuencias de causa y efecto las historias significativas, y sólo ellas; y el patrón por el que se rige la relevancia histórica es su capacidad de hacerlas encajar en su marco de explicación e interpretación. Las otras secuencias de causa y efecto deben rechazarse como algo accidental, no porque sea distinta la relación de causa y efecto, sino porque esa secuencia es irrelevante”. Es verdad que la nariz de Cleopatra,  la muerte prematura de Lenin, la personalidad de Hitler y la traición de Amodio Pérez tuvieron efectos. Pero “carece de sentido la proposición general de que los generales pierden las batallas por enamorarse de reinas bellas”. O que la personalidad de los conductores y caudillos conduce a la guerra; o que las derrotas de las guerrillas latinoamericanas en los años 70 se debieron a las traiciones.

Así como el historiador, continúa Carr, es capaz de distinguir hechos y episodios que merecen incluirse en la categoría de históricos de aquellos que no lo merecen, también puede “discriminar entre causas racionales y causas accidentales. Las primeras, por ser potencialmente aplicables a otras situaciones y países, conducen a generalizaciones y lecciones fructíferas que pueden deducirse de ellas… sirven al fin de ensanchar nuestra comprensión. Las causas accidentales no pueden generalizarse y como son exclusivas en la plena acepción de la palabra, ni nos enseñan ni nos llevan a conclusiones (…). Desde el punto de vista del historiador, todo lo que, como el amor de Marco Antonio, la muerte prematura de Lenin [y la traición de Amodio], no contribuye a esa doble meta, resulta muerto y estéril”.

El verdadero historiador, puesto ante la lista de causas que lleva reunidas, sentirá una compulsión profesional a reducirlas a un orden, a establecer cierta jerarquía causal. “Toda discusión histórica gira en torno a la cuestión de la jerarquía de las causas (…). El historiador debe trabajar tanto mediante la simplificación como de la multiplicación de las causas. La historia, como la ciencia, avanza gracias a este proceso doble y, en apariencia, contradictorio”, dice Carr.

Pretender que la traición de Amodio Pérez jugó un papel relevante en la derrota de la guerrilla tupamara no es muy diferente a pretender que la belleza de Cleopatra hizo lo propio en la caída en desgracia del enamoradizo Marco Antonio. Es, por decirlo en palabras de Carr, un acto de pereza mental o una manifestación de corta vitalidad intelectual. O en el peor de los casos, una lectura interesada de la historia. Interesada, por ejemplo, en atribuir la derrota de la guerrilla en este y en todos los países sudamericanos a factores tan menores como la delación y la traición de un sujeto (o de dos, o de tres, da igual).

La pereza o la interpretación interesada, y sesgada, no quieren saber nada con las causas relevantes del trágico fracaso de la guerrilla en este país, entre las que habría que hacer un gran esfuerzo para no incluir su desprecio de la democracia (a la que se consideraba un problema, porque se interponía en el camino de la “toma de conciencia” de las masas), su desconocimiento del particular contexto social y político de un Uruguay que en nada se parecía a la Cuba en la que se inspiraban los Tupamaros, su total ignorancia de la cultura política de una sociedad que prácticamente en todo el siglo XX no conoció dictaduras y que, por tanto, era más bien refractaria a recurrir a la violencia, su arrogante desprecio de la paciente acumulación de fuerzas en la que sensatamente estaba embarcada la izquierda legal, consciente de su carácter minoritario, su disparatada pretensión de que un foco de guerrilleros decididos sería la chispa que encendería los fuegos de una revolución que ni siquiera en sus mentes estaba a la orden del día (si, como se decía entonces, había que “crear las condiciones” de la revolución, quiere decir que tales condiciones no existían), su ingenua creencia en que podían enfrentar con éxito a un Ejército regular, que apenas tardó un año en destruirlos impiadosamente, lo que no redujo sus ilusiones en la existencia de “militares progresistas” que nunca terminaron de aparecer (antes incluso que el Partido Comunista, los tupamaros fueron los primeros en alimentar la leyenda de unos “militares sensibles a las causas populares”), en fin, su desprecio de la reflexión teórica sobre el tiempo que les había tocado vivir, habitualmente motejada de diletantismo pequeñoburgués, al que se oponía la práctica militante (“las palabras nos separan; la acción nos une”). No le podía ir mucho mejor a la segunda versión de los Tupamaros, la que se inició en 1973-74 tras su reorganización en el exilio y de la que formé parte. Nuestro alimento ideológico ya no eran Regis Debray o el Che Guevara, sino el general vietnamita Nguyen Giap, un teórico de la guerra popular y prolongada que terminaría rodeando las ciudades desde el campo (¡una teoría que pretendimos adaptar a un país con 85% de población urbana!).

Atribuir a la traición de Amodio Pérez la misma jerarquía que a estas u otras causas que el análisis histórico riguroso y desapasionado puede aportar, no resiste el menor análisis. Es un árbol o, mejor, una rama que no alcanza a tapar el bosque; implica, en suma, elevar la nariz de Cleopatra al rango de explicación histórica. Sostener que Amodio Pérez “se pasó al enemigo y contribuyó sustancialmente a la derrota del MLN”(*) es una versión tan simplista como complaciente de la guerrilla. No es, por cierto, la versión de ningún historiador serio.

Comparada con las causas relevantes que explican el curso de la historia de este país y del MLN en particular, la traición de Amodio Pérez a sus compañeros no pasa de ser una anécdota. Pudo acelerar los acontecimientos, precipitar la derrota de la guerrilla, pero no estuvo entre las causas relevantes de su fracaso.

Es una explicación que sintoniza muy bien con la mentalidad militarista que huye de la complejidad de lo político, que no va más allá de lo meramente instrumental, una mentalidad que en el fondo sigue preguntándose hasta el día de hoy si acaso, sin la nariz de Amodio, la empresa guerrillera no hubiera tenido éxito.

* Afirmación extraída del libro “Sendic” de Samuel Blixen, pero compartida por casi todas las historias oficiales o paraoficiales del MLN.

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25 respuestas a La traición de Amodio Pérez (o la nariz de Cleopatra)

  1. Iñaki dice:

    Interesante y oportuno concepto el de lo azaroso como estorbo de la interpretación de la realidad y de lo histórico. Comparto lo que se me acerca sobre el amigo Carr.
    Ya que estoy le pido ayuda y le pregunto ¿de qué corno me sirve a mi las cartas de Amodio? ¿Que aportan a la sociedad?
    Aprovecho y le comento a usted, afable bloguero, que me parece un tanto ingenuo e inocentón de su parte atribuirle al aparto político que está detrás de este tipo de movidas (si es que se me permite utilizar la palabra “aparato”) simplemente razones de “pereza mental o una manifestación de corta vitalidad intelectual” al poner en juego este factor de “azar” para torcer de la forma que sea el rumbo de la historia y del presente, como usted y el vecino Carr manifiestan.
    Siempre prefiero pensar que, además de ignorantes, los bicharracos reaccionarios y fascistoides que me imagino están detrás de esto, operan con una cuota importante de mala leche y de podredumbre existencial. Me extraña, araña.

  2. julian trobiani dice:

    Coincido con su reflexion de la historia. Con los Tupamaros, su lectura parece cerrada e impiadosa y no permitiría explicar su papel politico en Uruguay desde 1985 a hoy (“su total ignorancia de la cultura política de una sociedad que prácticamente en todo el siglo XX no conoció dictaduras”). Desde1966 el estado uruguayo fue cada vez menos democrático y la izquierda no acumulaba, estaba claramente estancada.

  3. alfredo decia dice:

    alfredo decia
    29 DE JUNIO.
    Excelente análisis que ayuda mucho a pensar en profundidad y que sale al cruce miradas reduccionistas e interesadas de algunos frecuentadores del pasado reciente que mucho daño le hacen ala izquierda y sus intentos de resignificación. Igualmente, muy buena tu referencia a Carr, imponente historiador que el paso del tiempo sigue engrandeciendo en sus concepciones sobre la historia.

  4. Vamos por partes, Iñaki: creo que estamos de acuerdo en que el ‘caso Amodio Pérez’ apenas le interesa a quienes tuvimos directa o indirectamente algo que ver con él, o sea a una ínfima e insignificante minoría de la sociedad. A los menores de 50 años, por ejemplo, el asunto les importa poco y nada… y me parece de lo más atinado que así sea. De modo que su pregunta inicial es de lo más pertinente. Y mi respuesta es: a usted no le sirven para un corno las cartas de Amodio ni los insultos de sus excamaradas. A mí, por ejemplo, el caso me interesa exclusivamente por los motivos que expreso en el artículo, es decir el intento de erigir a Amodio Pérez en cabeza de turco, como tapadera para no abordar las verdaderas causas del fracaso de la guerrilla. Desde el punto de vista político, esta reaparición de Amodio carece del más mínimo interés. Lo puede tener desde el punto de vista historiográfico, que es la dimensión de la que pretendí ocuparme.

    Lo segundo: no atribuyo la magnificación del “factor Amodio” en la derrota del MLN simplemente a “la pereza mental o a una corta vitalidad intelectual” (aunque también están presentes). Lea bien. También hago referencia a “una lectura interesada de la historia. Interesada, por ejemplo, en atribuir la derrota de la guerrilla a factores tan menores como la delación y la traición de un sujeto”. Fíjese usted que la reacción de sus ex compañeros a la reaparición en escena de Amodio Pérez fue el insulto, la rabieta, el recordatorio de todo lo que hizo (que Amodio fue muy, muy malo, que colaboró con los milicos, cosa indiscutible), pero en ningún caso la refutación de lo que afirma en las cartas, entre otras cosas, que él no fue el responsable de la derrota del MLN. Si hasta el presidente Mujica tuvo que salir a aclarar “Miren que la culpa de nuestro fracaso no fue de Amodio” (¿Por qué le parece que lo habrá dicho?).

    El semanario Brecha publicó un largo informe en esta línea complaciente, en el que dice que no divulga las cartas de Amodio porque no le consta que sean suyas, pero al mismo tiempo a lo largo del informe (de seis páginas) recurre a citas de las benditas cartas en las entrevistas y artículos. ¿En qué quedamos? Es un abordaje que no quiere ir más allá de la condena, la reprobación y el vituperio de un traidor, al que atribuyen todos los males. Es sintomático, ¿no? El citado informe de Brecha concluye, como para reafirmar la importancia del factor Amodio, no ya en la historia del MLN, sino en la historia de este país, con un delirante destaque del papel de Amodio nada menos que ¡¡en el golpe de Estado!! Es probable que Amodio, al borde del final de su vida, no quiera irse a la tumba con el estigma del traidor (al contrario de los que siempre descubren grandes conspiraciones detrás de los episodios más banales, no creo que detrás de su reaparición haya más motivo que esas pequeñas miserias humanas) y que por eso mismo habría que ir con cuidado con su versión de la historia. Pero otro tanto puede decirse de sus contradictores, porque su relato también es interesado.

    ***

    Julián, no discuto el destacado papel político que atribuye a los Tupamaros… a partir de 1985. Precisamente a partir de 1985. Paradojas de la historia, los Tupamaros nunca tuvieron tanta influencia en la sociedad… como cuando abandonaron las armas, cuando dejaron atrás la guerrilla, un período al que no me refiero en el texto.

    Los defectos y vicios de la democracia uruguaya podrán ser los que usted quiera, pero sugerir que justificaban un alzamiento armado en 1963 (los orígenes del MLN se remontan a aquel año, no a 1966), me parece sencillamente disparatado. La democracia siempre es imperfecta, nunca es un régimen acabado, siempre es una tarea pendiente, nunca podremos estar en condiciones de sentarnos cómodamente sobre ella y afirmar: ‘ya llegamos, ya lo logramos’. La mejor democracia es aquella que no deja de preguntarse qué injusticias quedan aún por repararse. De modo que me parece pueril ampararse en que aún quedan injusticias por repararse o imperfecciones por enmendar para justificar el recurso a las armas. Es una justificación anticipada de la violencia para toda la eternidad, ya que tal cosa ocurrió y seguirá ocurriendo siempre.

    Lo mismo puede decirse del estancamiento electoral y político de la izquierda al que usted alude. Si porque los míos no logran superar su condición de minoría, si porque los ciudadanos no nos votan ni reconocen nuestros méritos estamos justificados a empezar a pegar tiros, ya me dirá usted dónde acabaremos, ya que no sólo “los nuestros”, sino cualquiera, puede ampararse en semejante “argumento”.

    • Iñaki dice:

      Estoy de acuerdo con usted, no reniego de los intereses de las partes. En cualquiera de los casos, me revienta la estupidez en la que descansa gran parte del relato y la superficialidad con la que abordan la situación las víctimas y los victimarios.

      Como siempre la “noticia” (y lo efímero de la misma) es lo que manda: reflexionar y elaborar en los medios este tema de manera seria y responsable no vende, no paga. Entre tanto, los escépticos y gruñones como yo puteamos a través de un blog amigo o en la cocina de alguna casa familiar y, mientras tanto, los “formadores de opinión” siguen formando opinión o, visto desde mis ojos, siguen idiotizando todo lo que se pueda idiotizar. Le vuelvo a preguntar, ¿con su -nuestro- blog será suficiente? ¿Para donde agarro sino?

      PD: ¿Puede cortar con eso de mandarme a releer lo que escribió? ¿Acaso me considera un orate con problemas de comprensión letora?

  5. Daniel dice:

    Coco: excelente, comparto totalmente lo que decis, y fue un placer leerlo. Una joya.

  6. julian trobiani dice:

    OK, Jorge. Lo entiendo. Antes que nada, un placer leerlo.
    Aclaro un poco el sentido de mis palabras: la violencia en la historia no es una capricho, no es azarosa, sin pretender justificarla porque sí.
    La violencia no vino de la mano del MLN en Uruguay y parece deslizarse en tu buen post.
    El MLN mostro con su trayectoria en la historia uruguaya de los ultimos 50 años, primero politico-militar y luego politica que no eran “unos totales ignorantes de la cultura politica”.
    A partir de 1966 -y mas claro desde 1968- empiezan a decretarse, por ejemplo, las “medidas prontas de seguridad” con una asiduidad propia de un estado cada vez mas puramente represivo.
    Saludos!

  7. Fernando Barreiro dice:

    Si el factor Amodio Perez precipitó la derrota del MLN habrá que agradecérselo. ¿O es que la derrota del MLN, no fue una buena noticia para la maltrecha democracia uruguaya?

  8. Fernando Angulo Brown dice:

    Hola Coco,
    Interesante el problema planteado por Carr. En 1987, el físico danés Per Bak introdujo el concepto de SOC (self-organized criticality) en la física. Muy pronto esta idea se extendió a otros campos de la ciencia, como la sismología y la evolución biológica ,por mencionar sólo dos. La versión más didáctica de esta idea se puede presentar usando un arreglo de fichas de dominó en una mesa. Dado un número muy grande de fichas, uno puede construir
    una gran cantidad de arreglos distintos en términos de la densidad de fichas por unidad de área, la distancia relativa entre ellas, y quizás otros parámetros. De todos los arreglos posibles sólo hay unos pocos que ante una pequeña perturbación ( tumbar sólo una ficha) presentan una respuesta catastófica ( se caen todas o muchas fichas). Es decir, estos pocos arreglos representan un estado crítco del sistema. En este ejemplo, uno prepara los arreglos, pero en la naturaleza existen sistemas donde los estados críticos se preparan sin un “arreglador de fichas”. Un buen ejemplo de esto, es la corteza terrestre, en la cual ocurre la sismicidad. Hay muy buenas razones teóricas para afirmar esto, basados en la forma matemática de las leyes empíricas de la sismología. De hecho la corteza es un sistema complejo, abierto ( entra y sale materia y energía), y con una estructura fractal ( no hay escalas predominantes, desde granos hasta placas tectónicas). Este sistema cumple todos los requisitos para ser un sistema SOC, de tal forma que hay ocasiones en que un pequeño sismo produce una reacción en cadena que conduce a un macrosismo, si las fallas, las rocas, las asperezas, etc. se encuentran criticamente listos en la vecindad del microsismo. Ejemplos análogos se pueden mencionar para el tamaño de las extinciones de especies biológicas. Hay períodos con extinciones pequeñas (en número de especies), medianas o grandes justo como en la distribuciones de sismos. Las gráficas de estos fenómenos tienen forma de escaleras ascendentes, donde las líneas horizontales representan períodos de estasis o quietud y las verticales representan “bursts” o eventos muy grandes. La duración de las horizontales depende de un umbral prefijado. Por ejemplo, si sólo dibujamos sismos con M>4 y en N años todos los M’s son menores que cuatro, tenemos una horizontal. Lo curioso es que estas gráficas se parecen mucho a la de los períodos de ciencia normal-paradigma-ciencia normal de las revoluciones científicas a lo Thomas S. Kuhn. En los modelos SOC de la sismicidad y de las extinciones, las “escaleras” evolucionan por contingencias. Si no hubiera caído un objeto de alrededor de 10 Km de diámetro en Yucatán hace 65 millones de años, los mamíferos quizás no hubieran tenido su gran oportunidad en la evolución. Es decir, las contingencias son el principal ingrediente de los sistemas SOC. Ahora bien, ¿es la historia humana un fenómeno SOC?. Hay quienes piensan que sí, aunque hay de umbrales a umbrales. La máquina de vapor desencadenó la Revolución Industrial, pero en cuanto a la nariz de Cleopatra, me parece que lo que mencionas de Montesquieu es lo más razonable. El misterioso azar tiene sus escalas y sus tamaños.

  9. Rodolfo Rodriguez dice:

    Generalmente se dice que para hacer un análisis histórico con un mínimo de objetividad, se debe dejar pasar un tiempo prudencial para que se sedimenten las pasiones políticas que conspiran contra ese objetivo. Este riesgo es mayor, cuando la mayoría de los analistas han sido protagonistas de los mismos hechos históricos a analizar y por lo tanto los factores emocionales le juegan muy fuerte, distorsionando la valoración de los mismos. Han pasado ya más de 40 años de los sucesos de la década de los sesenta que fueron el prologo del golpe del 73 y todavía muchos de los protagonistas de esos hechos siguen teniendo una visión tendenciosa de los mismos, donde ellos aparecen como “los buenos de la película” y que los responsables de todo el desaguisado fueron todos los demás.
    En base a ello, se ha construido en el imaginario colectivo uruguayo una peregrina tesis que señala que los Tupamaros se formaron para luchar contra la dictadura y para defender la Democracia. Algunos conceptos de Julian Trobiani parecen señalar que esa leyenda aún sigue viva.: “Desde 1966 el Estado uruguayo fue cada vez menos democrático..La violencia no vino de la mano del MLN en Uruguay..A partir de 1968 -y más claro desde 1968- empiezan a decretarse, las medidas prontas de seguridad con una asiduidad propia de un estado cada vez mas puramente represivo”. Obviamente no comparto estas ideas, porque ejemplifican todo lo anterior.
    Primero es dable recordar que el movimiento armado que posteriormente se llamo MLN comenzó a formarse en 1962 y dio su primer golpe armado en 1963 cuando en Uruguay regía una democracia plena donde en lo político se respetaban todas las ideas, y había libertad absoluta de expresión, de reunión y de asociación. Y en lo económico y social (sin ignorar las señales que mostraban el agotamiento del modelo económico), el país era una sociedad socialmente integrada y aún presentaba los mejores índices de América Latina: El porcentaje de pobres era del 9,4%, cuando el promedio del resto de los países era del 48%. La tasa de mortalidad infantil era la segunda más baja del continente. Y el ingreso bruto por habitante era de los mejores; incluso era el doble del de España.
    Esta realidad la reconocía el propio Che Guevara, por lo cual en su visita a Uruguay en 1961 le advirtió a la izquierda uruguaya que: “Ustedes tienen algo que hay que cuidar, que es, precisamente la posibilidad de expresar sus ideas; la posibilidad de avanzar por cauces democráticos hasta donde se pueda ir..sin derramar sangre, sin que se produzca nada de lo que se produjo en Cuba, que es cuando empieza el primer tiro, nunca se sabe cuándo será el último”. Este llamado a la cordura no fue escuchado y las pasiones y los entusiasmos ideológicos que desató la Revolución Cubana pudieron más que todas las razones.
    A comienzos de los 60, Raúl Sendic afirmaba contra toda evidencia real (cinco año antes de que llegara el gobierno autoritario de Pacheco), en el periódico El Sol que: “La democracia burguesa en nuestro país.. no resiste la prueba de fuego de la lucha de clases. Aquí ha caído la máscara y ha dejado a la vista un rostro siniestro, que evoca las macabras fauces del fascismo” y más adelante, complementó esta visión señalando que: “Los principios básicos de una Revolución Socialista están dados y experimentados en países como Cuba y no hay más que discutir. Basta adherir a esos principios…Puesto que la guerra es inevitable mientras existan las clases, la política revolucionaria del proletariado y demás clases populares, debe estar encaminada necesariamente a la guerra. La tarea central de toda revolución es la solución del problema por medio de la guerra”.
    Habría que reiterar algunos conceptos de Sendic, como cuando dice: “Puesto que la guerra es inevitable mientras existan las clases, la política revolucionaria del proletariado y demás clases populares, debe estar encaminada necesariamente a la guerra…”, para ver que alcance puede tener la idea de Julian de que: “La violencia no vino de la mano del MLN en Uruguay.”
    Así que, podemos afirmar que los Tupamaros no se crearon para defender la Democracia existente, sino para derribarla, porque la consideraban un obstáculo para sus objetivos y que tampoco lucharon contra la Dictadura, porque ésta se instaló en 1973 cuando el MLN ya hacía por lo menos un año que había sido derrotado.
    Y también es evidente que el movimiento guerrillero desoyendo los consejos de muchas figuras prominentes de la izquierda, como Quijano, Arismendi, el propio Che, desataron la violencia armada mucho antes de la llegada de Pacheco y sus recordadas “medidas prontas de seguridad”.
    Por último, comparto plenamente la opinión de Barreiro sobre el tema Amodio Pérez, el cual es utilizado por los viejos líderes guerrilleros como una cortina de humo para eludir responsabilidades.

  10. Al hilo de lo que dice Rodolfo, que comparto plenamente, el discurso de JB sobre Amodio y el MLN rezuma leninismo. Se ha de explicar, a su entender las verdaderas causas de una derrota. No, no es Amodio la causa, en eso estamos de acuerdo. Lo que queda por explicar son las “causas relevantes” que sí lo explican. Pero no de lo que JB llama “trágico fracaso” (o en todo caso, ¿trágico para quién?. Porque mi pregunta es: ¿Hay que averiguar porqué fracasaron las guerrillas en A.Latina.? ¿A quien le importa eso? Depende qué pregunta hagamos, tendremos una u otra respuesta. JB apunta “desprecio por la reflexión teórica”, “desconocimiento”, “ingenua creencia”, “una teoria que pretendiamos adaptar”. En suma, errores y más errores. Si hubieramos sido un poco (o bastante) más lúcidos, esto no hubiera terminado como terminó. Para decirlo rapido: la izquierda sesentista era (eramos) totalitarios, enemigos de la libertad y, pobre de nuestro pueblo si hubieramos ganado! Y no hay más. ¿De qué acumulación sensata de fuerzas nos habla JB? ¿Se acumulaban fuerzas para qué? ¿Para qué proyecto de sociedad? Ahora sí, la pereza intelectual resulta evidente: se iba de derrota en derrota (se decía) hasta la victoria final. En realidad se trataba de lo contrario. El pachequismo no fue la peor parte de un círculo que se fue cerrando hasta terminar en el golpe. Pacheco no suprimió las elecciones del 71. La izquierda apostó por el golpe, el MLN en primer lugar. ¿De qué hablamos? La izquierda, hoy en el gobierno, ha decidido que la historia verdadera es la que ellos cuentan, la historia de los “derrotados”. Solo importan las conclusiones, no importan las causas, las razones. De aquellos polvos estos lodos. Pero la historia es una prostituta que siempre volverá para cobrar lo que es suyo si es que en su momento no has pagado lo que debias.

  11. Hay personas cuyas obsesiones les impiden pensar… e incluso leer. Por ejemplo, las que están convencidas de que todo lo que pasó en este país desde los 60 hasta 1973 es responsabilidad de los Tupamaros –que tuvieron unas cuantas, qué duda cabe, aunque no el monopolio de las mismas ni suprimieron las de otros protagonistas. Son personas que no bien leen o escuchan la palabra Tupamaros ya no pueden pensar más, sienten una inclinación compulsiva a repetir como una letanía su obsesión: “para decirlo rápido: la izquierda sesentista era (éramos) totalitarios, enemigos de la libertad y, pobre de nuestro pueblo si hubiéramos ganado!”. Ya no pueden seguir leyendo ni son capaces de entender ningún argumento que no lleve agua al molino de esas obsesiones. Todos los que no decimos que los Tupamaros eran el Gran Demonio que todo lo explica somos sus cómplices y apologistas (¡aunque no lo parezcamos! ¡no se dejen engañar!).

    Me esperaba un ataque de los defensores del relato tupamaro, pero no de alguien que descubrió que detrás de mi texto se oculta en verdad una refinada y sofisticada versión de ese relato pero que no osa reconocerlo. Es una interpretación tan disparatada que sólo puedo atribuir a la mencionada obsesión. De las más de 500 personas que leyeron el texto y la decena que lo comentó, FB es el único que me ha pillado y comunica a todos la buena nueva: Jorge Barreiro es un tupamaro leninista versión siglo XXI…. Me entrego.

    Lo que he escrito es un texto en un blog, no un tratado de historia contemporánea y en ese marco menciono una serie de factores que a mí me parecen relevantes en relación con el fracaso de la guerrilla y que para cualquiera que no se haya entregado a la búsqueda de la quinta pata del gato es obvio que aludían a sus concepciones políticas más profundas y no a “errores” de procedimiento o de cálculo, como FB dice que digo. Invito a que identifiquen en qué pasajes del post afirmo lo que se me atribuye. ¿Dónde? Naturalmente no pretendí zanjar la discusión ni negar que puedan haber otras causas relevantes ni pretender que “no quede nada más por explicarse”. Lo dicho, las manías obsesivas impiden leer lo que se tiene delante y otorgan cierta irresponsable impunidad al maniático. ¿Dónde está mi leninismo? ¿De qué habla?

    Sí, fue trágica la derrota de la guerrilla. Para una mente monotemática, esa palabra sólo puede pronunciarla quien comparte las concepciones de la guerrilla. Pues lamento contradecirlo, ya que los derroteros de la guerrilla fueron trágicos en dos sentidos. En la acepción más popular de la palabra tragedia, en el sentido de que se llevó la vida de muchas personas –tupamaros y víctimas de los tupamaros–. Así veo yo al menos la muerte, la desaparición, la tortura y la prisión de veinteañeros entregados a un proyecto descabellado. Ni qué hablar de sus víctimas. Y trágica en el sentido que le daban los griegos a esa palabra: trágico era para ellos aquello que no tiene solución y yo creo que la guerrilla estaba abocada a terminar mal, el fracaso estaba impreso en su adn. Está claro que a FB no le interesa averiguar por qué fracasó la guerrilla y está en su derecho (“¿A quién le importa eso?”, se pregunta), lo que no se entiende es para qué interviene en una discusión que no le interesa en lo más mínimo. ¿Para insistir con su obsesión sobre el horror tupamaro? También está en su perfecto derecho a hacerlo, pero para eso no necesita inventarse un interlocutor, que sólo existe en su mente fantasiosa, con el propósito de confirmar sus teorías. Ni siquiera puede imaginarse que sea del Frente Amplio, de la izquierda legal, de la que hablo cuando me refiero a una “acumulación sensata de fuerzas”.

    Lo que viene añadido en el paquete y que nada tiene que ver con el artículo –sus comentarios sobre Pacheco Areco, la supuesta apuesta golpista de (toda) la izquierda, la versión de la historia reciente que tiene el actual gobierno, todo bien mezclado para que no resulte fácil separar la paja del trigo– es demasiado complejo como para abordarse en un breve comentario como éste. Pero si fuera el caso de que FB quiere discutir sobre las causas de la dictadura y los responsables del golpe de Estado, debería elevar, y ampliar, un poco la mira. Para empezar, los responsables de un golpe de Estado son quienes lo dan, ¿o no? Y entre las causas, remotas e inmediatas, lo dicho, no voy a incurrir en una exposición telegráfica. En cualquier caso no tengo ningún reparo en incluir a la guerrilla entre los (muchos otros) factores que contribuyeron a crear el clima que propició el golpe, pero convertirla en el único o principal factor me parece una explicación interesada y reduccionista, no muy diferente a apelar a la nariz de Cleopatra.

  12. Fernando Barreiro dice:

    Uno se encuentra con muchos contra-argumentos y opiniones contrarias cuando decide entrar en una polémica. Es lo normal. Pero cuando a uno le acusan de obsesivo porque sí, porque se piensa que es un buen argumento para desmontar otro, uno se queda perplejo. En ningún momento se dice porqué mis razones son obsesiones o que lo mío es una mente monotemática. Por supuesto, que no digo lo que JB dice que digo. Pero para que no haya equívocos: lo del horror tupamaro es una convicción razonada, lo que está lejos de la obsesión. Sin ninguna duda y para aclararlo, lo reafirmo desde una visión de izquierda, progresista, defendiendo lo que debe ser una sociedad libre, igualitaria y justa. Los tupamaros remaban en dirección contraria a esos principios. Lo que sí le pido a JB es que no sea tan literal, que no embista de manera desordenada contra las palabras. Entiendo que lo de leninismo le debe remover fantasmas en el ropero y calentar la sangre. Pero no, no lo estoy acusando de tupamaro leninista soterrado; cómo se le puede ocurrir! Lo que digo es, y lo repito, que su lectura de los hechos, es leninista o si prefiere bolchevique, no que usted lo sea. Yo no sé que quiere decir con concepciones políticas más profundas y si eso es diferente a errores de procedimiento. Yo solo reitero lo que JB apunta en su texto: “desprecio por la reflexión teórica, desconocimiento, ingenua creencia, una teoría que pretendíamos adaptar, su disparatada pretensión de que un foco de guerrilleros decididos sería la chispa que encendería los fuegos…. etc. etc. Eso lo dice JB no yo. Por tanto su análisis se mantiene en la critica a los errores, la crítica a una estrategia, a una política. Eso sí que es mantenerse en la obsesión de explicar “porque fuimos (¿o fueron?) derrotados”. En ningún lugar se dice que el proyecto tupamaro era implantar una dictadura en Uruguay, arramblar con las libertades burguesas y suprimir el pluralismo político. Esa es la explicación real, de eso se trataba, y por ello afirmo que su derrota fue una buena noticia para las libertades y para el pluralismo, tan arraigados en nuestro país. ¿Fue o no fue una buena noticia para JB? Por ello no veo el interés ni las razones para tratar de explicar sus errores políticos. Porque no eran errores, eran horrores. Lo de Stalin, no era un error, ni un problema de concepción política, era puro totalitarismo, y en el origen del totalitarismo no está el error. Hanna Arendt lo explica muy bien. Si la derrota de los tupamaros fue trágica, más trágica hubiera sido su victoria. No le quepa duda. Y al final volvemos a una manera de ver las cosas, al galimatías, al lenguaje embrollado e insondable de que los tupamaros solamente “ayudaron a crear el clima que propició el golpe”, a supuestas combinaciones de casino entre “causas remotas y causas inmediatas”, A las explicaciones turbias. Vaya conclusión y vaya ayuda para quien quiera enterarse de lo que allí realmente ocurrió!

  13. julian trobiani dice:

    Entiendo que idealizás la democracia de ese entonces y no ves que dejaba de ser tal si subían los reclamos y la organización popular. Es lo que pasó en toda América Latina, con las particularidades de cada país. Preferís verla como casi un paraíso que un grupo de totalitarios arruinó. Hermosa la Suiza de América, lavando guita sistemáticamente, asesinando a Liber Arce, apaleando y encarcelando las pacificas marchas de la UTAA desde 1962, ilegalizando cinco grupos politicos en 1967 y clausurando varios periódicos, entre otras varias salvajadas.
    ¡ Cómo extraño al demócrata de Pacheco Areco! Este Sendic la cagó de puro retorcido que era, me cache en die.

  14. Ramiro dice:

    Comparto enteramente la explicación de Jorge sobre el fracaso de la guerrilla. Las causas mencionadas en el artículo se refieren al corazón de las concepciones políticas de los tupas como su desprecio de la democracia, el militarismo, su inspirarse en la revolución cubana, y no a errores de procedimiento. El artículo termina diciendo que la traición de Amodio como explicación del fracaso del MLN “es una explicación que sintoniza muy bien con la mentalidad militarista que huye de la complejidad de lo político, que no va más allá de lo meramente instrumental, una mentalidad que en el fondo sigue preguntándose hasta el día de hoy si acaso, sin la nariz de Amodio, la empresa guerrillera no hubiera tenido éxito”. Alguien puede creer que los que piensan que los tupas sólo cometieron errores de procedimiento compartirían un análisis de este calibre? Seamos serios.
    Creer que el proyecto totalitario, que el proyecto de implantar una dictadura en el Uruguay “es la explicación real” del fracaso y la derrota de los tupas es una afirmación que no se sostiene, es de una ingenuidad increible: los totalitarios y los partidarios de las dictaduras han triunfado en innumerables oportunidades aquí y en el mundo, así que me parece una explicación por demás endeble. ¿No pueden triunfar los “malos”?
    La derrota de los tupas fue “una buena noticia para las libertades y el pluralismo”, dijo alguien por aquí. En condiciones normales de un país normalmente democrático, terminar con la guerrilla sería una buena noticia, obvio. Pero, claro, el matiz que hay considerar es la forma en que fue destruido: recurriendo a torturas, desapariciones, juicios arbitrarios, ejecuciones sumarias, escuadrones de la muerte. A diferencia de otros países democráticos, los que mandaban en los años 70 aquí no se atuvieron a las reglas democráticas para combatir a la guerrilla. Y ya no me puedo alegrar tanto. Las formas importan (un detalle que a veces nos olvidamos mencionar). La derrota de la guerrilla se hizo al precio de llevarse por delante todas las garantías democráticas y del estado de derecho. Claro que cuando la preocupación por la EVENTUALIDAD de una dictadura es lo único que importa, qué interés pueden tener las consecuencias políticas REALES, nada eventuales. ¿Estamos hablando todos del mismo país?

  15. Ramiro dice:

    Hay gente a la que le parece poquita cosa que se diga que los tupas “ayudaron a crear el clima que propició el golpe” (puede llegar a ser una nueva justificación de los tupas). “Vaya conclusión y vaya ayuda para quien quiera enterarse de lo que allí realmente ocurrió”, dicen con ironía. Estaría bueno leer cuál sería la otra conclusión… (que el aporte de los tupas al golpe fue mucho mayor, casi decisivo, me imagino). Mientras esperamos la verdadera explicación que complemente esa minucia de comentario, voy a recordar otros factores que propiciaron el golpe (básicamente son una insignificancia en comparación con el “aporte” del MLN pero vale la pena mencionarlos): el contexto de Guerra Fría en el que cualquier avance de “los del otro bando” era visto como un avance inaceptable del enemigo; por eso los militares eran educados en la doctrina de la seguridad nacional, las cámaras empresariales y agropecuarias clamando por mano dura para terminar con las huelgas y la violencia (y dándole la bienvenida al golpe), una buena parte de la clase media pidiendo lo mismo sin mucha conciencia de lo que implicaba, fracciones significativas de los partidos políticos tradicionales pidiendo “un hombre fuerte” (hasta un legislador nada totalitario, como el colorado Ope Pasquet, fue “linchado” en estos días por reconocer la responsabilidad de su partido en el golpe de Estado) y estaban desde luego los izquierdistas que apostaban a los militares peruanistas. Hay que ver todo el paisaje y no sólo la fotito. Pero para algunos nada de esto existió, apenas el totalitarismo de la guerrilla. Si no, no se entiende qué es lo terrible de afirmar que el MLN “contribuyó a crear el clima de…”

    (Una curiosidad: ¿a qué viene lo de que “Pacheco no suprimió las elecciones de 1971”? ¿Eso convirtió a su presidencia en un modelo de democracia? ¿No había presos políticos, cierre de diarios, torturas en las cárceles? ¿Si hay elecciones hay democracia? Como digo en el comentario anterior… parece que vivimos en países diferentes.

  16. Como parte de esa visión romántica que ha desarrollado una literatura apologética que justifica todo lo actuado, Julián sigue confundiendo hechos y fechas que acontecieron en los sesenta. Sigue diciendo contra toda lógica cronológica, que el surgimiento de un movimiento armado que proclama que los problemas de la sociedad uruguaya solo se resuelven por medio de la guerra, se justificaba porque en 1967 ilegalizaron cinco periódicos, que asesinaron a Líber Arce en 1968 y por el autoritarismo pachequista. No repara que este grupo que definió a la violencia como su principal método de lucha, se comenzó a formar en 1962, cinco años antes de los desbordes autoritarios del gobierno de Pacheco y de los otros lamentables acontecimientos.
    Y debemos reiterar que los índices que median la calidad de vida de la sociedad uruguaya en ese momento eran muy superiores a los del resto de los países americanos e incluso muchos de ellos a los actuales en nuestro país. Lo cual lleva a sospechar que el origen de ese foco armado se debió mayormente a los huracanados vientos revolucionarios que se produjeron luego de la Revolución Cubana.
    También te diré Julián que estoy lejos de considerar al Uruguay de principios de los sesenta como una sociedad ideal o paradisiaca. Y te diré algo más: las sociedades perfectas nunca han existido y nunca existirán. En los 60 nos prometieron y muchos creímos que esos paraísos sociales ya existían, o que se podían alcanzar, pero ya hace tiempo que la mayoría descubrió que eran una gran mentira. Pero si hay sociedades como las democráticas liberales, que se reconocen imperfectas y que por lo tanto admiten las divergencias, que buscan la resolución de sus conflictos por la vía pacífica practicando la tolerancia hacia todas las ideas y permitiendo la libre asociación y expresión de todas las tendencias políticas, todo lo cual hace a estas sociedades mucho mas vivibles. Y esto existía en esos momentos en nuestro país, que incluso había llegado a un extremo de democratismo, implantando un sistema colegiado de gobierno que buscaba poner frenos a los desbordes autoritarios personalistas.
    Entonces, el punto neurálgico es si consideramos que salir a pegar tiros es un método válido de resolución de conflictos en una sociedad democrática, con muchas imperfecciones sí, pero que socialmente era mucho más integrada aún que la actual dentro de un marco de pluralismo político. Parece un argumento muy endeble pretender justificar una rebelión armada por que en el país había lavado de dinero o por cosas que sucederían cinco años más tarde.
    Tampoco creo que Sendic haya sido “un retorcido mala leche”, sino que, como tantos otros, fue seducido por las furibundas tempestades ideológicas que azotaban al mundo en ese momento. Dentro de ellas, al cambio social, se lo equiparó a la ¡¡Revolución ya!! El foquismo guevarista se volvió irresistible para muchos jóvenes que vieron en él, la inmediatez de una rápida canalización de sus sueños revolucionarios idealistas, cargados de un voluntarismo extremo, que se propusieron forzar una Revolución aún en aquellos lugares donde no existían condiciones para ello. Como la fe revolucionaria era muy grande, también pensaban que podían generar esas condiciones que de cierta forma los auto justificaría.
    Tuvo (tuvieron, tuvimos), las mejores intenciones del mundo: luchar por lo que creyó iba a ser un mundo mejor, pero como nos enseña la vieja sabiduría popular; “de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno”. Y así, como señalaba Fernando Sabater, se convirtió como toda una generación de jóvenes en: “Ese héroe trágico que no mide las consecuencias personales; el que descubre el fuego mágico de la revolución, y, en ese fuego, su vida cobra trascendencia.”
    De Sendic se podría decir lo que Octavio Paz dijo sobre Ernesto Guevara: “Fue un justo trágicamente equivocado”.
    De esta forma el MLN contribuyó a destapar la caja de Pandora, liberando los peores demonios que dormitaban en los sótanos de toda la sociedad uruguaya.

  17. julian trobiani dice:

    No confundo hechos y fechas, trato de dejar claro con unos poquitos ejemplos que la violencia en Uruguay, en America Latina no fue un invento de jovenes apasionados.
    Antes de 1962 no hubo violencia en Uruguay?
    No se trata de justificar nada a esta altura.
    Sólo de rechazar desde las tripas la afirmacion subyacente en algunas posturas que la violencia llegó a la sociedad por ellos. Es una visión falsa, ahistórica, profundamente de derecha y exculpatoria de las dictaduras civico militares. Mas tarde o mas temprano.
    Con la palabra “democracia” como escudo ocultan una sociedad de clases (muy) injusta. Terminas siempre a la derecha y esto es una cuestión de gustos.

  18. Como forma de mostrar que los tupas no iniciaron o inventaron la violencia, Julián pregunta si: “¿Antes de 1962 no hubo violencia en Uruguay?”. Pero me parece que una pregunta tan genérica no tiene mucho sentido aplicarla a lo que estamos discutiendo. Violencia en el país, como en toda sociedad humana, ha existido desde siempre; podríamos decir que desde los tiempos de Caín. Pero a lo que nos veníamos refiriendo es si se justifica el surgimiento de una rebelión armada en un país donde más allá de la violencia estructural que toda sociedad contiene, estaban permitidas todas las formas de disenso y de protesta, todas las tendencias políticas y todas las formas de asociación social, política y sindical de la oposición. El derecho a la resistencia y a la rebelión contra un gobierno opresor es generalmente reconocido en el campo internacional, pero habría que tergiversar mucho las cosas para definir al Estado uruguayo de 1962 como un Estado opresor.
    Similar situación la podemos encontrar en otros países como Argentina. En una carta publicada en un foro de internet, Mariana Zaffaroni (una de las tantas víctimas de las dictaduras militares que asolaron nuestro continente), se preguntaba lo siguiente: “Como no podía ser de otra manera, a mí me interesa mucho la política, la discusión y la historia… y casualmente el otro día estaba viendo un informe en el que decían que en los 70 (principios) en Argentina la brecha entre ricos y pobres era la menor de Latinoamérica; entonces, y a vistas de lo que es la realidad en la que vivíamos, me preguntaba… ¿POR QUE SE LUCHABA EN ESA EPOCA? Si a comparación con los tiempos actuales era casi un paraíso”.
    No comparto tampoco la afirmación de que: “con la palabra Democracia como escudo ocultan una sociedad de clases muy injusta”. Creo que esta afirmación es un resabio de las viejas épocas, donde se desmerecía a la Democracia, señalándola como formal, contraponiéndola a una democracia real que existía más en la fantasía que en la realidad. Ha habido procesos revolucionarios muy aplaudidos por la izquierda que afirmaban haber abolido las clases sociales y sin embargo allí, el oprobio y la explotación del ser humano alcanzó niveles aún mayores que en los países capitalistas.
    El pretender desmerecer una Democracia (que por muchas carencias que tuviera, aseguraba derechos a los ciudadanos que luego, cuando se perdieron en la dictadura se los extrañaron y mucho, porque significaron en muchos casos la diferencia entre la vida y la muerte), porque ocultaría una sociedad de clases, se asemeja a una concepción maximalista o perfeccionista de la política, que contrapone “un mundo ideal” como antítesis del mundo real. En nuestra visión sesentista de la política, el que existieran prácticas e instituciones democráticas era considerado como perjudicial para la Revolución que pregonábamos (a la cual imaginábamos como la solución final a todas las injusticias sociales).
    En el Documento Nº 1 del MLN de junio de 1967 se dice que: “La existencia de un gobierno surgido de elección popular es un inconveniente para justificar a escala de las grandes masas, la necesidad de la lucha armada.”
    Y eso de que con esta forma de pensar “terminás siempre a la derecha”, es una visión muy simplista de pretender descalificar a los que no piensan como uno. La división entre izquierda (donde estarían los buenos) y derecha (donde estarían los malos) parece algo muy arcaico, sobre todo cuando en los últimos tiempos mucha izquierda se ha mostrado tan autoritaria y conservadora como el que más.
    Precisando un poco más y para dejar claro cuál es mi visión de la cosa, señalaré que desde el retorno a la Democracia ha faltado un poco de autocrítica en la izquierda. Muchos de los cronistas “oficiosos” del MLN han dado una interpretación edulcorada del mismo, donde ellos aparecen como unos revolucionarios románticos que defendían a la Democracia frente a los gobiernos autoritarios de Pacheco y la oligarquía. Algo así como que los únicos responsables del quiebre democrático fueron la derecha uruguaya, los militares fascistas y los EE.UU. Es esta sin duda una posición tan simplista como la opuesta, que dice que los únicos responsables de todo lo que pasó fueron los subversivos izquierdistas apoyados por Moscú y La Habana.
    En un acontecimiento tan complejo y traumático como un golpe de estado y en todo el proceso previo que lo hizo posible, los motivos que desencadenan el mismo, también son complejos, diversos y a veces hasta contradictorios. En realidad cualquier acontecimiento histórico es una acumulación de muchas circunstancias.
    A comienzos de la década de los 60 se vivía en todo el mundo y también en América Latina un clima de efervescencia política y social inusitada. La guerra fría entre las dos grandes potencias arrastraba y polarizaba a gran parte de la población mundial, donde la URSS apoyaba a todo grupo o país que socavara los intereses de los EE.UU, y éstos actuaban de la misma forma pero a la inversa; luego tuvimos los procesos de Liberación Nacional de los países coloniales, la guerra de Vietnam, la revolución argelina y, algo más cercana, la Revolución Cubana; crisis económicas y estancamiento en la mayoría de nuestros países; la revolución sexual y de las costumbres, movimientos juveniles y estudiantiles contestatarios, que a la natural rebeldía generacional le agregaban un fuerte posicionamiento frente a los conflictos mencionados anteriormente, donde se confundían las guerras de independencia con las revoluciones sociales. Todos estos hechos fueron creando un clima de misticismo político e ideológico irresistible, que nos llevó a creer ciegamente que había llegado la hora de la Revolución final liberadora, la cual se nos aparecía al alcance de la mano y que para su concreción no había que escatimar esfuerzos ni sacrificios. Así se extrapolaron todas aquellas experiencias lejanas, como la cubana, que propagaron una aureola de mitología y heroísmo imposible de resistir el deseo de imitarlas y aplicarlas en nuestros países.
    Estos elementos, conjugados, se retroalimentaron unos a otros y cautivaron las mentes y los entusiasmos generosos y rebeldes de toda una generación de jóvenes uruguayos que con un exacerbado idealismo buscó acabar con el viejo orden sin medir consecuencias. No es irrelevante a lo anterior, la extrema juventud de la militancia de izquierda en esos años. En el MLN, el 90% de sus miembros tenía menos de 35 años y el 50% eran menores de 25 años. En otros grupos de izquierda el promedio de edad era aún más bajo, alrededor de los 20 años.
    Dentro de los factores internos habría que señalar a las FF.AA que, llamadas a “restablecer el orden” y dirigidas por su sector más reaccionario (triunfador de la interna), vieron la necesidad de aniquilar a un enemigo que prometía abolir un Estado, que era su sustento como institución, y que luego al verse como un factor de poder decidieron mesiánicamente ir más allá de sus cometidos originales. Merece destacarse la inoperancia de los Partidos Tradicionales y los desbordes autoritarios de los gobiernos de Pacheco y Bordaberry que también arrimaron bastante leña al fuego.
    La responsabilidad de la izquierda (sobre todo la armada), también es manifiesta. Sus descalificaciones permanentes a la Democracia contribuyeron a devaluarla tanto que cuando la misma se perdió pocos se lamentaron por ello. Por otro lado, al adoptar una teoría revolucionaria de neto corte leninista profundamente anti-democrática y definir una estrategia de lucha armada, la cual por su propia naturaleza conlleva a una lógica perversa, los fue empujando a un continuo proceso de radicalización en el uso de la violencia y a realizar acciones descabelladamente militaristas que llevaron a fortalecer a los sectores más duros y reaccionarios de las FF.AA en detrimento de sus sectores más moderados. Además de provocar un corrimiento hacia la derecha de importantes sectores de la población, que comenzaron a desear una solución autoritaria como única forma de superar el caos que existía en ese entonces.
    Todos estos factores y actores mencionados fueron llevando en medio de la efervescencia social mencionada de los años 60, a una vorágine de conductas y a una cadena de acciones y reacciones, que muchas veces fueron mucho más allá de las intenciones iniciales. Actuando interrelacionados e interactuando unos sobre los otros fueron generando el clima propicio para el golpe de 1973.

  19. julian trobiani dice:

    Rodolfo Rodriguez, decime : en Brasil el golpe del 64 también fue por la guerrila ? En Chile, el golpe del 73 fue por la guerrilla? En Argentina el golpe del 66 fue por la guerrilla? No ves que fueron la movilizacion y la organizacion libre y desarmada y desafiante del pueblo lo que el sistema no toleró haya o no haya guerrilla?

    Te leo y veo una mirada de la realidad y su historia muy muy clase media. En Argentina estuvo de moda hace 30 años con Alfonsín (La República Perdida, la teoría de los dos demonios) Está todo bien, a mi no me cierra desde el vamos, me resulta vuelo patito.

  20. No creo que haya “una visión muy muy clase media”. Me parece que vivimos en sociedades plurales y en todas las clases sociales hay expresiones políticas, sensibilidades y puntos de vista diferentes y variados. En la clase media y en las demás clases, por cierto. ¿O acaso hay un punto de vista obrero, por decir algo? ¿Cuál es? ¿Quién lo encarna?, ¿dónde se expresa? Francamente no veo nada parecido a “una visión clase media”, “una visión clase obrera” o “una visión clase lo que sea”.

    Pero además pienso que ya está bien de usar ese tipo de “argumentos” ad hominem en una discusión. El “argumento” tiene obvios fines peyorativos, pero es insostenible. ¿Qué se quiere decir con que es una mirada clase media? ¿Que es equivocada? ¿Que es equivocada POR SER de clase media? ¿Quiere decir que un miembro de la clase media no puede esgrimir un argumento aceptable, que no puede tener razón? ¿Hay que ser pobre u obrero para tener razón? ¿Las miradas de los obreros y los pobres siempre son pertinentes? ¿Cuáles miradas de los pobres y los obreros? Porque yo veo entre los pobres y los obreros tantas “miradas”, discursos y posicionamientos como en cualquier otra clase social (y no todas siempre razonables, por cierto).

    Decididamente la idea de condenar de antemano el (inexistente) punto de vista de la clase media por oposición al (inexistente) punto de vista de la clase buena (se llame el proletariado, o los pobres como se lleva decir ahora) tiene demasiados problemas. Uno de ellos es que quienes reparten condenas y elogios se erigen (sin que sepamos bien por qué) en los representantes del punto de vista de la clase obrera, o de los pobres (nunca se sabe) a pesar de las contundentes evidencias de que tanto la primera como los segundos no suelen sentirse representados o expresados por las visiones “muy muy obreras” o “muy muy pobristas”.

    Es una trampa y una holgazanería pretender en una discusión que el oponente defiende el punto de vista de la clase mala y uno el de la clase buena y quedarse de lo más campante, como si la controversia ya estuviera zanjada.

  21. julian trobiani dice:

    Mirarse mucho el ombligo y decir un monton de palabras sin contestar el argumento sostenido: eso es muy muy clase media.
    Vuelo patito.

  22. Julián Trobiani, creo que estarás de acuerdo en que si podemos tener este intercambio de ideas, es porque rige en nuestro país un sistema democrático (que te recuerdo, anteriormente tu desmereciste), que admite la libre expresión de todas las opiniones. Esto no lo podríamos hacer por ejemplo en los años de la dictadura militar que sufrimos en nuestro país no hace tanto, ni tampoco en otras dictaduras como en Cuba, a riesgo de tener a la policía golpeando nuestra puerta para pedirnos explicaciones.
    La Democracia es algo así como la madre, cuando la tenemos no la valoramos lo suficiente y solo cuando la perdemos la echamos de menos.
    Todas las dictaduras, ya sea de derecha o de izquierda limitan severamente el uso de internet (y de otros medios), para expresar pensamientos cuestionadores de la verdad oficial. Justamente ese modelo cubano autoritario de partido único, de sindicatos únicos, de prensa única, de Estado totalitario que controla tanto la economía como la política de ese país, de gobernantes que se eternizan en el Poder por 40 ó 50 años al mejor estilo de los emperadores romanos, fue al que el MLN tomo como modelo para implantar en Uruguay, porque pensaban que aquello era el paraíso socialista.
    Es cierto como dices que hace unos años estuvo de moda la teoría de los dos demonios, (tupas y militares fueron los dos demonios responsables de todo lo que pasó), la cual es tan errónea como la otra que podemos llamar teoría de un solo demonio, a la que tu pareces adherirte en una de sus dos versiones; la que dice que el demonio responsable fue la derecha, o eso que tu llamas “sistema”. La otra versión, tan simplista y equivocada como la anterior es la que dice que los responsables del proceso que llevo al golpe de estado fueron los subversivos izquierdistas financiados por Moscú. Ambas versiones son como las dos caras de la misma moneda.
    Pero además me parece que el subconsciente te traiciona y pones en mi boca cosas que yo nunca dije. Por lo cual, la pregunta que me haces sobre los responsables de los golpes en Chile, Argentina y Brasil no tiene sentido, porque se basa en fundamentos falsos. Te invito a que me digas en donde escribí que el golpe de estado de 1973 en Uruguay fue por causa de la guerrilla tupamara. Si relees con atención lo escrito verás que mi punto de vista es que hubo muchos responsables en la generación del proceso y del clima político y social que propició el golpe. Señalé que todo acontecimiento histórico y político (como lo es un quiebre democrático), es una acumulación de muchas circunstancias. Y dentro de esas muchas circunstancias, mencioné no menos de diez; algunas de orden interno y otras externas que interactuando unas sobre otras contribuyeron al desenlace final.
    Lo que podríamos discutir es cuales fueron los distintos grados de responsabilidad de unos y otros actores, pero no ignorar olímpicamente la responsabilidad de uno de los principales protagonistas de todo lo sucedido. Lo que afirmé es que la izquierda (principalmente la armada), tuvo su cuota parte de responsabilidad y que no hubo una autocrítica al respecto. Desde el regreso de la Democracia, hemos visto infinidad de balances por parte de la izquierda, que invariablemente responsabilizaban a la derecha, a los militares, a los EE.UU, etc., etc. como causantes del golpe, pero nunca, o muy pocas veces hemos visto asumir las propias responsabilidades.
    Que el golpe lo dieron los militares golpistas eso no está en discusión, y sobre ellos cae y caerá como corresponde, todo el peso de la justicia y de la historia. Pero de lo que se trata de reflexionar, es que un golpe de estado no es “un rayo que cae en cielo sereno”, sino que hay todo un proceso previo de al menos diez años que lo hizo posible. Y en ese proceso la izquierda también tuvo algo que ver. Y son pocos los que asumen sus responsabilidades, sino que la mayoría caen en el simplismo de que la “la culpa la tuvo el otro”. Algo que tú también haces, tratando de justificarlo con una visión romántica del pasado junto con planteos de corte maximalistas.
    Que esta visión te parezca “muy muy clase media”, no sé muy bien que significa. Tal vez podrías trascender los escuetos comentarios y fundamentar que entiendes por eso. Lo importante sería discutir y sostener los planteos con argumentos y con ideas, y no caer en los eslóganes y en los estereotipos ideológicos que más que descalificar al contrario, muestran la pobreza ideológica propia

  23. Linng dice:

    Muy interesante todo. Hace mucho que entendí que la historia está escrita de microhistorias y que ellas surgen de pasiones, compromisos, lealtades, traiciones, amores, odios, no me gusta tu cara, me robaste la mina, etc. Y cada vez que leo un texto histórico o de coyuntura, de cualquier país, me pregunto dos cosas: 1) cuantas microhistorias hay detrás de esto? y 2) habrá alguna otra persona que cuente otra cosa sobre el mismo hecho? Gracias Barreiro.

  24. Me gusto encuanto el analisis hecho me ha ayudado a pensar y esto se ha perdido lamentablemente en nuestro pais , Convivi con cuatro tupas y un comunista y sus vidas vaya que tenian alla en el norte profundo azares o acontecimienos parecidos…nos hicieron pensar que habian otros angulos de ver la Historia de manera muchas veces simplistas y eran fruto del momento aquel efervecente estudiantil.
    Mas adelante la vida me da sa posivibilidad de conocer mas a fondo aquello tan primitivo de mis profesores que ellos si volaban entre ellos y eso era inegable porque teoricamnte y en la practica te entusismaban por ser diferente de la decancia blanca y batllista de nuestros dirgentes, autocritica alias escuchada de algunos proximos da nostros…
    Es asi que la teoria del Azar se concretiza en mi en un recodado compañero por AZAR teologo Juan Luis Segundo y terminan desarmando mi ingenuidad de la causistica dominante en nuestro pensamento ocidental.
    Con el diario del lunes puedo aca sacar varias interpretaciones y me quedaria con la riquequez del texto de comparar azares y personajes para ver adonde cabe este a mi mode de ver tipo conocido por el Negro Amodio. Un traidor ya los conocenmos desde antes del cristinismos, un Juda mas no puede ser mas que un judas, un amodio es lo mismo.
    Me quedo disfrutando entre mate y mate que existe gente que piensa todavia y no estamos lejos de ser mentes libres mientas transitemos en esa dialectica de tirar de nuestras mentes lo ya dado por hecho y mas aun por consumado.
    A los tupa lo que que es de ellos y este pesonaje que hoy regresa por otro Azar de nuestro corta historia como paisito, ese si me preocupa es ser carne de cañon de una derecha derrotada con una impronta financiera de centros del poder que no ven como seguir vndiendonos coca cola sin moscas en la boletella..

    En fin que se guarden la receta, ya tenemos mate cola y la receta salio de los indigenas guaranies del surque tambien existe…

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